Cambio de rumbo

Por Julen Rekondo - Martes, 28 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Si el consumo continúa aumentando como en los últimos años, en 2050 la población del planeta necesitaría tres veces más cantidad de materiales y un 70% más de alimentos. Sólo en los próximos veinte años la necesidad de agua y energía será un 40% mayor. Esta carrera impactará de lleno sobre una industria europea en la que el 40% de sus costes totales se deben a las materias primas -frente a un 20% de los laborales- y en un mercado decommoditiesen el que se ha producido un incremento anual en los precios del 6% desde el año 2000. Pero no son solamente el petróleo o el gas los recursos considerados críticos, sino también otros, que son suministrados a la industria europea, como el antimonio, galio, germanio, talio o platino, y que presentan graves riesgos.

La UE ha puesto en marcha distintas iniciativas para afrontar de forma integrada algunos de los grandes retos derivados de los problemas ambientales y de competitividad de la industria europea. La Hoja de Ruta hacia una Europa Eficiente en el Uso de Recursos, enmarcada en la Estrategia Europa 2020 de la Comisión Europea, establece acciones para la estimulación del mercado de materiales secundarios y la demanda de materiales reciclados ofreciendo incentivos económicos y desarrollando criterios para determinar cuándo un residuo deja de serlo.

La otra gran iniciativa europea se denomina Una política industrial integrada para la era de la globalización y establece seis líneas prioritarias de actuación entre las que destaca una Política industrial sostenible, construcción y materias primas que impulsa, entre otros, el “desarrollo de mercados del reciclaje estables y regímenes en materia de responsabilidad ampliada de los productores, como medio para avanzar hacia una economía circular”.

Todo esto tiene que ver con el Plan de Residuos 2017-2027 de Navarra, que fue aprobado el pasado diciembre, y con el proyecto de Ley Foral de Residuos y su Fiscalidad, que fue aprobado el pasado miércoles por el Gobierno de la comunidad y que ha sido enviado al Parlamento para su posterior debate, y, en su caso, aprobación, y cuyos principales objetivos son prevenir la generación de residuos, mejorar su gestión, avanzar en la economía circular y en la lucha contra el cambio climático en el marco de las competencias de la Comunidad Foral.

Sin duda, aprobar una ley que promueva la economía circular y desincentive la eliminación, supone extender el ciclo de vida de los productos mediante reparaciones, reutilización y rediseño de artículos. Pero también se fija un objetivo muy ambicioso, como es el reto de conseguir que la recogida selectiva alcance el 79% del total de los residuos generados, que está por encima de lo que marca la Unión Europea.

De esta manera, es posible pasar de la actual economía lineal detomar, hacer, desechar, reflejo de una época en que los recursos y la energía se creían ilimitados y eran fáciles de obtener y no había conciencia de las graves consecuencias medioambientales, a una economía circular que pretende conseguir que los productos, componentes y recursos en general mantengan su utilidad y valor en todo momento, o lo que es lo mismo, se cambie la mentalidad pensando en los residuos como recursos, aprovechándose una y otra vez en un proceso cíclico.

En este sentido la fiscalidad es un aspecto fundamental, ya que el pago por generación supone que el ciudadano o la ciudadana pueda ver realmente cómo afecta a su economía el tener un hábito de menor generación de residuos y reciclado u otro, y ello queda reflejado en el proyecto de la nueva Ley Foral de Residuos. Al igual que la ley establece el impuesto sobre la eliminación en vertedero y la incineración, con el fin de fomentar la prevención, la preparación para la reutilización y el reciclado, y desincentivar la eliminación en vertedero y la incineración. Los ingresos de este impuesto permitirán que fines tan importantes de la futura ley como son las acciones de sensibilización y de investigación en prevención;mejora de los sistemas de recogida selectiva y transporte;recuperación de zonas degradadas y suelos contaminados;y acciones de preparación para el reciclaje y la reutilización, entre otros, se puedan realizar.

Un aspecto muy positivo es que se hubiera recogido en la nueva Ley Foral de Residuos el apoyo a las actuaciones en materia de reparación y reutilización, con la imposición de un IVA 0 para los productos reparados o reutilizados, y un IVA reducido para alimentos comprados a granel. Ahora bien, estas medidas, desgraciadamente, no se pueden aplicar en Navarra, al no tener competencias en la materia, ya que están en manos del Gobierno español.

La economía circular exige replantearse básicamente dos cuestiones: la sociedad de consumo actual, es decir, si nuestras compras obedecen a una necesidad real -¿para qué comprar más de lo necesario?-, y si incorporan valores medioambientales, como que se pueden reutilizar o reciclar.

El hecho de generar un residuo no es algo que no tenga un coste, ni económica ni ambientalmente, ya que ese residuo contiene toda una serie de recursos como vidrio, metales, materia orgánica, plásticos, papel y cartón..., que son necesarios para el futuro.

Las cifras de determinados países europeos más avanzados en la implementación de la economía circular reflejan que han reducido de forma importante su consumo de recursos contribuyendo a la generación de riqueza y a la creación de empleo verde, y a un futuro en que las nuevas generaciones puedan gozar de los mismos recursos que hoy tenemos nosotros. Navarra va camino de ello, aunque ello supone, entre otras cosas, una muy importante y capital: cambiar la mentalidad de la ciudadanía, empresas e instituciones, pensando en los residuos como recursos, aprovechándolos una y otra vez en un proceso cíclico.

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente