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¡Ya no nieva como antes!

El tiempo en enero de 1935, las nevadas y la ola de frío provocaron la suspensión por tres veces en cuatro días de un osasuna-júpiter

Félix Monreal | Mikel Saiz/Archivo - Sábado, 2 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Jugadores de Osasuna y Zaragoza, sobre un Sadar helado antes de la suspensión en febrero de 2015.

Jugadores de Osasuna y Zaragoza, sobre un Sadar helado antes de la suspensión en febrero de 2015. (ARCHIVO)

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Jugadores de Osasuna y Zaragoza, sobre un Sadar helado antes de la suspensión en febrero de 2015.

PAMPLONA- ¡Ya no nieva como antes! La suspensión de un partido de fútbol como consecuencia de una nevada es algo frecuente todas las temporadas. Hasta tendría que estar previsto en el calendario y abrir alguna ventana para completar esas jornadas alteradas por inclemencias meteorológicas. Pero es verdad que ya no nieva como antes... Como a finales de enero de 1935, por ejemplo. Por aquellas fechas estaba prevista la disputa del Osasuna-Júpiter, correspondiente al Campeonato de Segunda división (el curso del primer ascenso de los rojillos a la máxima categoría). Pero fue de tal calibre la tormenta que descargó sobre Pamplona y la ola de frío que el árbitro tuvo que decidir tres veces su aplazamiento;primero, el domingo día 27;luego, el martes 29 y, sin atisbo de mejora, el miércoles 30. Por fin, el balón rodó, de aquella manera, el 31 enero.

Cuentan las crónicas que la temperatura máxima que registraron los termómetros por aquellas fechas fue de un grado bajo cero;la mínima cayó hasta los nueve bajo cero. ¡Para frío el de entonces! Con San Juan cubierto de nieve helada, correr detrás del balón implicaba un riesgo físico, El club barcelonés (hoy todavía sigue en activo a los 108 años de su fundación) protestó ante la Federación Nacional por los reiterados aplazamientos ya que le estaban causando un importante perjuicio económico. Los chicos del Júpiter estaban en Pamplona desde el sábado día 26. La ola de frío tampoco aconsejaba echarse a aquellas carreteras...

Osasuna, como local, estaba a verlas venir. Sin embargo, artículos publicados en la prensa local llegaron a insistir ante el gobernador civil en la necesidad de no jugar el encuentro por el serio peligro que el suelo helado suponía para los futbolistas.

Por fin, con un frío intenso, la nieve cubriendo todo el campo menos la zona de las porterías y escaso público en las gradas, Osasuna y Júpiter cerraron capítulo. El encuentro comenzó a las 14.15 horas, marcó primero el equipo visitante y Paco Bienzobas hizo el 1-1 definitivo en el minuto 80. Bien puede decirse que ha sido el partido más largo de la historia de Osasuna.


Anécdotas

Hogueras en la grada y cambio de campo

Para bien o para mal la meteorología es un factor condicionante en el fútbol. Hubo equipos que amaban el barrizal y otros que huían de los charcos;elegir iniciar el juego a favor o en contra del viento sigue siendo un elemento estratégico importante;y no hablemos ya del calor... Pero es el frío lo que más incomoda a protagonistas y espectadores.

El frío ha dado lugar a escenas irrepetibles. Por ejemplo, en el partido de ida de Copa celebrado en El Sadar en diciembre de 1977 contra el San Fernando (0-0), el público encendió hogueras en las gradas durante el descanso para intentar entrar en calor. Aquel cemento lo aguantaba todo...

En enero de 1953 el temporal de nieve que azotaba a la Península obligó a trasladar a Barcelona el encuentro de Liga de Segunda división con el España Industrial. El compromiso se ventiló una mañana de domingo en Las Corts (comenzó a las 11.30 horas);previamente, la organización de las quinielas ya había avisado a los apostantes de que el partido no era válido para el boleto de apuestas “por el hecho de jugarse antes de la hora de cierre de los buzones”. Osasuna arrancó un empate a dos goles con tantos de Fustero y Gallo.

Es lo que tiene el invierno: que no da tregua. En enero de 1960 la esperada visita del Barcelona a San Juan como reclamo para conseguir una buena recaudación acabó deparando un serio revés económico por culpa del mal tiempo. Y también deportivo (2-3). Además, el choque comenzó con quince minutos de retraso ya que el árbitro encontró dificultades para llegar a tiempo a Pamplona por el mal estado de las carreteras, invadidas por la nieve, Cuentan, quizá de forma, exagerada, que el espesor sobre el césped de San Juan era de 25 centímetros...

Pero la cosa no terminó ahí. “El último partido disputado en esta ciudad entre Osasuna y el Barcelona ha constituido un revés económico considerable”, recogía El Mundo Deportivo. Haciendo más restas que sumas, el club calculó unas pérdidas estimadas en unas 525.000 pesetas (3.100 euros), contando que era Día del Club y que la entrada fue flojísima debido al temporal, la devolución de las localidades ya adquiridas, los gastos por la retirada de la nieve del terreno de juego y de las gradas, y otros gastos adicionales. Un mal negocio, sin duda.

De aquellos barros...

Un largo conflicto con el Sevilla


La rivalidad entre Osasuna y Sevilla tiene su origen en los años treinta y en una acalorada eliminatoria de semifinales de la Copa. Luego, ha habido incidentes esporádicos. Una de las últimas mechas se encendió por culpa de la nieve y con motivo de un encuentro de vuelta de cuartos de final de la Copa en enero -no podía ser en otro mes...- de 2003. La ida dejó pendiente un 1-1. Para el segundo envite, los contendientes encontraron un Sadar blanco. El Sevilla trató por todos los medios de forzar el aplazamiento ya que durante todo el día nevó en Pamplona;sin embargo, el trabajo del personal de Osasuna dejó el rectángulo en aceptable estado (desde luego, bastante más apto que ayer...).

Hubo partido, hubo victoria de Osasuna (3-2 con gol de penalti de Iñaki Muñoz en el minuto 115), hubo incidentes entre los futbolistas (12 tarjetas amarillas) y hubo expulsión. No de Pablo Alfaro, que como siempre salió inmaculado pese a su agresividad. Ese año, Osasuna quedó eliminado en semifinales por el Recreativo y abrió una vieja rivalidad con el Sevilla que luego tuvo otros capítulos en Liga y Copa de la UEFA. Y no por culpa de la nieve.

Dos seguidos en 2015

Una mala racha que acaba mal

Relevante es también la doble suspensión registrada en febrero de 2015, ante Zaragoza y Alavés, las últimas hasta ayer. Estaba entonces el equipo de Jan Urban en un amago de recuperación y asentado en mitad de la tabla. Ese parón -primero en El Sadar y luego en Mendizorroza- descompuso a Osasuna, que ya no levantó cabeza hasta la última y dramática jornada. Los rojillos perdieron los dos encuentros, se sumieron en una depresión y apunto estuvo de terminar con la vida del club. La nieve, como se ve, muchas veces no es motivo de alegría sino de preocupación. A ver que pasa ahora.

de antaño

huida bajo la granizada

En 1922. Llegara el día que todos los estadios tengan cubierta y ni una nevada ni un ciclón alteren un partido de fútbol. Pero en los inicios todo era más duro. En mayo de 1922, Osasuna y Athletic protagonizaban un encuentro amistoso en el campo del Hipódromo (poco después abría sus puertas San Juan). Cuentan las crónicas que esa tarde descargó tal tormenta de granizo sobre la ciudad “que provocó la huida de numerosos espectadores”. Y también la de los incipientes cronistas deportivos, como confesaba en sus páginas el redactor de un diario local.

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