Mesa de Redacción

Una esperanza a la que no renunciar

Por Joseba Santamaria - Martes, 12 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Un año más se conmemora el Día Internacional de los Derechos Humanos, una fecha de celebración por los derechos alcanzados y también para recordar que hay muchas personas que todavía carecen de ellos. Sólo basta ver cómo coincidiendo con esa fecha oficial, decenas de informaciones daban nota al mismo tiempo de situaciones desoladoras de abandono, tortura, masacres, esclavitud, exterminio, guerra, etcétera que afectan a millones de personas. Pese a que los hechos que conforman la realidad diaria en estas mismas fechas hacen parecer que el recordatorio de la Declaración Universal de 1948 sea un ejercicio inútil, un trámite absurdo, merece la pena insistir en sus contenidos. Esta jornada busca insistir en que son muchos los estados que aún utilizan la tortura y la pena de muerte, que sigue habiendo muchas personas perseguidas por sus opiniones, que millones sufren la violencia política, la persecución terrorista, la violencia machista, el fanatismo religioso o que cientos de millones viven en la más absoluta pobreza. Y no sólo hay ausencia de derechos fundamentales lejos de aquí, el propio Estado español ha retrocedido en cuestiones fundamentales -derechos laborales, libertades civiles y políticas, políticas penitenciarias, separación democrática de poderes, garantismo en la justicia, reparto de la riqueza, etcétera- a tiempos muy anteriores a ese 1948 y apenas nos hemos dado cuenta de esa involución. Visto su incumplimiento sistemático por quienes asumieron la obligación política y ética de garantizar su cumplimiento, posiblemente ahora no se firmaría la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Pero está firmada y vinculada a la legislación internacional. Sigue siendo, al menos, una esperanza.