Innovación Social para un nuevo Estado de Bienestar

Por Miguel Laparra - Viernes, 8 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

La Innovación Social es entendida como la introducción de nuevas formas de abordar los grandes retos sociales, que dan respuesta a las nuevas demandas de la sociedad o que generan nuevas soluciones a problemas existentes de un modo mejor y más eficiente que el que se venía haciendo. La Innovación Social se está constituyendo en un nuevo paradigma para el proceso de transformación del Estado de Bienestar en un contexto de intensos cambios sociales y de una auténtica revolución tecnológica constante. Sólo una estrategia de introducción sistemática de innovaciones sociales puede permitir que el Estado de Bienestar mantenga el ritmo de las transformaciones sociales y sea capaz de darles respuestas adecuadas y hacerlo de un modo sostenible. El desarrollo futuro del Estado de Bienestar no puede significar simplementemás de lo mismo, sino que debe implicar también cambios cualitativos en aspectos relevantes. Las innovaciones sociales deben por ello ser promovidas sistemáticamente por los poderes públicos de forma que el avance que suponen en el conocimiento puedan extenderse al conjunto del sistema de servicios y aplicarse a una escala adecuada.

En el reciente congreso Opening up to an Era of Social Innovation, auspiciada por la Comisión Europea en Lisboa, tuvimos la oportunidad de representar a Navarra gracias al proyecto ERSISI que fue seleccionado dentro del Programa Europeo de Innovación Social para trabajar en la integración de los servicios sociales y los servicios de empleo en el ámbito de la inserción social y laboral. En esa reunión se pusieron de manifiesto los avances realizados en el programa y las líneas de trabajo futuras. En cierto sentido, los proyectos presentados nos indican la línea de evolución que están siguiendo los sistemas de bienestar en Europa.

Quedó de manifiesto el amplio campo de aplicación de los programas de innovación, por supuesto en campos como la salud, la educación o la política ambiental, pero también en el ámbito específico de los servicios sociales y de empleo:

- La integración de actuaciones y servicios, en un contexto en el que aumenta progresivamente la diversidad de actores públicos y privados en toda Europa, para superar la fragmentación, la opacidad, la complejidad y las dificultades de acceso a los servicios.

- La potenciación de roles más activos e implicados por parte de los usuarios en la co-generación y co-producción de nuevos recursos o en modelos de servicios que les aportan más autonomía y capacidad de decisión, como los programas de vida independiente o la gestión de programas alimentarios.

- Las respuestas creativas a las nuevas necesidades que implica un mercado de trabajo crecientemente flexible, resolviendo, por ejemplo, el cuidado de los hijos e hijas de trabajadores con horarios especiales.

- El desarrollo de servicios multilingües que rompan las barreras de comunicación, potencien el diálogo y faciliten el acceso a la información.

- El desarrollo de soluciones tecnológicas aplicadas a superar determinadas discapacidades, a favorecer la interacción de los usuarios a través de la red, a crear nuevos códigos de comunicación universales para superar problemas muy concretos como el daltonismo.

- El aprovechamiento del torrente de información presente en la red y en los archivos de programas y servicios sociales (big data) para una mejor comprensión, e incluso previsión, de los problemas de los usuarios.

- El desarrollo de nuevas formas de financiación de servicios, articulando fuentes públicas y privadas, clásicas (subvenciones, donaciones,…) y de nuevo tipo (bonos de impacto social, crowdfunding, monedas electrónicas,…), y potenciando su confluencia para alcanzar los mejores resultados.

Pero más allá de este listado, que no agota ni mucho menos la posibilidades de la Innovación Social, se dibuja ya claramente una tendencia de evolución de las políticas sociales, que deben abrirse plenamente a la revisión y replanteamiento continuo de los programas, buscando siempre la mejor alternativa posible para abordar cada problema y superando la estandarización de procedimientos muchas veces anquilosados. Vamos hacia un nuevo diálogo entre el mundo de la ciencia y el proceso de elaboración de las políticas sociales. Esto ha de suponer un compromiso por la evaluación sistemática de los programas, de tal forma que el proceso de toma de decisiones se base en evidencias empíricas, en datos contrastados, más que en presunciones o posicionamientos ideológicos o morales. Así, los resultados obtenidos, el impacto de los programas sociales en sus usuarios y en el conjunto de la sociedad, deben convertirse en la medida y referencia insustituible para su correcta evaluación y reorientación constante.

Y la innovación social, a través de proyectos piloto de carácter experimental, es la vía que nos debe permitir encontrar alternativas de futuro a aquellos programas sociales cuyos resultados no son tan positivos. Esto requiere crear un ecosistema adecuado a la innovación también en el ámbito de las políticas sociales, con una cultura capaz de asumir riesgos y de digerir los fracasos. En diversos países europeos se están potenciado laboratorios, incubadoras y aceleradoras de la innovación social, con resultados positivos e ilusionantes, de los que todos podemos beneficiarnos posteriormente ya que, en lo general, el conocimiento en este campo no se secuestra (como en otros campos de la investigación científica o tecnológica), sino que se difunde y se comparte. La confluencia en este esfuerzo de administraciones públicas, entidades sociales, empresas, y de forma muy destacada universidades y centros de investigación, es un requisito de éxito. El desarrollo de modelos colaborativos y de intercambio nos permitirá beneficiarnos más intensamente y cuanto antes de este esfuerzo colectivo a escala europea. Solo una actitud receptiva para analizar los avances realizados en otros sitios y estudiar su transferibilidad podría tener un notable efecto positivo en nuestro sistema de bienestar.

El camino no está exento de dificultades: para avanzar en esta línea basada en la evidencia empírica y la innovación social precisamos claridad en los objetivos, que han de ser mensurables;hemos de disponer de información adecuada, que en ocasiones no existe;necesitamos tiempo y paciencia para ver los efectos reales en el corto, medio y largo plazo;habrá resistencias al cambio por parte de aquellos más acomodados en el statu quo, y a veces la propia regulación administrativa nos limitará la capacidad innovadora. Pero el esfuerzo merecerá la pena y nos dará las respuestas para abordar los principales retos del Estado de Bienestar: en última instancia, cómo ayudar más, a más personas, y cómo hacerlo de la mejor forma posible.

Es por todo ello importante el desarrollo de una política pública de Innovación Social en Navarra que nos permita incorporarnos al caudal de conocimiento y de aplicaciones prácticas que ya fluye por Europa, que potencie justamente ese carácter innovador y avanzado que históricamente ha tenido nuestro tejido social. El compromiso ya se asumía en el Plan de la Economía Social de Navarra. Ahora se trata de extender su aplicación también en otros ámbitos. Desde el Departamento de Derechos Sociales pretendemos introducir la Innovación Social en todos los sectores (empleo, dependencia, discapacidad, infancia, familia, inclusión, protección social y vivienda), de forma muy especial con los programas de subvenciones, y confiamos en que la respuesta sea muy positiva por parte de las entidades sociales, las entidades locales, las empresas y los centros de investigación.

El autor es vicepresidente de Derechos Sociales del Gobierno de Navarra