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Editorial de DIARIO DE NOTICIAS

Fiesta inclusiva, ausencias injustificables

El reconocimiento con la Medalla de Oro de Navarra a los diseñadores de su bandera constituyó una apuesta por la integración de la pluralidad de esta tierra. Por encima de plantes, Barkos reivindicó al autogobierno foral

Lunes, 4 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La entrega a título póstumo de la Medalla de Oro de Navarra a los artífices de la bandera de la Comunidad en 1910, Hermilio de Olóriz, Julio Altadill y Arturo Campión, constituyó en atención al hito que se reconocía una apuesta inequívoca por la integración de la pluralidad de esta tierra. Habida cuenta de que, como subrayó al conmemorar en 2010 el centenario de la enseña navarra el entonces presidente foral, el regionalista Miguel Sanz, la bandera “es de todos y a todos nos identifica más allá de las diferencias”. En esa línea ahondó ayer la presidenta Barkos al glosar la fecunda diversidad de Navarra y apelar al diálogo entre diferentes que le ha hecho progresar y mediante el que debe ganarse día a día un futuro de máxima prosperidad trabajando con denodado esfuerzo en aras a un desarrollo creciente a la par que sostenible, procurando con denuedo la cohesión social y también territorial. Esa vocación inclusiva inherente en el galardón a los tres historiadores que diseñaron la bandera y que además se caracterizaron por la defensa de los derechos históricos del antiguo Reino se topó sin embargo con un boicot político inexplicable desde presupuestos racionales, si bien el acto central del Día de Navarra aconteció con normalidad pese a las ausencias. En el caso de I-E y del PSN, bajo el pretexto de que uno de los distinguidos, Campión, pudo emplear en su día expresiones que descontextualizadas y bajo los parámetros actuales pueden resultar chocantes pero no hasta el extremo de protagonizar un veto institucional, desairando además la memoria de los otros dos premiados. El plante de UPN, secundado por su socio PP, constituyó una colosal contradicción, en tanto que el último Gobierno de Sanz conmemoró el centenario del hecho al que ahora niega validez histórica, mientras persiste en instrumentalizar como arma arrojadiza los símbolos que identifican a toda la colectividad, más allá de ideologías y sentimientos de pertenencia. Al margen de la polémica a todas luces forzada y aun impostada, y también de la vertiente lúdica de la jornada incluyendo la celebración del Día del Euskera, Uxue Barkos aprovechó su alocución para reivindicar el Convenio Económico con el Estado como un ambicioso ejercicio de responsabilidad y solidaridad, así como para denunciar el demagógico ataque del que es objeto. Cabe exigir que en el blindaje del autogobierno y en su profundización no se registren ausencias, sino un cierre de filas sin resquicio alguno al oportunismo.

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