Café bebido

Lavanderas

Por Reyes Ilintxeta - Jueves, 30 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Acaba de inaugurarse un mural pintado junto al puente de Curtidores, en la antigua plaza Arriasko situada en lo que ahora son los Corralillos. El mural reproduce una fotografía de 1902 donde se ve a las lavanderas al lado del Portal de la Rochapea. Es un homenaje a estas mujeres que, como cuenta Arazuri, arrodilladas sobre un saco vacío doblado dentro de una caja de sardinas, hombro con hombro, lavaban la ropa que luego colgaban en los tendederos. Un gremio de trabajadoras muy importante en la época que propició, por ejemplo, la creación de lo que fue la primera guardería semipública de la ciudad en 1886, el asilo del Niño Jesús.

A pesar de la dureza del oficio estas mujeres no perdían el humor ni el espíritu reivindicativo. En la Pamplona de entonces eran conocidas sus coplas como esa que decía: “Albañil de mi vida, cuánto te quiero, del andamio más alto, caigas al suelo” y otras de carácter más político, como aquellas de 1893: “Si a Gamazo lo cortaran en rajas, como a un melón no tendrían los navarros penas en el corazón. ¡Vivan los Fueros. Viva Navarra. Vivan las lavanderas del Prado de la Lana!”.

Pero las lavanderas, como las clases trabajadoras y humildes en general, no eran del gusto de los más pudientes y así vemos cómo en 1879 el arquitecto municipal dijo que junto a la Puerta Nueva no era conveniente poner un lavadero porque, entre otras cosas, “se coloca a la entrada obligada de esta población una clase que, aun cuando digna de mirar por ella, no acostumbra a conducirse con la compostura necesaria para hacer formar buena idea de una población que la pone a la vista de todos los viajeros que vengan a Pamplona”. Vamos, que las que les lavaban la ropa en el agua helada “estropeaban” la imagen de la ciudad.