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un hombre de 35 años vecino de Pamplona

Absuelto de abusos sexuales al dudar la Audiencia si la denunciante pudo consentir la relación

Al acusado le pedían 6 años de prisión y la Sección 1ª precisa que, aunque la mujer estuviera ebria y su testimonio sea creíble, podía ser consciente de los hechos

Enrique Conde - Jueves, 7 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Fachada del Palacio de Justicia de Navarra.

Fachada del Palacio de Justicia de Navarra. (Oskar Montero)

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  • Fachada del Palacio de Justicia de Navarra.

pamplona- La Sección Primera de la Audiencia navarra ha absuelto a un hombre de 35 años, de origen africano y vecino de Pamplona, de un delito de abuso sexual (delito en este caso con penetración y que se diferencia de la agresión sexual en que no se utiliza la fuerza ni la intimidación) por el que se le pedían hasta seis años de prisión al entender el tribunal que no han quedado despejadas las dudas sobre si la víctima, que se encontraba ebria, pudo dar su consentimiento a mantener una relación sexual.

El tribunal concluye que “no se puede rechazar en modo alguno que la versión de la denunciante pueda corresponderse con la realidad”, pero “no alcanzamos certeza sobre el aspecto relativo a la pérdida de la facultad de la denunciante para consentir, no pudiendo concluir que concurran todos los elementos para poder afirmar la suficiencia incriminatoria”.

Los hechos denunciados ocurrieron la noche del 14 de mayo de 2016 después de que la denunciante saliera de fiesta por varios locales del Casco Viejo de Pamplona. En uno de ellos, situado en la calle Calderería, se le acercó el acusado y, tras un contacto, la mujer le dijo que deseaba irse a su casa porque estaba mareada. El procesado se ofreció a ayudarla y le dijo de dirigirse a su domicilio, a lo que ésta accedió. Según declara probado la sentencia, “la mujer había ingerido alcohol y calzaba zapatos de tacón y llegó a caer al suelo en la calle Curia, donde el acusado la ayudó a levantarse, andando ambos luego por varias calles con aparente normalidad, subiendo las escaleras de un piso y accediendo a la habitación” del encausado. Una vez allí, la mujer acudió al baño y luego le dijo que tenía ganas de tumbarse y descansar, por lo que el acusado le manifestó que se metiera en la cama. En un momento dado, ambos mantuvieron una relación, de la que la Audiencia expone que “no ha quedado acreditado suficientemente que la mujer se hubiera desvanecido y que el acusado se aprovechara de ello para desnudarla y mantener la citada relación sin su conocimiento ni consentimiento, ni que la misma, al percatarse, de lo que ocurría, ha quedado demostrado que gritase varias veces al acusado”.

El tribunal analiza que la discusión esencial del procedimiento es si las relaciones fueron consentidas o no por la denunciante. Y, para ello, dice que se debe determinar si la mujer “se encontraba en un estado que le impedía consentir libremente tal acto e incluso adoptar cualquier reacción frente al mismo, oponiéndose a su ejecución, y que esa situación fuera conocida y aprovechada por el acusado para ejecutar el hecho”.

creíble pero no rotunda en la ausencia de consentimientoLa Audiencia entiende que el testimonio de la víctima cumple con casi todos los parámetros que exige la jurisprudencia para admitirlo como veraz. Así, “no consta dato contrario a la credibilidad de la denunciante ni concurre ningún móvil de resentimiento, e igualmente ha sido persistente en la incriminación, con un testimonio mantenido de un modo concreto, coherente y ausente de contradicciones. Y frente a dicho testimonio -añaden- el del procesado “ha sido errático y contradictorio” al haber negado primero en el juzgado cualquier contacto con la denunciante y cambiar luego su versión una vez que conoció que las pruebas biológicas habían dado positivo. La Sala entiende inicialmente creíble su declaración por la lógica que ofrece (coherencia interna) y por el apoyo en los datos objetivos para corroborarla de manera periférica. Es decir, los datos del atestado policial en cuanto a los momentos iniciales de su contacto con el acusado y alguno de los fotogramas de su deambular por la calle que reflejan una situación acorde a un posible estado de embriaguez avalan la credibilidad de la mujer.

Pero, sin embargo, la Audiencia entiende que el acusado no puede ser condenado porque “en cuanto a la acreditación del hecho relativo a la ausencia de consentimiento de la víctima como libre ejercicio de la libertad sexual, su declaración no pone de manifiesto con suficiente rotundidad que la misma, como sostienen las acusaciones, se hallase sin capacidad para aceptar consciente y voluntariamente los actos sexuales y que el procesado fuera conocedor de su incapacidad”. La Sala aprecia dudas sobre este extremo y sobre si la influencia del alcohol y medicación en la mujer la hizo desvanecerse.

El tribunal narra sus dudas en episodios como el de que, tras caerse ella en la calle Curia, continuó caminando con aparente normalidad y “no se aprecia una manifiesta irregularidad en la deambulación ni la necesidad de que tuviera que ser ayudada”. Prosigue la sentencia diciendo que la denunciante ofreció muchos datos, desde la inicial denuncia, “sobre el lugar de los hechos, su actitud con el acusado y detalles relevantes del inmueble”, además de que ella había aceptado la invitación de ir al piso de él. “Estas manifestaciones, el estado de la misma previo al acceso al inmueble, el caminar por las calles con normalidad tras la caída, subiendo tres pisos por la escalera y dirigiéndose al baño, estando allí varios minutos, así como el hecho de recordar los detalles antes indicados, todo ello denotaría, en principio, una cierta normalidad en la denunciante y un aparente control en las facultades de dominio y control de los actos”. Dicha exposición lleva a la Audiencia a entender que “no ha quedado suficientemente acreditado un estado de embriaguez de la denunciante determinante de una posible pérdida de facultades para consentir, antes de acceder a la habitación”. En cuanto al momento posterior, “habiendo referido la denunciante que fue tras acostarse cuando perdió el conocimiento, y que ello se produjo como consecuencia del alcohol ingerido y la medicación que tomaba, debe indicarse que nada consta acerca de que la misma tomase alguna medicación ni cual fuere ésta ni, mucho menos, sus efectos”.

Ante ello, el tribunal parte de que “ese estado anterior no invalidante de su capacidad para consentir, ni justificador, aparentemente, de un desvanecimiento, y desconociendo la medicación que podía haber tomado y que le afectara tan contundentemente como afirmó para, junto al alcohol, dar lugar a una pérdida de conocimiento, apreciamos dudas sobre el súbito desvanecimiento y que se hubiera producido una situación de imposibilidad de consentir libremente”. A las dudas de la Sala contribuye “el propio hecho de que no se formulase denuncia de inmediato, sino tras transcurrir dos días y con ocasión de denunciar otros hechos”.

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