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Otro fallo condena a Osasuna

segunda derrota consecutiva | El equipo de Diego Martínez ofrece un partido muy discreto, insiste en una casi nula pegada y cae por un error defensivo de Aridane ante un Lugo muy combativo

Javier Saldise /Agencia LOF - Lunes, 27 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Sebas Coris pelea por un balón en presencia de Fran Mérida.

Sebas Coris pelea por un balón en presencia de Fran Mérida. (Agencia LOF)

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Sebas Coris pelea por un balón en presencia de Fran Mérida.

lugo- Los equipos grandes suelen minimizar los errores, pero Osasuna, que es uno de los grandes de este campeonato, no acaba de enfriar esta faceta y está sufriendo el castigo máximo en cuanto mira a otra parte o se queda ensimismado.

Frente al Lugo, el ahora líder de la categoría, había andarse con ojo porque no en vano se visitaba a un equipo viento en popa y, como a un conjunto pequeño, un error defensivo fue suficiente para encajar una nueva derrota. A Aridane le ha mirado un tuerto en los últimos partidos porque ha protagonizado las dos acciones desgraciadas que han sentenciado a su equipo. Ayer, un pase mal medido en intensidad y trayectoria, encarriló a Cristian Herrera hacia el camino de gol. El atacante tuvo su mérito al embocar al fono de la portería frente a un portero monumental como Sergio, el meta rojillo, pero el detonante de la acción se coció en la cocina propia, y eso duele mucho.

La jugada fatídica del encuentro, por su génesis y conclusión, no esconde la mala actuación de Osasuna ni endulza su discreto encuentro. Los rojillos, en términos generales, no fueron mejores que sus rivales ni ofrecieron una oposición suficiente para frenar un juego con predilección por los carriles, empuje y juego en largo. De un aspirante al ascenso, de un candidato con avales, también se esperaba un poco más frente a un rival con pegada, de los que juegan en la Liga por el ascenso.

Osasuna tenía cosas que demostrar en Lugo, porque la mejor plantilla del torneo no puede amilanarse ni por la trayectoria de otros ni los tropiezos propios, y porque había un examen surgido de la reunión de las últimas circunstancias. Entre el tropiezo en casa y la visita al hasta ayer segundo clasificado, se reclamaba la aparición del Osasuna candidato al retorno a Primera, sin medias tintas ni excusas, aunque quede media temporada y el maratón tenga aún un buen rato.

Tras un comienzo con Osasuna cómodo con el balón, sin apuros ni agobios, la lesión de Oier y su salida del campo con amarilla buscada por el retraso -a los diez minutos- animó al Lugo que, tras los anteriores lances iniciales de aterrizaje general se atrevió a llevar las riendas del partido. El desencadenante de la excitación local llevó a un primer tiempo más intenso que atractivo, con el equipo gallego apretando más que un Osasuna que, por contra, sólo se vio importunado por algunos centros desde las bandas. Un par de disparos lejanos del Lugo no alteraron a Sergio Herrera, mientras que la brega de Xisco y Quique en el otro lado del campo no se tradujo en oportunidades. De hecho, la única ocasión la firmó el segundo, pero su remate se marchó alto tras el fallo en la salida del meta local.

Osasuna había tenido que activar el modo combativo frente a un Lugo cómodo en la pelea, que no en vano había propuesto las maneras como quería que se desarrollara el partido, pero que tampoco se mostraba muy acertado en el tramo final, cerca del área, donde se enseñó previsible, falto de calidad. Los rojillos también se metieron en esa pugna, celosos de mantener su portería a buen recaudo, y asomaron la cabeza muy poco en busca de otros premios.

La generosidad en el esfuerzo -el fútbol en estampido que practican- le bajo las revoluciones al Lugo en el segundo tiempo, que mantuvo su perfil de equipo correoso, pero con menos tono. La disminución del voltaje le permitió a Osasuna respirar y, por fin, mirar al frente. Xisco, que sabe perfectamente lo que es la soledad del delantero con un defensa subido a la chepa, acertó a rematar entre los tres palos por primera vez a los diez minutos de la reanudación. Sin embargo, fue en el otro área donde Sergio Herrera mantuvo más tiempo vivo a su equipo con otra intervención fantástica en un remata a bocajarro. Xisco volvió a tener en sus botas la ocasión más clara, tras un pase de filigrana de Fran Mérida, pero no pilló puerta solo ante el meta local. El ariete terminó su recital con otro cabezazo que se marchó fuera.

Los mejores instantes de Osasuna no tuvieron premio y el Lugo, mientras, estuvo cargando de oxígeno las bombonas durante los minutos que los rojillos comenzaban a estirarse, a creer en algo más que no perder.

El fallo de Aridane y el consiguiente gol empujaron al Lugo a un final de partido a toda máquina, como le gusta, a la carrera, con Osasuna mosqueado por la no concesión de un claro penalti cometido sobre Roberto Torres, pero también con pocos argumentos para llevarse algo más que un buen disgusto. Osasuna, que recita a cada semana que este campeonato es muy largo, ya nota que puede ser eterno si las cosas no le salen. Es el peaje de los fallos.

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