Nuevo plano, nuevas calles

Sábado, 9 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Aspecto de la plaza del Padre Lasa (antes de Pío XII) poco después de su construcción.

Aspecto de la plaza del Padre Lasa (antes de Pío XII) poco después de su construcción.

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Aspecto de la plaza del Padre Lasa (antes de Pío XII) poco después de su construcción.Placa de Cenón Amigot.Una de las calles del Barrio de Lourdes poco después de su construcción.Algunas de las casas fueron construídas por los propietarios en los 50.Una de las placas que se retirarán.
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las incomodidades para los vecinos, la afrenta para aquellos tudelanos que, en muchos de los casos, solo buscaban salvar su vida o la seguridad de su familia cuando se alistaron en el bando nacional, su no participación en la represión, la negación de que se trate de una ley de obligado cumplimiento o la afirmación de que se están reabriendo heridas son algunas de las opiniones contrarias que desde el pasado mes de junio se han ido oyendo para oponerse al cambio de nombre de 49 calles del Barrio de Lourdes de Tudela, al ser consideradas dentro de la categoría de “simbología franquista” tal y como lo marca la ley aprobada por el Parlamento de Navarra. Incluso se ha llegado a decir que “Tudela no es justa con sus hijos”, quizás sin pensar en lo injusto que se ha sido durante 80 años con los más de 70 tudelanos fusilados sin juicio, los 40 expulsados de la ciudad o los cientos de detenidos o ultrajados en Tudela por el mero hecho de tener una ideología diferente a la que en la capital ribera tenía las armas y tomó el poder el 18 de julio de 1936. Es cierto que la reparación para familiares de fusilados y represaliados llega muy tarde, tanto que a muchos de ellos ni les importa, pero la reparación para borrar la sensación de impunidad es obligatoria.

El pasado mes de noviembre, los vecinos del Barrio de Lourdes que recogieron firmas para que se realizara una consulta popular señalaron que “damos por cerrada la recogida de firmas para oponernos a los nuevos nombres de las calles del Barrio de Lourdes. Desde hoy este proceso queda cancelado. En este tema no nos sentimos respaldados y hay que asumirlo”. Recogieron 364 firmas, el 10% de las que necesitaban para la consulta que, a su vez, era el 10% de la población de Tudela. La colocación de las placas, que se espera que se realice antes de fin de año, pondrá un punto y final al gran paso hacia la memoria histórica que habrá dado la ciudad de Tudela.

¿símbolo?La oposición argumentó que el cambio de nombres de calles no era obligatorio (aunque nunca se plantearon denunciar el acuerdo de pleno ante el TAN) y negaba que fueran “símbolos franquistas”. En parte recurría para ello a un informe del secretario de Tudela en el que señalaba que “es difícil de entender que deban entrar en el grupo de nombres que deben ser retirados” los tudelanos que figuraban en las placas. Sin embargo, en ese mismo informe solo dos párrafos después los letrados del Consistorio señalan que “a pesar de lo dicho, hay una opinión muy extendida de que la Dictadura franquista pervivió durante cuatro largas décadas gracias al constante recuerdo de una Guerra Civil, cuya victoria justificaba la permanencia en el poder del general Franco. El régimen se veía obligado a ‘tener siempre presente el espíritu de los perecidos y conservar cuidadosamente el fruto obtenido gracias a su seminal ofrenda’. Así inaugurar una calle en su honor era un buen modo de mantener en la memoria colectiva el recuerdo de estos mártires de la causa”. Poco después concluyen que “si a ellos añadimos el papel propagandístico que tuvo en la dictadura la arquitectura franqusita, a través del Instituto Nacional de la Vivienda, tal vez se entienda mejor el nombre de las calles del citado Barrio de Lourdes”.

Aunque posteriormente citan el dictamen del TAN que apoya esta misma idea, resulta revelador cómo los propios letrados que dudaban de que fuera simbología llegan a la misma idea que la Comisión de Técnica en Materia de Memoria Histórica”.

Apoyando esta teoría, la archivera municipal de Tudela recupera un testimonio del alcalde Daniel Solano leído en 1959. “Existen una serie de hijos de la ciudad muertos en la Cruzada, que dieron su vida en sus mejores años por el bien de todos, que no han sido honrados aún para designar las nuevas calles que se construyan en Tudela. Por muchos desvelos que nos tomemos las personas jamás podremos igualar el sacrificio heróico de los que dieron todo, incluso su vida, por esta nueva España. Los caídos deben tener preferencia para esta clase de honores y distinciones ya que por mucho que sea nuestro sacrificio jamás igualará al de los que dieron su vida por Dios y por España”.

Con respecto a que el Ayuntamiento no está obligado a su retirada, el artículo 11 de la ley foral 33/2013 (aprobada bajo gobierno de UPN) señala que “el Gobierno de Navarra, en el ejercicio de sus competencias, tomará las medidas oportunas para la retirada de escudos, placas o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas”.

éticaLejos de las justificaciones legales, existe un razonamiento ético y emocional que recuerda que más de 70 tudelanos y tudelanas fueron asesinados en cunetas, tapias y descampados cercanos (algunos restos no se han recuperado) como consecuencia del régimen que ensalza estas calles. El genocidio dictado por Mola el 25 de mayo de 1936, antes del golpe de Estado, era claro, “se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo. (...) Serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicando castigos ejemplares para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas”.

La Guerra Civil dividió familias, vecinos, amigos y la ciudad en general, dejando un reguero de muertes en el frente (en ambos bandos aunque solo se conozcan los del nacional) pero también asesinatos sin juicio en retaguardia de hombres y mujeres, solo por ser de izquierdas o haberse significado. Tras tres años de horror se impuso una dictadura que decidió recordar a unos pocos elegidos, solo pertenecientes a un bando, para exaltar un régimen y servir de escarnio de quienes habían sufrido humillaciones y represión. El mejor escaparate posible era un nuevo barrio que nacía en Tudela en 1950 para gente trabajadora. Sesenta años después se ha dado el paso definitivo para tratar de paliar esa injusticia y el paso del tiempo o la falta de memoria no debe ser excusa.