Música

El viento agita las olas

Por Teobaldos - Viernes, 8 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

CONCIERTO orquesta sinfónica de euskadi

Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Euskadi. Miren Urbieta-Vega, soprano. Dirección: José Pérez-Sierra. Programa: Obertura del Holandés Errante, de Wagner. Poema del amor y de la mar, de Cahusson. El Mar de Debussy. Programación: Ciclo de la orquesta. Lugar: sala principal de Baluarte. Fecha: 5 de diciembre de 2017. Público: lleno.

excelente planteamiento y coherencia programática en el ciclo de la Orquesta vasca al ofrecernos el monográfico dedicado al mar. Concierto turbulento, apacible, de amplios horizontes, con luces extremas, sentimientos melancólicos, pasajes juguetones o dramáticos… en fin, todo lo que es la mar. Con el viento muy presente, claro, sobre la ondulante cuerda. Y con resultado desigual: excesivamente ventoso en Wagner;controlado y matizado en Chausson;y con rachas desiguales en Debussy. Y es que la mar es tan hermosa y atractiva como peligrosa;también para los músicos. Pérez Sierra -cuya figura de hombre tranquilo rebosa, sin embargo, de energía- atacó un Holandés embravecido en metales, como debe ser, pero luego la cuerda quedó algo disminuida;y eso que era frondosa en efectivos. Escuchar el Poema del amor y del mar de Chausson es, a estas alturas de programaciones repetitivas, un privilegio. La versión fue cuidada, matizada, hermosa en sus inmensidades y profunda en sus intimidades. A Miren Urbieta-Vega la recuerdo de un convincente aunque pequeño rol en La Llama de Usandizaga (2015);entonces reclamábamos para ella un papel más amplio. Pues bien, aquí, -con un orquestón detrás-, lució una voz amplia, cilíndrica, y convenientemente oscurecida para tender al dramatismo en los momentos precisos, bastante homogénea entre el agudo y el grave, y siempre templada en una tesitura constantemente tirante en la zona alta. Defendió bien el volumen necesario;y, lo que es más importante, en una obra de “lirismo estático”, hizo un fraseo muy matizado conforme al texto;por ejemplo: el matiz piano en la palabra olvido, o la voz etérea del pasaje “el tiempo de las rosas y las lilas ha pasado…”. La orquesta -con un sonido en sintonía con la soprano mientras cantaba- la respetó, adquiriendo poderío en el interludio y en los pasajes instrumentales. El director dio vida a la partitura yendo y viniendo constantemente -fue la característica de todo el concierto, también de Debussy- por el regulador. Es fundamental;a esta música de continuo movimiento, o se la matiza en cada compás, o se estanca. Igualmente bello el canto del chelo solista. Y las intervenciones de las maderas. Aunque Debussy renegaba del movimiento impresionista;lo cierto es que el impresionismo en la música, conseguía un inédito matiz de grandeza. Hay en el una savia melódica que subyace;y las ideas, por lo general sencillas y largas, nacen unas de otras, y se entrecruzan, formando la más natural polifonía. Nada mejor para plasmar lo que nos sugiere la mar. La versión escuchada cumple con las expectativas de grandeza, de sobrecoger al oyente;pero sólo en los finales conclusivos, tanto el del primer movimiento -el pleno sol-, como el del último. Al expectante comienzo le faltó tensión y ligazón. Y todo se fue haciendo con buenas intervenciones del oboe, concertino, cuerda nutrida, arpas, etc. Todo en su sitio, pero con predominio de intensidades grises.