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Juez de línea

Donde duele

Por Félix Monreal - Lunes, 27 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

De las Cuevas, ayer titular, aguanta la presión de Azeez.

De las Cuevas, ayer titular, aguanta la presión de Azeez. (Foto: Agencia LOF)

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  • De las Cuevas, ayer titular, aguanta la presión de Azeez.

aOsasuna le duele Oier. No como a Unamuno le dolía España, pero parecido en sus efectos pesimistas. Quiero decir que, por los síntomas, el equipo de Diego Martínez sufre de ese mismo repentino entumecimiento que eliminó ayer al capitán del partido de forma prematura y que, a una con esta nueva derrota, abre vías al escepticismo sobre el futuro del equipo. Hablamos de un golpe más selectivo que violento, un mamporrazo sordo pero efectivo. Un “me ha pasado algo, pero no sé cómo ha sido”. Un “no puedo, no puedo”, que diría Chiquito de la Calzada, filósofo, como Unamuno, pero a su manera. El caso es que el equipo doce veces invicto se ha quedado de repente tan tieso como su jugador emblemático, incapaz de reaccionar ante un débil Alcorcón y de sostener las cartas en un duelo bronco ante un clásico elevado a la categoría de aspirante como es el Lugo. No sé qué parte del sistema de juego es la más afectada, pero ha aparecido una manifiesta debilidad en el aparato defensivo (cuatro goles en dos partidos) y una inquietante obstrucción en las vías de ataque. Resumen de todo lo anterior son dos derrotas consecutivas, paralizantes a efectos de clasificación, que también dejan desorientado al osasunismo, náufrago por unos días (los que faltan hasta el próximo partido) entre la duda de si hay equipo para subir sin sufrir o para sufrir subiendo. Para quien no tenga ni tiempo ni ganas de comerse la cabeza, merece la pena aplicarse una dosis de “ya sabemos que la Segunda es larga y difícil”;para los que nos gusta escudriñar en las artes (las buenas y las malas) del fútbol, supone la oportunidad de observar cómo reaccionan el entrenador, primero, y el equipo, después, ante este contratiempo que, por corto, todavía no adquiere carácter de crisis. Pero sí que requiere de algún tipo de innovación, de cambios -algo que todavía no ha puesto en práctica Diego Martínez en dieciséis jornadas- que vuelvan a poner en marcha una maquinaria que hasta hace una semana parecía bien engrasada.

Insuficiente.- Ayer, sin desplegar un fútbol dominante y superior, Osasuna repitió el guión de la mayoría de sus partidos, esa monotonía que le llevó al liderato y que ahora, pese a todo, tampoco le ha marginado de la lucha por el ascenso. Quiero decir que antes del gol de Lugo, Quique y Xisco disfrutaron de las dos ocasiones más claras de adelantar a los rojillos, mientras el cuadro local solo había dejado un remate de Fede Vico que Sergio Herrera rechazó con su cuerpo. Vino luego el gol en un error de Aridane (no era el primero de la tarde) y vino el silencio arbitral ante un claro penalti sobre Roberto Torres. ¿Suficiente para no perder? En otros partidos así ha sido. ¿Suficiente para un equipo diseñado y pagado para subir? No.

Otra racha.- No estará Oier el viernes frente al Nàstic, por sus dolencias y por sus amonestaciones. Diego Martínez deberá atacar los síntomas de ese agarrotamiento sobrevenido con algo más que ese turno de entradas y salidas de la alineación en el que no hay resquicio ni para la sorpresa ni para la cantera. Algo para volver a la senda de la racha de partidos invictos, de minutos sin recibir gol, de gallitos de la categoría. Algo que nos siga manteniendo anestesiados a los que no duele este Osasuna.

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