La violadora tribu

Ilia Galán - Jueves, 30 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Da asco leer o escuchar los testimonios de una manada de machos que en una ciudad en fiestas, Pamplona, acorralaron a una mujer y la condujeron a ciertas prácticas sexuales, usándola como un objeto. El juicio que está escandalizando a España debería hacernos replantear qué está pasando en nuestro país, cómo puede haber tantos abusos y tan repugnantes.

Antes de emitir sentencia el juez, ya vemos que la pobre mujer, paralizada por ese grupo de bestias, haciéndolos gozar sin protección alguna, sufrió una situación abominable. Aunque dichas relaciones hubieran sido consentidas, no dejarían de ser lamentables, pues todo lo que tiene de bello la cópula como unión o modo de hacer el amor, de entrega mutua, se pervierte en ese espectáculo deplorable de egoísmo grosero y animalesco deseo.

Dice mi hija, de dieciocho años, que es común ahora entre los jóvenes varones hallar actitudes machistas radicales por las que desprecian a las mujeres y se ven autorizados para despreciarlas y golpearlas si así lo consideran. Ella lo atribuye al ambiente hipersexualizado que vive, donde las féminas sufren continuamente el acoso de manadas de machos hirvientes entre brutales deseos.

Más que trabajar en leyes sobre los piropos, como en Francia, o para destruir, complicándolo innecesariamente, el lenguaje, habría que ir a la raíz. El feminismo se está radicalizando en lo accidental y hasta vano e innecesario, provocando cierto rechazo, mientras que lo más importante se deja a un lado, pues el ser humano ha de ser sagrado para el hombre, como decía Séneca, donde lo divino hallemos, como predicaba el Nazareno.

Se fomenta el uso de los atributos eróticos como si fueran un juguete en muchos medios de comunicación y en la publicidad, pero no son neutros y detrás del uso corporal hay siempre una persona que puede herirse y sentirse despreciada si se utiliza como quien lame un helado hasta que se consume.

Nuestra sociedad es incoherente. Si en tiempos del dictador, Franco, hubo un exceso puritano en que todo se prohibía, hasta darse un beso en la boca, ahora nos hemos desplazado más bien al extremo contrario de la balanza de la historia.

El cine, que tanto se las da para defenderse como cultura, muchas veces ha ejercido de elemento disolvente en todo tipo de moral y de todos los valores. La basura intelectual se ha subvencionado y fomentado, desmoronando conciencias porque lleva a considerar el mundo como un juego donde las personas no son sino peones en el tablero del deseo, fichas, cosas, objetos.

¿Pensaron acaso en sus madres, hermanas o femenina familia esa bestial pandilla?

Horrenda vergüenza del genero masculino son.