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Vacunas, necesidad y deber

La absurda y creciente negativa a la inmunización de enfermedades infecciosas con un alto nivel de afección sanitaria y en algunos casos de mortalidad infantil es un ejercicio irresponsable que pone en riesgo a toda la población

Viernes, 1 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

las vacunas, es decir, la administración de un preparado destinado a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos, tal y como la define la Organización Mundial de la Salud (OMS) es, sin duda, el mejor sistema hallado por la ciencia para prevenir el contagio y transmisión de enfermedades infecciosas, de modo que su aplicación generalizada ha hecho posible la práctica erradicación de algunas afecciones muy peligrosas por su alto índice de mortalidad. La vacunación es, por tanto, un éxito científico y social de primer nivel que garantiza la seguridad y bienestar en nuestras sociedades. Sin embargo, en los últimos años se ha desarrollado un peligroso movimiento antivacunas basado en conceptos y principios absolutamente acientíficos que amenaza con poner en riesgo gran parte del terreno avanzado y, sobre todo, la vida y la salud de miles de personas. Tanto es así que algunas enfermedades que se consideraban ya prácticamente erradicadas en nuestro entorno están regresando debido, precisamente, al descenso en las tasas de vacunación. Es el caso del sarampión, uno de los más evidentes en los últimos años, aunque no es la única enfermedad que ha recuperado el terreno perdido de la erradicación por esa absurda campaña contra la vacunación. El sarampión es una de las enfermedades con mayor capacidad de contagio, ya que un solo infectado puede transmitírsela a su vez a cerca de 20 personas, por lo que el riesgo presente en toda Europa se multiplica de forma alarmante. Es más, los expertos afirman que la mayor parte de las muertes de niños se deben a infecciones respiratorias, que en muchos casos podrían haberse evitado mediante una vacuna. Se trata de un problema global -hoy en día la circulación de personas por múltiples países es incesante-, en el que es necesario actuar de forma local. Aunque en Navarra la tasa de vacunación general es muy alta, en el caso del sarampión y otras enfermedades que en el imaginario social se daban por desaparecidas ha ido descendiendo en los últimos años el porcentaje de vacunados, lo que supone un riesgo que es preciso atajar. Negarse a la vacunación es un ejercicio personal y socialmente irresponsable. Los poderes públicos deben esforzarse en inculcar una cultura científica mínima que haga frente a mitos infundados, así como sensibilizar y concienciar a la población de la necesidad y el deber de la vacunación para beneficio de todos. Las campañas contra la gripe, un rito masivo cada año, son un buen ejemplo.

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