Recursos humanos

Un dilema

Por Maite Pérez Larumbe - Martes, 12 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Quedo con C. C siempre me ha parecido buena. Ni empalagosa ni obsequiosa ni blandita. Su forma de pensar en las personas desecha cualquier adherencia malintencionada. Las mira bien y se nota cuando habla. No quiere decir que no vea. Es lista. Lo que me gusta de ella es que esta condición, la bondad, aunque algo tendrá de innata, habrá tenido que ser alimentada con regularidad. Que no será gratis, vaya. Y eso siempre es digno de reconocimiento.

Me cuenta que la semana pasada entró a un establecimiento que le pillaba de paso y que se quedó de piedra porque vio a A, a quien conoce de sobra, con quien comparte amigos y con quien ha coincidido desde hace décadas, metiéndose en el bolsillo varios artículos pequeños de cierto valor. Que no supo qué hacer.

Se pregunta qué le pasa a A, por qué hace eso y qué necesidad tenía ella de haberlo visto. Lleva días dándole vueltas. Saber llama a mover o no mover ficha. Dice también que ninguna alternativa le pareció buena. Las robadas no eran, desde luego, mercancías de primera necesidad. ¿Podían pillarla? Claro. ¿Habría cámaras? Seguro. A no parece tener grandes problemas. Buen, quién sabe, igual no es nada o igual sí… Le cuesta creer que A no calculara los riesgos.

Como cuando la vio ya llevaba en la mano lo que buscaba, decidió que si pasaba algo A no la querría tener cerca y pensó que lo mejor era dar un paseo distraído mirando las baldas mientras hacía tiempo para no encontrársela en la caja. No me quedé tranquila, dice C, ¿qué tenía que haber hecho? Y sigo así, con esa sensación de incomodidad y de incapacidad que se renueva cuando abro la nevera y veo el bote de mostaza que entré a comprar.