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Lo urgente y lo importante

Por Javier Otazu Ojer - Domingo, 26 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

¿Cuál es la diferencia entre urgente e importante? Una de las definiciones más escuchadas de la vida es “aquello que sucede mientras hacemos otros planes”, según John Lennon. La razón por la que dicha afirmación se puede considerar cierta es que pasamos mucho tiempo realizando actividades urgentes, y cuando valoramos en retrospectiva nuestro pasado nos damos cuenta de que no hemos hecho nada verdaderamente importante.

De hecho, ¿cómo podríamos resumir nuestra vida en cinco palabras? Sin duda, lo más hermoso es que salgan expresiones positivas como “entusiasmo y energía dirigida hacia un propósito”. Las hay neutras, como “hago lo que puedo” o “todo depende de la suerte”. Por último, las hay negativas: “sueños rotos”, “amores y trabajos imposibles”, y la más negativa que recuerdo: “Nací. Luego no pasó nada”.

Si hay un ejemplo claro que ilustra la diferencia entre lo urgente y lo importante nos podemos ir al mundo de la política. Hoy vivimos un único acontecimiento urgente, que tapa todo lo demás. Se trata de la posible independencia de una comunidad autónoma de cuyo nombre no quiero acordarme (sólo por una razón: el tema nos ha terminado cansando a todos). Y con eso, nos hemos olvidado de lo importante. Y asuntos de esta índole no sobran. Los dos más importantes: el mercado laboral y el desequilibrio demográfico. Sí, está la reforma del mercado del trabajo o la instauración de distintos planes de empleo por parte del Gobierno. Pero, ¿dónde está la demografía? Estamos hablando de un problema que debería ser una prioridad absoluta. Más aún, es un asunto que debería ser tratado por un conglomerado de diferentes agentes sociales para buscar recomendaciones y políticas de aplicación pública y, desde luego, privada.

Si lo pensamos bien, la demografía no trata sólo de que la población vaya envejeciendo. Trata de zonas en las que sólo viven personas mayores, las cuales en un plazo de 30 años van a quedar abandonadas. ¿Tiene eso que ver con el debate que se ha abierto recientemente en Navarra acerca de la situación de las carreteras secundarias? Claro que sí. De la misma forma que en España hay una gran cantidad de kilómetros de vías de tren abandonadas por la falta de uso, muchos kilómetros de carreteras corren serio peligro.

Y no sólo las zonas territoriales. La demografía es pensiones, las cuales están quebradas a medio plazo. Las evidencias son abrumadoras. Más aún: la demografía es sanidad. El envejecimiento de las personas lleva una gran cantidad de recursos al cuidado de las mismas: el mercado de las residencias para personas de la tercera edad está en claro auge.

Los políticos tienen una pequeña (muy pequeña) disculpa. Los incentivos que tienen ellos suponen arreglar las cosas urgentes, ya que las cosas importantes tardan más tiempo mostrar cambios visibles. Un tiempo que suele superar los cuatro años. Si en algo hay acuerdo es que se debe mejorar la estructura de incentivos de los políticos para que presten más atención a lo importante.

Nosotros, las personas, también nos dedicamos a lo urgente. ¿Quién no tiene un asunto importante que va postergando, la mayor parte de las veces, con excusas y autoengaños? Comenzar a hacer deporte para sentirnos mejor al llegar a cierta edad, reducir el consumo de esa comida tan buena que tiene el pequeño inconveniente de que perjudica la salud, ordenar la casa, el trastero o nuestra cabeza (se han vendido multitud de libros con esa idea: la magia del orden), ir a visitar a esos amigos que viven tan lejos, un nuevo proyecto personal o profesional, mejorar alguna relación con un familiar directo (padre, hijo o hermano) que la tenemos abandonada o nos genera cierta inquietud personal por la razón que sea... Hay mucho para elegir.

Y es que eso nos permite llegar a una sugerencia de lo más interesante: ¿Por qué no hacer una pequeña lista entre retos urgentes e importantes? Veremos que algunas compras orecados que hacemos muchos días son banales y que con unas pequeñas mejoras organizativas nos pueden llevar a tener una vida más plena y feliz. Así, podemos entrar en lo que se denomina un círculo virtuoso. Si detectamos pequeñas mejoras personales, nos animamos más. Eso nos da energía y quienes están a nuestro alrededor lo notan. Eso permite un progreso permanente.

No hay otra forma de avanzar. Los seres humanos tienen una característica que no tienen el resto de los animales: la mejora continua.

Vayamos a la selva. ¿Qué hacen un león que tiene hambre, una cebra que pasta tranquilamente por el campo? Siempre, lo urgente. Está en su naturaleza, están programados así.

En la selva de las relaciones humanas, muchas veces actuamos como los animales. Si hemos evolucionado algo, no ha sido precisamente por eso.

El autor es profesor de Economía de la UNED de Tudela

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