la carta del día

De profesión, vigilante

Por Gabriel Arrese Leza - Jueves, 7 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

“El ladrón apareció por primera vez el diciembre pasado. Se llevó un generador de más de 600 euros al que había cambiado la etiqueta para que al pasar por caja indicase otro preció. Y coló. Sin embargo, al revisar la venta los trabajadores se dieron cuenta y avisaron a seguridad. Desde entonces, lo tenía vigilado. Me apunté su matrícula, el modelo de coche, vigilaba constantemente por si volvía a aparecer. Apareció de nuevo en torno a junio y luego en septiembre. Sin embargo, fue hace un par de días cuando le pudimos coger.

Vi su furgoneta a través de las cámaras, sabía que era él. El estafador lo había vuelto a hacer: había cambiado el precio a 80 euros el precio de un producto que costaba más de 600. Decidí esperarle fuera. Cuando salió, le pedí que me enseñase el ticket: efectivamente, señalaba un precio muy inferior. Le pedí por favor que me acompañase y, tras decir que íbamos a llamar al 062, el sospechoso huyó corriendo. Me di un golpe al perseguirlo y lo perdí, pero decidí esperarle en su coche. Cuando volvió, lo cogí, lo retuve y finalmente llamé a la policía. Vino la Policía Municipal, pero al estar ocupados hicieron venir a la Policía Foral. Estos se lo llevaron y emitieron un comunicado a la prensa con su detención”.

Así describe el vigilante de seguridad de un establecimiento el momento en el que fue capturado esta semana un sospechoso por estafa. El individuo colocaba encima del código de barras una pegatina con otro código distinto. A veces, el sospechoso ponía un código que coincidía con un artículo de la misma marca, pero de una gama más baja.

“Ha sido el trabajo de un año de seguimiento, de impotencia por no poder actuar aun sabiendo el delito que había cometido, de esperar al momento perfecto. Incluso de seguir por Wallapop los artículos que vendía. Un año de trabajo para que al final la Policía Foral se adueñe del mérito de la detención sin hacer mención al personal de seguridad que hizo que la detención fuese posible”, argumenta el vigilante. “Ni siquiera me preguntaron acerca de la investigación o qué había pasado cuando lo tenía retenido y llegaron para detenerle”, añade.

Mediante este escrito, el vigilante quiere sacar a la luz el trabajo, a veces de un año, que se realiza desde la seguridad privada junto con la ayuda de los propios trabajadores de los establecimientos para capturar a gente que comete actos delictivos. Una tarea que, si bien es su trabajo, muchas veces se ve ensombrecida y tapada por la actuación final de otros cuerpos de la Comunidad Foral que se llevan el crédito del trabajo de muchos meses de vigilantes.

El autor es periodista y comunicador