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Alberto Ibarrola Oyón escritor

“La transgresión fue el arma que utilizó la juventud en los 80 para hacer la revolución”

Civican acogerá hoy, a las 19.30 horas, la presentación pública de la nueva novela del escritor navarro, ‘Las calles interminables’, publicada por la editorial Eunate

Fernando F. Garayoa / Iban Aguinaga - Martes, 28 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Alberto Ibarrola, en la belena de la plaza del Castillo.

Alberto Ibarrola, en la belena de la plaza del Castillo. (Iban Aguinaga)

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  • Alberto Ibarrola, en la belena de la plaza del Castillo.

Pamplona- Las calles interminablesson un reflejo de la Pamplona de finales de los ochenta, una ciudad convulsa, social y políticamente hablando. Alberto Ibarrola da cuenta de ello partiendo de recuerdos y experiencias que forjaron a sangre y fuego a toda una generación. “La novela gira en torno a dos temas, fundamentalmente. Uno, el conflicto vasco navarro, con la violencia terrorista, tanto por parte de ETA como del Estado. Y dos, el mundo del rock and roll como contracultura, esos movimientos juveniles que se dieron en Navarra, y en el resto del Estado, durante el felipismo”.

Un movimiento contracultural que nada, o casi nada, tiene que ver con la manida movidamadrileña.

-Aquí se dio un movimiento mucho más radical que en Madrid. Todos hemos oído hablar de la movidamadrileña, pero aquí lo que aconteció fue el Rock Radical Vasco, que tuvo conexiones con la contracultura anglosajona, sobre todo en el Casco Viejo, donde se podía escuchar una música con una estética muy rupturista, cuyo lema principal era la transgresión.

Con esos dos escenarios como referencia, ¿cuál es el hilo argumental de la novela?

-El libro tiene una dinámica clásica, en cuanto que un personaje, un adolescente navarro, sale de su casa y empieza a vivir una aventura;de esta forma, el texto puede tener conexiones tanto con el Quijotecomo con la novela picaresca: una persona sale de su casa y comienzan a suceder hechos sorprendentes, inesperados, y él se adapta a ellos de la forma en que mejor puede, improvisando en muchas ocasiones. Eso lleva a retratar a toda una juventud que se mueve, principalmente, por las calles del Casco Viejo de Pamplona, donde se escucha el rock and roll, donde hay droga, conflicto, marginación, con la lacra de la heroína inyectada... Pero también aparecen otros jóvenes, estamos en el año 1989, de origen proletario que, por primera vez, pueden acceder a los estudios universitarios a través de la UPNA. En la novela se aprecia, en este sentido, una especie de barrera, ya que la generación anterior volcó sus inquietudes en el compromiso político o en la contracultura, mientras que esa nueva generación comienza a estudiar en la universidad pública.

Fue el momento en el que a una generación de jóvenes se les abren unas fronteras que hasta entonces estaban cerradas o solo abiertas para unos pocos...

-Durante la Transición, desde diferentes sectores, políticos y sociales, se reclamaba una revolución. La primera consecuencia de esa revolución fue la llegada del PSOE al poder con una victoria arrolladora;pero la juventud fue por otro lado, sobre todo aquí, en Euskal Herria. E intentó hacer otra revolución, al menos esa es la tesis que yo defiendo en esta novela. El rock, la estética punk, la contracultura, incluso el movimiento yonqui, que yo lo denomino así pero fue una plaga a lamentar, ya que causó muchas bajas. Esa revolución no se hizo con el poder pero transformó de algún modo la sociedad, transformó las relaciones con la autoridad;transformó la moral, porque veníamos del franquismo;la cultura, el sexo... Había muchas ganas de transgredir, también en la moral, y se confirmó al teoría del péndulo. Veníamos de una represión sexual brutal, por ejemplo, y se intentó pasar en muy pocos años a todo lo contrario, a desligar el sexo de la moral e incluso del amor, y se traspasaron todas la barreras y los límites. Aquella generación de los 80 lo probó todo, lo conoció todo y después llegó el sida, junto con otros factores, que trajeron consigo una reacción conservadora que hemos conocido después de los 80, tanto en el sexo como en la moral.

Existe la teoría de que la heroína fue precisamente introducida por los estamentos de poder para frenar a esa generación que buscaba una revolución...

-Se ha dicho eso, sí. En la novela se mencionan algunas cosas. Lo cierto es que se consiguió alienar a un sector muy combativo de la sociedad, porque la gente que se metía en la droga, en contra de lo que pueda parecer, eran personas con inquietudes, que no querían someterse a los convencionalismos, querían transformar las cosas y no supo cómo hacerlo. Y se le presentó esa oferta a través de los poderes fácticos, incluso de la Policía, no digo que no;pero también fue una ruptura de lo anterior. ¡Ojo!, yo no hago apología de la droga, para nada. Lo que digo es que los jóvenes que se metieron en ese mundo querían transformar las cosas con lo único que tenían a mano, porque las revoluciones clásicas se habían hecho armando al pueblo y en los 80 no había posibilidad de armarse, excepto los grupos terroristas o como les queramos llamar. Así, el arma que utilizó la juventud para hacer la revolución fue la transgresión.

¿Cuánto tienen de autobiográficas estas calles?

-Yo escribo sobre lo que sé. Este mundo lo conozco;como aficionado a la música me gustaba mucho el rock and roll y he llegado a compartir esa estética. Pero de autobiográfico solo tiene eso, que escribo sobre lo que sé y conozco. Lo que sí he intentado hacer es una alegoría del felipismo, que estuvo muy centrado en la banca, las finanzas, en cuestiones de Estado, en el terrorismo, pero se olvidó de lo fundamental, sobre todo en un partido socialista y obrero, que son las condiciones de vida de los trabajadores. Y de eso se olvidó completamente e incluso empeoraron las condiciones del obrero clásico, aunque sí es cierto que se amplió la oferta de la educación pública y se mejoró la sanidad. Pero al que más les había votado, el obrero, lo dejaron en la estacada. El que lea ahora esto debe tener en cuenta ese contexto social, con el rodillo socialista en el Parlamento, y se dará cuenta de que las prestaciones sociales y el estado del bienestar brilla por su ausencia, lo justo existe cierta cobertura por desempleo.

Ahora vivimos en un contexto diferente, pero de la sensación de que sufrimos cierta regresión en el bienestar social y las libertades.

-Cuando llegó el PSOE al poder, el movimiento obrero llevaba un siglo esperando, y había una ilusión enorme en todas las capas de la población. Y la desilusión fue terrible, hasta tal punto que explica los comportamientos de los jóvenes, el radicalismo o la caída en la droga, tanto por el desempleo como por la propia desilusión política, y es que la gente tenía conciencia política y esperaba mucho de Felipe González. Hay que tener en cuenta también que la novela se sitúa en Navarra, en los años de los gobiernos de Urralburu...

Ahondemos en la personalidad del personaje protagonista y en esa aventura que vive.

-Es un personaje que tiene un conflicto personal, ha sufrido acoso escolar y tiene alta capacidad intelectual diagnosticada, es decir, como problema. Ese conflicto con su entorno provoca que decida marcharse de casa, a vivir de forma independiente sin haber cumplido los 16 años. Intenta instalarse en el Casco Viejo, lejos de sus padres, no tanto en distancia sino en su modo de vida completamente independiente. Eso le obliga a comportarse como un adulto, buscar trabajo y sobrevivir por sus propios medios. Esa es su aventura.

Cuando los jóvenes lean esta novela, a pesar de no que han transcurrido muchos años, casi les parecerá de ciencia ficción.

-La verdad es que sí, no ha pasado tanto tiempo y ha cambiado muchísimo la sociedad. Aquí se empieza a vislumbrar cómo los más jóvenes empiezan a canalizar sus inquietudes a través de la UPNA. Pero en la novela también se da cuenta de otros factores, como la Guerra Fría, ya que se vivía en el contexto político de la Perestroika. Todo eso creo que también incidió incluso en las creación de las tribus urbanas, los heavies, los punkis, y es que se vivía con el temor de que se desencadenara un holocausto nuclear en cualquier momento.

¿Esta historia tiene una moraleja?

-No creo que sea una novela moralista. Es una novela realista y social, y por lo tanto no pinto el consumo de drogas como algo saludable ni positivo, porque tiene sus consecuencias negativas. Se ve claramente que no llevan a nada bueno, de ahí el título Las calles interminables, porque la droga es un camino sin retorno. Y, por otra parte, no es una novela política, es social, y lo que se ve es cómo era la sociedad y la juventud navarra;es un retrato amplio de un espectro de la juventud proletaria.

el libro

Editorial Eunate. La novela cuenta con 338 páginas y sale a la venta al precio de 20 euros

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