Maravillosa Zaira, maldito acoso

El protagonista de la película ‘Wonder’, recién estrenada, y la pamplonesa Zaira Sardina tienen en común el acoso escolar que sufrieron por su aspecto físico

Kepa García | Unai Beroiz - Domingo, 10 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Zaira y su madre, Marisa, posan juntas días antes de que la pequeña sea operada de nuevo.

Zaira y su madre, Marisa, posan juntas días antes de que la pequeña sea operada de nuevo. (UNAI BEROIZ)

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Zaira y su madre, Marisa, posan juntas días antes de que la pequeña sea operada de nuevo.

pamplona- La película Wonder, recién estrenada y protagonizada por Julia Roberts y Owen Wilson, sitúa el foco argumental en el acoso escolar. Cuenta la historia de un niño con severas malformaciones en su rostro, presa fácil para las burlas hirientes de algunos compañeros de clase, pero resulta perfectamente aplicable a cualquier menor que sufra acoso por su aspecto, el color de su piel, su religión, etnia, inclinación sexual o cualquier motivo que le haga distinto o distinta a la mayoría.

La pamplonesa Zaira Sardina Gil, de 15 años, es una de las dos jóvenes navarras afectadas por la misma enfermedad que el protagonista de Wonder -el llamado síndrome de Treacher Collins- provocada por la mutación genética del cromosoma 5, responsable del desarrollo facial. En su caso, nació con la cara aplastada, sin forma y los oídos sin desarrollar del todo. Ha tenido que someterse a 16 operaciones para ir poniendo en orden aquello que la naturaleza pasó por alto.

Mañana afrontará su decimoséptima intervención quirúrgica. Le van a realizar una distracción mandibular en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, el centro nacional de referencia para esta patología, donde tendrá que permanecer internada casi dos semanas. Luego vendrán las visitas semanales para comprobar que todo marcha bien, las curas y adiós al curso. “Estoy aburrida, nerviosa e histérica pérdida”, comentó el viernes ante la perspectiva de su inminente nueva visita al quirófano.

Zaira tuvo ocasión de conocer a la escritora argentina, Raquel J. Palacios, autora del libro que Hollywood ha llevado a la gran pantalla, y hace dos semanas fue invitada al preestreno de Wonder en el Caixa Forum de Barcelona, en el marco del Festival de cine y discapacidad Inclús.

Ya la ha visto tres veces más desde entonces y es seguro que no serán las últimas. Lloró de alegría y lloró de pena, se emocionó al ver situaciones que ha tenido que vivir en primera persona y reconoce, con la sonrisa picarona de la adolescente que ya es, lo mucho que le ha gustado el atractivo actor rubio que interpreta al padre de Auggie, el protagonista.

Las historias de Zaira y Auggie tienen sus diferencias -como que ella nunca usó un casco de astronauta que le ocultara el rostro para salir a la calle y que asistió al colegio desde infantil, no como el personaje de la película que los primeros años aprendió en casa con su madre- pero también presentan muchas similitudes, a veces calcadas.

Como sucede en el film, Zaira cuenta con un entorno familiar que se ha volcado con ella, que le ha ayudado a salir adelante, que ha estado a su lado en las idas y venidas de los centros hospitalarios. Su madre, Marisa Gil, siempre cerca suya, fue la que puso en marcha la Asociación Nacional Síndrome de Treacher Collins, en la que también colaboran su padre Juan y su hermano Arkaitz, y se mueven por donde sea para dar a conocer la realidad que les ha tocado vivir y lo mucho que necesitan.

Zaira descubrió en el colegio, como el personaje de Wonder, la amistad de sus primeros compañeros de clase, los juegos en grupo y evoca con cariño cómo se preocupaban por ella cuando la veían llorar. Pero también conoció muy de cerca el acoso y la incomprensión, la soledad y las lágrimas derramadas en un rincón apartado del patio, solo por tener un aspecto diferente.

Al recordarlo, Zaira cambia de forma instintiva. Abandona el trato abierto y afable del que hace gala desde el primer instante de la conversación y se vuelve silenciosa. Su madre es la que tiene que relatar el calvario que sufrió la pequeña y lo que supuso para la familia conocer el trato que estaba sufriendo en el colegio sin saberlo.

“Le quitaban cosas, le hacían el vacío o le decían que tenía una enfermedad contagiosa. Un día le llegaron a encerrar en un baño con otro niño que sufría síndrome de Down. Lo peor fue la respuesta que recibimos del centro, las excusas de algunos padres diciendo que eran cosas de niños. Solo hubo un profesor que salió en su defensa”, recordaba con profundo amargor Marisa.

Zaira apenas cuenta nada de aquel episodio. No quiere ni acordarse. Que le obligaran a repetir el curso y cambiaran sus compañeros de clase fue lo peor que le podía suceder. De la comprensión y el apoyo que tuvo en los primeros cursos de infantil había pasado al acoso escolar con mayúsculas. “No dije nada por miedo, miedo al colegio, a lo que me pudiera pasar luego”. El silencio, cómplice indispensable de los acosadores, había hecho su papel.

Ahora estudia segundo de la ESO en el instituto Iñaki Ochoa de Olza, donde la situación es bien distinta. El único inconveniente es el retraso provocado por las continuas operaciones y atenciones médicas, que pueden complicar su futuro académico. Zaira quiere ser peluquera o doctora especialista maxilofacial, algo que ha tenido muy presente desde que a los 4 años fue intervenida por primera vez.

Ya han empezado a hacer planes para después de la operación de mañana y les encantaría que se hiciera en Pamplona un acto similar al de Barcelona con motivo del estreno de Wonder.Algo tienen hablado. Ojalá su idea pudiera ser una realidad. Sería maravilloso, como la película, como lo es ella.