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Con y como pinceles

Los ACUSADOS vistieron DE PUNTA EN BLANCO, BLINDADOS ANTE LOS FOCOS PERO NO ANTE EL CARBONCILLO de dibujos de antaño ni ante la fiabilidad del bic y el bloc. el detector hizo efecto.


Un reportaje de Enrique Conde / Fotografía Javier Bergasa - Martes, 28 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Trípodes para las cámaras de televisión instaladas en la entrada del Palacio de Justicia.

Trípodes para las cámaras de televisión instaladas en la entrada del Palacio de Justicia. (Javier Bergasa)

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  • Trípodes para las cámaras de televisión instaladas en la entrada del Palacio de Justicia.

Se trataba de un día mayúsculo, epílogo acusatorio de un juicio que ha llenado portadas y abierto informativos, y para el que todo el mundo quería estar a la altura.

La jornada resultó excepcional, por lo analógico también, en el Palacio de Justicia de Navarra, cuya seguridad encomendada a la Policía Foral vivió ayer una prueba de fuego. Para blindar la vista y proteger la intimidad de los acusados -también de la víctima, a la que ayer no fue ni siquiera necesario mentar con su nombre (habrá que ver hoy qué ocurre)- a la sala del jurado, la más grande del edificio, con 70 asientos, no se podía acceder con ningún dispositivo susceptible de grabar imágenes o audios. Desde tablets a móviles, pasando por bolígrafos sospechosos u otro tipo de artillería mediática. Los responsables policiales explicaron al medio centenar de informadores las condiciones en las que se iba a desarrollar su trabajo. Y realizaron advertencias expresas en caso de incumplirse alguna norma. Varios agentes siguieron la vista mirando solo los movimientos del público. El tribunal también mandó desalojar la sala nada más concluir los informes. Y a los periodistas, y también a la veintena de personas que acudieron como público, no se les permitió otro aparataje que no fuera un bolígrafo, un lápiz y un bloc de notas. Los botellines de agua también se quedaban fuera. En el juicio estuvieron presentes dos ilustradores gráficos que captaban con su carboncillo y tinta la imagen de los acusados y del tribunal. Apuntes a la antigua usanza y fotos sin flashes. Eso sí, en dos breves recesos, la estampida de medios audiovisuales simulaba una carrera olímpica. A todos se les exigía un directo y un titular y, para ello, tenían todos los bártulos en el exterior del edificio esperando a la acción.

Los acusados, sentados a la espalda de sus letrados y escoltados por media docena de agentes de la Policía Foral, acudieron a la cita como pinceles. Con jerséis de pico, de tonos azulados o grises, con camisa todos ellos, los procesados siguieron con atención lo que allí se decía. El guardia civil acusado -junto al militar Cabezuelo los dos más cercanos al público- parecía retar con la mirada a la expectación levantada. Pero no dijo ni palabra. Tan solo suspiró cuando un ilustrador le mostró el dibujo que le había hecho. Probablemente, él, Prenda -cuyo aspecto físico ha cambiado por completo y sin afeitar cuesta hasta de ser identificado-, y Escudero, muy activo con su cabello y perilla manoseándolo de un lado a otro, eran los más activos en las charlas entre sí y con sus representantes. Guerrero, el guardia, se revolvió cuando se cuestionaba si había dicho o no que tenía vídeos a los policías que le identificaron. Escudero también se removió al hablar el abogado del Ayuntamiento del popper. Este, Prenda y Boza se despidieron con un apretón de manos de su abogado. Cabezuelo dio dos besos de despedida a una letrada que le representa. En sala también se pudo observar que entre los letrados de la defensa no reina la armonía. Cada uno va un poco a su aire. También ante los medios funcionan así. Hoy les unirá un propósito: la siembra de dudas.

Sobre la organización de lo que ya se puede calificar como el evento judicial del año en Navarra (hay que recordar que en el caso Nagore también se pusieron tickets a la disposición del público y se amplió el aforo con asientos extra) se escucharon al menos dos pegas. Una letrada penalista se quejó por no poder acceder a la sala togada y como colegiada;y un estudiante afirmó que algún trabajador del Palacio cogió un número para otra persona que no estaba presente en la cola. Como corolario, la defectuosa audición de la sala viene ya de lejos, igual que las dificultades para tener una vista general de toda ella, dificultada por dos gigantes columnas en la mitad.

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