De la horda a ‘la Manada’

Por Bixente Serrano Izko - Domingo, 26 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Cada cual ha bregado con sus bienandanzas o malandanzas, que, en realidad, vienen a ser sinónimos. Uno las ha tenido bastante más ajetreadas que la media de las gentes de su época, pero nada de qué arrepentirse por encima de esa media. El hecho es que, dejada ya la juventud, pude enrollarme por fin en lo que desde muy joven me hubiera gustado, en eso tan complicado de enfrentarnos y compartir mutuamente enseñanzas jóvenes adolescentes y un servidor, ellos y ellas en sus mesas mal que bien alineadas, servidor en la de supuesta presidencia.

Pues bien, no es que uno fuera tan optimista e ingenuo como para creer que en cuestión de machismo las nuevas generaciones de muchachos ya habían superado las viejas tachas, tics y aun convicciones que la vieja escuela franquista catolicísima nos había inculcado sobre el papel de la mujer. Pero tocó sorpresa. En uno de mis primeros años de profesión, un día, al hilo de alguna historia sobre feminismo, equipararon los chavales como paralelos y lícitos el feminismo y el machismo, con una lógica digna sólo de cerebros machos: si el feminismo es defensa de las mujeres, el machismo será defensa legítima del hombre, ¿no?, plantearon, ante las miradas entre atónitas y asaltadas de las chicas. No estaba muy claro, no lo tenía yo al menos, hasta qué punto iban en serio aquellos machitos o era una broma provocadora con sorna para avivar el ritmo y tono de la sesión. Preferí tomarlo como un híbrido de ambas cosas, les seguí la corriente con preguntas, éstas sí llenas de sorna, cuyos dilemas al responder les pudieran llevar a ver la cara del abismo del absurdo. Las chicas, siempre a esa edad más maduras que los chicos, captaron perfectamente mi intención y, con sentido del humor, supieron ellas mismas también plantearles las suyas y ponerlos en su lugar. Todo en buena camaradería, pero sin concesiones al machismo.

No sé si sirvió de algo aquella curiosa sesión para hacerles pensar a aquellos machitos con posterioridad, prefiero creer que sí, aunque no, por supuesto, tanto como para eliminar del todo de la mente y del cuerpo machos esas rémoras que se nos pegan a la piel, diga lo que diga la mejor educación escolar, digan lo que digan los padres y madres más responsables, digan lo que digan las mujeres y chicas más conscientes.

De lo que no cabe duda es de que el machismo, en diferentes formas de expresión, unas más violentas y evidentes, otras más soterradas e incluso inconscientes, impregna y cruza todos los planos y capas de la sociedad. De la sociedad juvenil y de la adulta. Y a ambas les da características de una sociedad tan vieja como viejas son las más antiguas formaciones colectivas humanas desde las míticas épocas de las hordas. Pero más aún, hoy, y al hilo del juicio en curso en la Audiencia de Pamplona por violación en grupo, vemos que hasta la horda sufre una regresión hacia el status de prehomínido, mereciéndose el nombre, pleno de expresividad, dela Manada. Animalidad que esperemos no sirva de atenuante.