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Republicanismo

Cupo

Por Santiago Cervera - Domingo, 26 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Tuvo su semana grande Javier Maroto explicándole al orbe las razones por las que ha sido tan bueno aprobar la actualización del cupo vasco. Suscitado el tema en el Congreso por Albert Rivera, al vitoriano le correspondió utilizar el turno en tribuna, y no quedó ahí la cosa. El aguerrido Vicesecretario entró en emisoras y acudió al quite de cualquier crítica. En alguna le escuché, y hay que reconocer que en esto de defender el régimen privativo Miguel Sanz tenía las ideas mucho más claras. Como gran argumento de autoridad Maroto llegó a decir que el cupo era propugnado también por los proscritos Mayor Oreja, San Gil y Abascal. A Rivera le espetó desde la tribuna que al parecer su candidato vasco provenía de IU, como si eso fuera descalificatorio del contrapunto argumental, como si Maroto no compartiera bancada con una Villalobos que vive del cuento progre alardeando de su pasado comunista. Como toda justificación apelaba a esas razones de política de parvulario, argumentos para lerdos y pellizcos de monja, que es hasta donde llegan algunos figuras. Recordaba a Sanz porque era muy claro cuando decía que el convenio navarro, como el concierto vasco, es la medida de la solidaridad con el Estado, y que esta se apoquina en términos de renta y no población, y en cuantía superior a la que corresponde a la imputación de esa riqueza del territorio frente a la nacional. Así de sencillo, así de rotundo. El inconsciente de Maroto (quiero decir, la parte subyacente en su pensamiento) le hizo traer a escena a quienes considera portadores de las esencias patrias, y al ponerlos como avalistas creyó disponer de una fácil victoria argumental. Es lo que hacen los oportunistas de la dialéctica política. Pedirles que elaboren algo más solvente, algo que exceda un tuit, es vano empeño. Por ejemplo, razonar que hay naciones, como la norteamericana, en la que sus estados tienen capacidad para organizarse de manera diferencial (en impuestos, en leyes laborales, penales, incluso electorales) y no por eso dejan de sentirse parte esencial de un conjunto. Y no por eso, por cierto, echan la culpa al vecino de los males propios. Que Navarra y el País Vasco dispongan de un sistema fiscal y financiero privativo, olvidando incluso sus orígenes históricos, no sólo supone avalar un sistema que en su esencia consagra la corresponsabilidad fiscal (de la que todos hablan y nadie define), no sólo es la medida transparente de la solidaridad (en euros contantes), sino que en absoluto supone quiebra de ninguna unidad. A Maroto le persiguen otros fantasmas.

En el fondo del escenario, el sistema de financiación autonómica. Tiempo para recordar que el actual modelo no sólo es un bodrio funcional, sino que su génesis legislativa constituyó uno de los episodios parlamentarios más estrambóticos que se recuerdan, y al tiempo una decisión que casualmente pasó por Navarra. La actual ley fue aprobada a finales del 2009 por un solo voto. En el lado de los favorables, PSOE, ERC, ICV, CC, NaBai y UPN. Del lado de los detractores el PP, BNG, CiU y UPyD. El PNV e IU se abstuvieron. En efecto, los de Príncipe de Viana se situaron junto a Carod y Zapatero, por aquello de que fermentara el quesito. Fue más franca la entonces diputada Uxue Barkos, que reconoció que había dado su voto porque ERC se lo había pedido. Los de UPN lo hicieron porque quien lo pidió fue Pepiño tras una visita al chabisque corellano. Ahí quedó la infame ley, que no ha servido nada más que para aumentar las desigualdades en España. A ver si Esparza reconoce la aberración algún día, en cualquiera de las ventanas mediáticas que tan ufanamente busca en Madrid.

Colofón económico de la semana, dos avisos espeluznantes, de esos que se sueltan para empezar a macerar opiniones. Uno, que el PP reconoce que habrá que poner un nuevo impuesto para pagar las pensiones. Tanto tiempo diciendo que el sistema estaba garantizado para acabar haciendo lo fácil, meter la mano en el bolsillo de la gente. El partido del liberalismo prefiere que una vez más sea el Estado un gran broker, en lugar de incentivar el uso de ese mismo dinero por los propios ciudadanos. Y dos, el anuncio de “incentivos fiscales” para que las empresas que se han marchado de Cataluña vuelvan. Otra muestra de respeto a la equidad y la libertad de los agentes económicos. Explícame todo esto, Maroto.

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