a la contra

Los hamsters y la rueda

por jorge nagore - Domingo, 3 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 09:15h

El miércoles 29 de julio de 1981, a las 10.45 de la mañana, la única cadena de televisión que emitía a esas horas en España, TVE 1–TVE 2 solo tenía programación de 19.45 a 24.00 horas–, conectó en directo con la Catedral de San Pablo en Londres. Era una conexión especial, puesto que TVE 1 no comenzaba sus emisiones entre semana hasta las 14.00 horas. Ese día, conectó con Londres. Lo recuerdo porque estaba en el pueblo y cuando fui a coger la leche a casa de Eugenia y Santiago –leche de vaca, en lechera, recién ordeñada– alguien comentó que estaban retransmitiendo la boda de Carlos y Diana. No hicimos mucho caso, enseguida venía el panadero y había que estar al tanto de su bocina y volver rápido a casa para que la leche no se cortara con el calor, aunque aún me dio tiempo a ver de pasada un trozo en casa del Inaxhio mientras hacíamos tiempo a que llegara el pan. El caso es que televisaron aquella cosa y tanto aquí como allí como en medio mundo durante más de 15 años la tal Diana fue una de las mujeres más famosas y admiradas del planeta, algo completamente insólito pero comprensible en una esfera que es capaz de reunir a 750 millones de personas una mañana de miércoles de julio delante de una televisión para ver una boda entre dos pijos ingleses. Desde aquella mañana, la historia de esta mujer, el nacimiento de sus hijos, las infidelidades, la separación, la muerte y el devenir de las vidas de sus herederos ocuparon y ocupan suficiente espacio mediático como para aplastar a varias colonias de ultramar. Ahora los supuestos medios serios tanto en papel como digitales y las televisiones –las radios son más profesionales, normalmente– nos abrasan con la boda del pequeño de la santificada, que se va a casar con una actriz, que se va a retirar de su carrera –ejem– y se va a dedicar únicamente a "causas humanitarias". Merecemos la extinción como especie.