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El Hemingway más lejano a la fiesta

Edorta Jiménez y Javier Muñoz han dado a conocer la otra faceta del premio Nobel, la que enamoró a la vanguardia cultural europea de los años 20-30

Ana Ibarra Unai Beroiz - Sábado, 9 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Edorta Jiménez y Javier Muñoz posan junto a los paneles que se exhiben en la Plaza del Castillo durante toda la semana.

Edorta Jiménez y Javier Muñoz posan junto a los paneles que se exhiben en la Plaza del Castillo durante toda la semana. (UNAI BEROIZ)

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Edorta Jiménez y Javier Muñoz posan junto a los paneles que se exhiben en la Plaza del Castillo durante toda la semana.

“En 1936 se posiciona abiertamente a favor de la República y pedirá la libertad de Quintanilla”

pamplona- Recuperando a Hemingway-Hemingway bidaide es mucho más que una exposición. Es un trabajo de restauración y redignificación que rompe con la imagen de los 50 del escritor borracho que contribuyó a la masificación de los Sanfermines. Figura desdibujada y oculta a partir de 1953 seguramente por su implicación con la causa republicana. Hay dos facetas que a dos de sus investigadores les sorprende por encima de todo del autor de Fiesta: su curiosidad por el mundo y su papel como periodista, “con un estilo directo y claro, alguien que sabía cómo mezclarse con la gente, y se había que comer, se comía, y si había que beber se bebía”, advierte Javier Muñoz autor del libro Comer con Hemingway.

“Su enorme curiosidad desde la postura de un autodidacta. El nunca fue a la universidad y se codeó con las grandes luminarias. Consumía cientos de libros, se interesaba por los temas más diversos y llegaba hasta el final, se convertía en un especialista. Conocer todos los vinos, las comidas, las tradiciones, las danzas... de la montaña, de las truchas, critica la apertura de un embalse y sus efectos en el medio ambiente...”. Es lo que más le llama la atención al escritor Edorta Jiménez (autor de, entre otros libros, Hemingway eta euskaldunak zerbitzu sekretuetanySanfermingway).

Con la colaboración del Ayuntamiento de Pamplona, ambos escritores han organizado un ciclo de conferencias, charlas, visitas guiadas y exposiciones entorno a la figura del premio Nobel. Por segundo año consecutivo la iniciativa municipal quiere seguir revirtiendo la “imagen distorsionada” de Hemingway y explicar cómo este novelista situó a Pamplona en el mapa de las vanguardias culturales europeas, convirtió a la ciudad en referente iconográfico para pintores y fotógrafos mundialmente reconocido, y en definitiva, tendió un puente entre la “ciudad y la modernidad” en la década de los años 20 y encarnada en París. “Cuando Hemingway llega a París ya conoce a muchos de los artistas que están en la exposición” de la Plaza del Castillo. Tres mujeres muy potentes afincadas también en París le enseñaron el camino.

“Gertrude Stein y Alice B. Toklas, judías americanas y lesbianas. Su casa era una especie de ateneo en París donde se juntaban todos los artistas como Picasso. Desde el principio Hemingway es para ellas el niño mimado. Allí, en las fiestas y recitales que organizaba, conoce a muchos artistas. Ellas recorrieron como pareja toda Europa y recomendaron a Hemingway y a su primera mujer que viajaran a Pamplona”, aseguran. La tarde del 6 de julio de 1923, Ernest Hemingway llegó en tren por primera vez, acompañado de su esposa Hadley Richardson que estaba embarazada.

“También Silvia Beach estuvo en Pamplona antes de montar la librería Shakespear and Company en París, que la vanguardia de la cultura parisina. Fue la editora del Ulises de James Joyce”. Luis Quintanilla, pintor santanderino con el que se conoce en París, y John Dos Passos también sabían cómo era Pamplona antes que Hemingway.

“En los años 20 Pamplona estaba en todas las conversaciones en París y no tenía que ver con los toros y los encierros”, admite Edorta Jiménez. “De hecho Hemingway hace foto de los gigantes, de la gente, de la fiesta, del Chupinazo... y el tema ‘toros’ es secundario”, observa Muñoz.

En su primer viaje llega como corresponsal del semanario Toronto Star. Él recorría Europa y llegó entrevistar a Moussolini. Estuvo en Grecia y Turquía. Cubría la actualidad europea. Los Sanfermines serían un foco posterior. “Se pegaba caminatas, iban al Pirineo, no venían a beber, venían a disfrutar de la Comarca, del monte, van a pescar... no se queda sólo con la fiesta”, abundan.

También paso desapercibido como hombre de izquierdas. En 1935 escribió un artículo definitivo en Nuevas Manos, Cómo habéis matado a los veteranos, el periódico oficioso del Partido Comunista en Estados Unidos. “En 1936 se inicia la guerra civil española y es cuando se posiciona abiertamente al lado de la República aunque muchos de sus amigos toreros no lo eran. Su gran amigo Quintana está viviendo fuera por suerte. Le despojan del hotel y se convierte en un don nadie aunque sus amigos americanos le ayudan“, explica Edorta.

En 1953 puede regresar a Pamplona con “la promesa de que ninguno de sus amigos seguiría en la cárcel. Se abren las fronteras al turismo en aquel año tras el pacto entre Franco y USA. Es el momento en que los Sanfermines empiezan a coger auge. Llegan marines que están en Barcelona y Valencia, americanos que vienen masivamente...”, detallan.

Años atrás Hemingway llegó a mandar una carta al presidente de la República Alcalá Zamora para pedirle ayuda para Quintanilla. “Sus contactos con la izquierda eran muy potentes”, precisa Muñoz. En su novela de 1950 Al otro lado del río y entre los árboles,había definido a Franco como “ese gordo culo de asno”. La censura lo sabía. Pero él regresa en 1953. Y lo hará hasta 1959. En 1961 se suicida con 64 años. García Serrano, exfalangista, escribe el prólogo de un libroLos Sanfermines en 1962-1963 y lo define como barojiano y una especie de carlista bonachón, y es ahí donde comienza la recuperación de su figura. Hasta hoy. El ser inagotable que avanzó hacia la cima del mundo y luchó por la libertad, con ese halo de hombre duro y temerario, está hoy más vivo que nunca, en la Plaza del Castillo.