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Música

Diálogo con el diferente

Por Teobaldos - Lunes, 27 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Ciclo Encantando de la Coral de Cámara de Navarra

Intérpretes: Accademia del Piacere: Rocío Márquez, cante. Rami Alqhai, viola de gamba. Agustín Diassera, percusión. Fahmi Alqhai, viola de gamba y dirección. Programa: se cantó por petenera, colombianas, fandangos…y sonaron pasacalles, follía, jácaras, variaciones (o diferencias) en temas como Mi son que trajo el mar, Bambera de Santa Teresa, Canarios, Dolce el tormento. Lugar: sala de cámara del Baluarte. Fecha: 24 de noviembre de 2017. Público: menos de media entrada (15 euros).

Nuestro excelente flamencólogo local, Eki Ocaña, puntualizó, en una breve charla antes del concierto que nos ocupa, la enorme complejidad de influencias antiguas y modernas que, como las múltiples raíces de un árbol, alimentan al flamenco. Hay teorías para todos los gustos: cantes de ida y vuelta al continente americano, que llegaban en barco hasta Cádiz y Sevilla;influencias árabes, etc. Pero, sobre todo, subrayó, el flamenco es el cante que mezcla lo culto con lo popular;en esta ocasión con especial atención al barroco. El flamenco es un arte barroco (avant la lettre). No se entiende el arte flamenco sin el adorno -(¿no es barroca la Alhambra?)-. Si Sevilla y Cádiz son el flamenco abierto que entra y sale al Atlántico, Granada es el flamenco cerrado y de la esencia andalusí.

Hoy día estamos inmersos en el imperio de la fusión en todas las artes, y muy especialmente en el flamenco. Se habla del flamenco-fusión. Así que si el jazz, el pop, y todo tipo de danza se han interesado por el flamenco, el gran musicólogo y violagambista Fahmi Alqhai (sevillano, de ascendencia sirio-palestina), lleva los requiebros y melismas del cante flamenco a su viola de gamba;y, viceversa, su prodigiosa técnica y estilo barrocos, sirven al purísimo cante de Rocío Márquez. Porque, a mi juicio, lo mejor de este interesantísimo concierto -en el que reconozco que me costó un poco entrar- fue el cante flamenquísimo, limpio, esplendoroso en el agudo, sin rajo, de Rocío. No es que el rajo, en flamenco, sea malo;pero, se agradece escuchar lo que ya es excepcional: una voz límpida que, a su vez, tiene cuerpo, calidez y profundidad. Una vez metidos en esa in-concreción musical propuesta, en la que no sabes exactamente a qué atenerte, el oyente se va desplazando, continuamente, de Andalucía a América;de la academia rigurosa, al barrio más popular;del barroco dieciochesco, a la copla;de la viola de gamba en su ser, a tocada como guitarra o como trampantojo de zanfona;de la rigurosa partitura, al cante de oído;de la follía, a la petenera (que, a la postre, son lo mismo);de los textos místicos de Santa Teresa, a los Angelitos negros de Machín. Eso sí, en todo lugar y época, con ese sentimiento universal de canto al amor o a su pérdida: “…del amor no queda nada, sólo una pobre canción, da vueltas por mi guitarra…”. Como siempre, las maravillosas letras del flamenco. Tal atrevimiento de mezclas sólo puede salir bien si detrás hay grandes intérpretes. Fahmi Alqhai saca a su viola unos sonidos nuevos, investigados para sus pretensiones -afortunadamente, la amplificación fue muy discreta-;y, junto con Rami y el percusionista Diassera (habitual en los grupos flamencos), lograron un ostinato orquestal poderoso y denso sobre el que sobresalía la cantante. Esta, muy emocionante en temas como Vivo sin vivir en mí o El canto de los pájaros, llevados a ritmos y quiebros flamencos bellísimos. Y, por otra parte, sin renunciar al humor, como en el trabalenguas del señor escribano: maravilloso. Un concierto diferente, que gustó mucho a un público inquieto y curioso. Y con diversidad de opiniones, claro. ¿Merece la pena deconstruir la viola de gamba y hacerla guitarra, en vez de dejar la guitarra y el cante como siempre?

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