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juicio al transportista kamikaze de villabona

“La conductora no pudo hacer nada para evitar el camión;no tenía salida”

Los testigos que vieron al kamikaze circular en dirección contraria por la N-I relataron que no frenó hasta el choque mortal

El chófer achaca lo sucedido a una mezcla de alcohol y medicamentos

Martes, 28 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Dos cámaras graban antes de comenzar el juicio contra el camionero que condujo nueve kilómetros en dirección contraria hasta provocar un accidente mort

Dos cámaras graban antes de comenzar el juicio contra el camionero que condujo nueve kilómetros en dirección contraria hasta provocar un accidente mortal.

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  • Dos cámaras graban antes de comenzar el juicio contra el camionero que condujo nueve kilómetros en dirección contraria hasta provocar un accidente mort

donostia- El transportista kamikaze que causó la muerte de Beatriz Hernández Rivas en agosto de 2015 al arrollar el coche de la víctima tras recorrer casi 9,5 kilómetros en sentido contrario achacó ayer a la mezcla de alcohol con medicación el accidente que ocasionó tras beber una cerveza, una botella de vino y dos chupitos de whisky.

Este camionero, de nacionalidad portuguesa, declaró ayer en el juicio que se sigue en su contra en la Sección Primera de la Audiencia de Gipuzkoa y en el que Fiscalía reclama para él doce años y medio de cárcel por un delito de homicidio, otro de conducción bajo la influencia de bebidas alcohólicas y un tercero de conducción con manifiesto desprecio a la vida de los demás.

La acusación particular que ejerce la familia de la fallecida eleva su petición de condena hasta los quince años, mientras que la defensa solicita la libre absolución.

Según relata el escrito de acusación provisional del Ministerio Público, el accidente mortal se produjo sobre las 22.45 horas del 3 de agosto de 2015 en el término municipal de Villabona. A esa hora Beatriz se dirigía a trabajar, ya que tenía que incorporarse al turno de noche en la empresa Angulas Aguinaga de Irura.

En la primera sesión del juicio, celebrada ayer, el camionero explicó que aquel día paró en una estación de servicio para cenar porque había concluido su jornada laboral y tomó una o dos cervezas, una botella de vino con la cena, y dos chupitos de whisky después;una cantidad de alcohol que, en su opinión, debió interactuar con las pastillas para la tensión arterial que toma. Señaló que, de otra manera, no se explica por qué tomó su camión y comenzó a conducir en dirección contraria como le han contado, porque realmente su intención era no volver a coger el volante hasta la mañana siguiente y no recuerda “nada en absoluto”, aunque sí sabe que “no tenía intención de causar daños a nadie”.

“Después de cenar me apagué”. “Estaba en piloto automático”, describió el transportista, quien después del accidente, despertó tendido en un lugar en el que olía “a hierba” y los sanitarios le preguntaban si se encontraba bien, tras lo que finalmente despertó en el hospital.

La parte que este hombre no pudo recordar fue reconstruida durante el juicio por el resto de testigos, entre los que se encontraban el cajero de la estación de servicio que le vio incorporarse en dirección contraria a la carretera N-I, los ertzainas que investigaron los hechos y los automovilistas que, “nerviosos”, se lo cruzaron en el sentido opuesto mientras intentaban avisarle del error mediante señales sonoras y luminosas.

De todos ellos, los testimonios más sobrecogedores fueron los de los dos hombres que fueron testigos de la “brutal” colisión. Uno de ellos, que conducía un BMW, explicó que se encontraba en pleno adelantamiento a un Skoda cuando en un cambio de rasante sin visibilidad se topó “en décimas de segundo” con el camión que se dirigía hacia él dando luces, por lo que aceleró “al máximo” para acabar la maniobra y superar al otro automóvil justo “por medio metro”.

“El camionero ni frenó ni nada y siguió a la misma velocidad hasta el choque”, describió este hombre, quien tuvo el tiempo justo para mirar por el retrovisor y ver cómo la conductora que circulaba detrás de él “no pudo hacer nada” para evitar al tráiler. “No tenía salida”, describió.

Por su parte, el conductor del Skoda relató que todo fue tan rápido que no tuvo tiempo ni de darse cuenta de lo que ocurrió con el BMW, pero sí fue consciente que la mujer que viajaba en paralelo a él en un Citroen C3 no tenía “margen para maniobrar ni nada” y el camión “se la llevó por delante”, mientras a él le “salpicaban” restos desprendidos de los vehículos por la colisión.

Los ertzainas que hicieron el atestado y la reconstrucción de los hechos indicaron que el C3 quedó “destrozado” y “calcinado” porque el camión le pasó por encima y luego cogió fuego. Estos policías explicaron que el camión circulaba a unos 77 kilómetros por hora cuando se produjo el choque, aunque en algún momento llegó a hacerlo hasta a 100 km/h, y aclararon que el acusado tuvo hasta cinco ocasiones de abandonar la carretera por distintas vías de incorporación a la vía.

Uno de estos policías relacionó también la aparente conducción normal del camionero -por un único carril, sin hacer zigzag ni eses y adecuando su velocidad a los tramos por los que pasaba-, con el comportamiento de una persona habituada a beber que “controla un poco más” la trayectoria. Otro agente desveló que cuando acudió al hospital para practicar la prueba de la alcoholemia al imputado, que tenía una actitud poco colaboradora y desprendía un fuerte olor a alcohol, resultó “físicamente” imposible, por lo que se le tomó una muestra de sangre con su aquiescencia, a pesar de lo cual también se pidió autorización judicial y se le leyeron sus derechos, instante en el que hizo “una peineta” al policía. - Efe

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