Un herbario para crear alegorías

Tres pinturas de Giuseppe Arcimboldo, ‘La Primavera’, ‘Flora’ y ‘Flora meretrix’, muestran en el Museo de Bellas Artes de Bilbao que las composiciones imaginativas no están reñidas con el naturalismo.

Un reportaje de J.M. Ochoa de Olza. Fotografía Efe/cedidas - Lunes, 27 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La ‘Primavera’ (1563) se expone habitualmente en el museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

La ‘Primavera’ (1563) se expone habitualmente en el museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

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La ‘Primavera’ (1563) se expone habitualmente en el museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).‘Flora’, un completo catálogo botánico.‘Flora meretrix’, quizá la última obra de Arcimboldo.

Cuando Alfred Barr, director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, señaló en 1937 a Giuseppe Arcimboldo, pintor milanés renacentista de finales del siglo XVI, como uno de los precursores del surrealismo logró dos cosas: la primera, entroncar esas nuevas corrientes modernas de la pintura con el clasicismo más tradicional y, segunda, devolver fama y reconocimiento mundial a un pintor que ya hacía 300 años que había muerto, cayendo después en el olvido tras haber sido uno de los artistas más polifacéticos y reconocidos de su tiempo, el final de Renacimiento. Y este redescubrimiento, que como explicó Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, “se la debemos, paradójicamente, al mundo del arte contemporáneo y no a la historiografía del arte antiguo”, de las testes compostes, las cabezas compuestas, devolvió a los estudiosos un nuevo campo de investigación pictórica.

Durante los siguientes 50 años se trató a Arcimboldo (1526-1593) como la expresión máxima del Manierismo que cerró el Renacimiento, como ejemplo perfecto de la excentricidad fantástica. Sus obras construidas a partir de elementos de la naturaleza como plantas, frutos, aves, peces u otros animales daban esa impresión. Pero la investigación sobre la vida y la obra de este pintor afincado en la corte de los Habsburgo en Viena y Praga, mostraron que nunca abandonó el más canónico de los realismos, que estaba interesado por la ciencia más avanzada de su época, llegando a ser con sus testes compostes, esta vez sí y según explica Miguel Falomir, director del Museo del Prado, en el catálogo de la exposición Las Floras y la Primavera del Museo de Bellas Artes de Bilbao, precursor “del género del bodegón y las naturalezas muertas”.

Ciencia y naturalismo Este es el objetivo de la exposición Las Flores y la Primavera que se ha abierto en la pinacoteca bilbaína. En ella se han reunido las obras originales de Arcimboldo, o que con él se relacionan, y que se conservan en colecciones públicas y privadas de España. De esta manera, a la salas del museo se ha traído el cuadro La Primavera (1563), hasta hace poco la única obra de este pintor que se conocía en el país y que colgaba de las paredes de la Real Academia de San Fernando, en Madrid. A ella se han sumado recientemente otras dos: Flora (1589) y Flora meretrix (hacia 1590), pertenecientes a una colección privada y que en el año 2014 ya fueron objeto de una exposición-presentación en la madrileña sala Juan March. Estas tres mujeres fueron pintadas por el maestro Arcimboldo a base de flores y plantas minuciosamente representadas, con tal realismo que muchas pueden ser identificadas por especialistas y aficionados a la botánica. De hecho, el propio Bellas Artes ha realizado un estudio sobre Flora meretrix y han identificado cerca 40 plantas y flores diferentes, así como casi una decena de insectos y otros animalillos. Un estudio anterior realizado sobre La Primavera identifica otras 80 especies distintas provenientes del Europa, América y Asia. Cari podría decirse que sus alegorías son auténticos herbarios de clasificación botánica.

De esta manera se demuestra, según explica Miguel Zugaza el “afán erudito en la representación de lo real y un fundamento clásico en la creación de sus alegorías y personificaciones”. Por su parte, José Luis Merino, director de esta exposición, aclara que no hay que olvidar que “estamos en el momento de la colonización del Nuevo Mundo y en un momento en el que se importan verdaderas maravillas, plantas exóticas, animales desconocidos”, por lo que en las cortes europeas en general, y en particular en las de Maximiliano II y Rodolofo II, para quienes Arcimboldo trabaja durante gran parte de su vida, despertaba gran interés. La mazorca de maíz o la berenjena, que en la actualidad nos parecen de lo más común, a finales del siglo XVI eran la novedad más absoluta. Y Arcimboldo es un producto de ese interés por todo lo nuevo.

Paralelamente, no hay que olvidar que Arcimboldo fue un pintor de corte, al servicio de dos emperadores de la Casa de Austria. Por ello su obra también hay que interpretarla como representaciones alegóricas del poder de los Habsburgo en el siglo XVI. Así, esta Primavera, pintada en el año 1563, forma parte de la serie Las cuatro estaciones y que se contrapone con otra serie, Los Cuatro elementos, Aire Tierra, Agua y Fuego, pintada en 1566, En concreto, la Primavera se emparejaría con Fuego. Esta obra muestra una cabeza construida con llamas, brasas, velas, yescas y lámparas, mientras que el torso se compone de cañones, pistolas y armas cubiertos con el Toisón de Oro de los Austrias y una heráldica águila imperial. El mensaje es claro, es una loa del poder absoluto y cuasi divino de la casa Habsburgo. Además, por si no quedaba del todo claro, los cuadros se entregaron al emperador acompañados de un poema panegírico del escritor Giambattista Fonteo y que ha sido traducido para incluirlo en el catálogo de la muestra.

Las Floras Las otras protagonistas de la muestra son las dos representaciones de la divinidad mitológicaFlora. Pintadas hacia el final de su vida, ya retirado de la vida cortesana y en su Milán natal, Flora es de 1589 y muestra a una mujer, que a diferencia de las estaciones y los elementos, pintados de perfil, está colocada en una posición de tres cuartos. Se desconoce si es el retrato de alguna persona concreta, pero se da la circunstancia, que si bien las alegorías se presentan mirando decididamente hacia un lado, los retratos como testes compostes de miembros de la corte los realiza en tres cuartos. El principal ejemplo de esto es Vertumo (1590), una representación del emperador Rodolfo II como dios de la vegetación y la metamorfosis y que tradicionalmente se ha contrapuesto a Flora.

Más misteriosa es todavía Flora meretrix (1590). Representada de una forma similar a su hermana, construida con numerosas flores y plantas, luce un seno desnudo como diferencia más sustancial, dándole un aire más sensual que contrasta con la virginal Flora. Además se le han añadido insectos y lagartos. Algunos estudiosos la identifican con una famosa prostituta romana. Es un misterio el porqué de esta tabla. Ambas obras fueron obsequiadas por Arcimboldo al emperador Rodolfo desde su retiro en Milán y hacia el final de su vida. Quizá una última alegoría que no se ha sabido desentrañar todavía.

Las ‘testes compostes’ de Giuseppe Arcimboldo son precursoras del género de los bodegones y las naturalezas muertas

El pintor milanés se mantiene dentro de los cánones más clásicos para pintar alegorías del poder de los Habsburgo

Pertenecientes a una colección privada española, otra de las características significativas de estas dos pinturas sobre tabla es que siempre han permanecido unidas. Tras permanecer en Praga en la colección de Rodolfo II, durante la guerra de los 30 años a principio del siglo XVII, las tropas suecas se las llevaron como botín de guerra a la Corte de la reina Cristina. Luego pasaron por varias colecciones de ese país y llegaron a manos del magnate escandinavo Axel Wenner-Gren, para ser subastadas en Londres en 1965 tras su muerte. Fueron entonces adquiridas por la colección de Wildenstein de Nueva York. Años después llegarían a una colección privada española. Aunque estaba documentada su existencia, había dos fotos en blanco y negro que aparecieron en el catálogo de la exposición antológica sobre Arcimboldo del Museo Luxemburgo de 2007, no fue hasta 2014 cuando se expusieron al público por primera vez y pudieron ser examinadas por los expertos.

Contextualizar Esta a muestra del Museo de Bellas Artes no se limita a las tres obras de Arcimboldo. Para contextualizar históricamente su obra, se han incluido dos retratos, uno del rey Felipe II de España y del emperador Maximiliano II del Sacro Imperio Romano, pintados por Antonio Moro alrededor del año 1550, el primero perteneciente al museo bilbaíno y el segundo al Museo del Prado. El rey español, si bien no fue un mecenas del artista milanés, si contó en su colección con hasta 11 obras arcimboldescas en la colección del Alcázar, según consta en los inventarios de la época, aunque en la actualidad no se sabe dónde pueden encontrarse o si han desaparecido definitivamente. Por su parte, Maximiliano sí fue unos de los principales comitentes del italiano, ya que fue él quien lo llamo a la corte en Viena, cargo que mantendría en Praga cuando Rodolfo II heredó el trono. Igualmente se incluyen otros dos retratos del propio Rodolfo y de su hermano Ernesto a la edad de 16 años, pintados por Sánchez Coello y prestados por Real Colección de la reina Isabel II.

Puesto que se trata de reunir en un único espacio los arcimboldos españoles, desde la colección de la duquesa de Cardona han llegado dos copias sobre lienzo del Invierno y el Otoño. Estas reproducciones algo más tardías también se exponen por primera vez y son un ejemplo del impacto que supuso en su época la obra de Arcimboldo, ya que sus cuadros fueron muy copiados, tanto por el taller del propio Arcimboldo como por otros artistas, En este punto hay que aclarar que las teste compostes, el hacer retratos o caras humanas a partir de otros elementos ajenos, no es original de Arcimboldo. Ya Leonardo de Vinci había realizado caricaturas de esta manera, pero fue el milanés quien las llevo a su máxima expresión técnica y de creatividad. Quizá por ello, a pesar de su impacto y de los muchos seguidores que tuvo, acabó cayendo en el olvido hasta que 300 años después volvió a primera fila.

Abundando en la idea de contextualizar, esta vez su interés científico, se han incorporado una serie de textos que explican las claves de su obra escritos por autores contemporáneos de Giusepe Arcimboldo, así como tratados de botánica de la época que muestras estudios de plantas empleadas en los cuadros. Todos estos elementos y otros muchos ejemplos de la obra se pueden examinar detenidamente en una mesa táctil que incluye otras obras de Arcimboldo no expuestas en esta muestra, cómo se relacionan entre ellas, así como ejemplos y reproducciones de alta resolución para poder tratar de ver cada mínimo detalle de la obra.

LAs Floras y la Primavera

Obra. Tres cuadros de Giuseppe Arcimboldo: ‘Flora’, ‘Flora meretrix’ y ‘Primavera’. Se incluyen dos copias en lienzo de la época de ‘Otoño’ e ‘Invierno’.

Lugar. Museo de Bellas Artes de Bilbao. Salas 12-15.

Fecha y horario. Hasta el 5 de febrero, de miércoles a lunes de 10 a 20 horas. Martes, cerrado. Entrada, 9 euros;hay tarifas rebajadas. De 18 a 20 horas, gratis.

Web. ‘www.museobilbao.com’