Txarpalata

La servilleta constitucional

Por Txus Iribarren - Sábado, 9 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Amí, cuando me toca intentar explicarle a alguien de fuerala cosa de la Constitución, la soberanía, la unilateralidad, la bilateralidad, el federalismo, el confederalismo... acabo huyendo de grandes conceptos abstractos y tirando de cultura de bar. Mi tesis es sencilla: “España no existe o, en todo caso, es como una servilleta”. Tras llamar la atención con este recurso retórico, cojo una del servilletero, la rompo en trozos, los junto sobre la barra y comienzo mi alocución. A ver. Hay dos grandes grupos de personas. Aquellas que se creen eso de que es una (algunos añaden grande y libre) y que en todo caso -teniendo el sartén constitucional por el mango- cabe eso de descentralizar: antes en provincias y ahora en autonomías. En esta categoría hay otros más progres que hablan de un estado federal, sin saber muy bien qué es eso y a años luz de EEUU o Alemania. En el fondo, todos coinciden en creer que la servilleta es un todo único preexistente y que si se divide, es porque el camarero quiere. Luego hay otra serie de personas que miran los trozos de papel, recomponen la servilleta y piensan que si existe ese mapa de diversas realidades históricas, culturales e identitarias es porque a lo largo de los siglos se ha ido configurando como una suma de partes, unas veces en la cama (con cruces de linajes y reyes) y otras en el campo de batalla, con conquistas y reconquistas. Pero bueno, pese a todo, desde esta interpretación es posible seguir manteniendo unido este frágil papel en base a la libre adhesión que defendió en su día Ibarretxe o la famosa bilateralidadque se viene manejando en torno al concierto y al convenio. Por esta vía iríamos a una servilleta confederal. Europa -otra realidad política plurinacional tamaño mantel- es un buen ejemplo, con incorporaciones y salidas (Brexit) ordenadas. Pero con los barmans del garito español (Ciudadanos y PP, con el PSOE sirviendo mesas), este camino parece difícil de transitar. En realidad van por la senda contraria: del café para todosal ricino 155. Los independentistas catalanes también tendrían que mirarse el cuento de la servilleta antes de lanzar a su clientela a una barra libre muy cara, pero a diferencia de los otros, han demostrado capacidad para aprender de los errores, evolucionar y ampliar su base social.