Ikusi makusi

Referencia mundial

Por Alicia Ezker - Viernes, 8 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Fue una de esas casualidades no del todo gratas. Ocurrió el miércoles pasado. Era el día siguiente de que el juicio contra La Manada, los cinco jóvenes encarcelados acusados por la denuncia de violación de una joven en San Fermín, quedara visto para sentencia. Por detrás días intensos de informaciones, opiniones, declaraciones, indignaciones en algunos casos... por delante, un puente para desconectar y poner distancia en un suceso que a muchos y muchas nos pilla terriblemente cerca, como mujeres, como iruindarras, como periodistas, como amantes de los Sanfermines, como ciudadanas que demasiadas veces no entendemos los derroteros de la justicia, sobre todo en materia de igualdad y violencia contra las mujeres. Pero no fue tan fácil cambiar el chip. En el mismo vagón a escasos asientos, iba una persona que llevaba también días intensos defendiendo lo contrario de lo que yo creo, de lo que creo ocurrió esa noche. Desde el primer momento he creído, al igual que policías, médicos, psicólogos... a la víctima. Creo su palabra, su impotencia, su miedo, su estado de shock que la paralizó y enmudeció. Creo que se sintió violada y eso es lo que denunció. Es fácil juzgar ahora por qué no intentó escapar, gritar, arañar, golpear... Distintas maneras de decir NO. Un no que ha mantenido desde el momento de la denuncia porque nunca dijo SI. Quizás hay que trasladarse al portal donde ocurrieron los hechos y verte en ese lugar rodeada de cinco desconocidos para entender su reacción. El compañero de viaje era el abogado de uno de los acusados, alguien que por tanto creía y cree en su defendido y cree que todo fue consentido. No era el letrado mediático, por suerte, porque hubiera sido imposible soportar una palabra más de él tras su alegato final de defensa atacando a la víctima y a su vida y tratando a sus defendidos como pobres imbéciles que buscan así en su ignorancia la compasión de la justicia para sus actos. Era el abogado de otro acusado, el que entre otras perlas para defender a su cliente no dudó en atacarnos a todos atacando a la ciudad de Iruña diciendo más o menos que San Fermín es una referencia mundial del turismo sexual para jóvenes que buscan emociones fuertes. Terrible. Se le olvidó añadir algo muy importante: que el sexo forzado contra la voluntad de la mujer, por sometimiento o intimidación, es, en San Fermín y en el resto del mundo, un delito. Y precisamente si por algo somos referencia aquí es por haber levantado la voz y la mano para decir NO a las agresiones sexistas y a quienes las cometen.