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Ricardo García Vilanova fotoperiodista de guerra

“El Estado Islámico va a intentar contrarrestar su pérdida de poder con actos terroristas cada vez más terribles”

Ricardo García acaba de regresar de Siria y presagia que, pese al debilitamiento de los yihadistas, el conflicto armado en el país todavía está lejos de llegar a su fin

Unai Yoldi Hualde | Unai Beroiz - Martes, 12 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Ricardo García Vilanova posa en Baluarte, donde se expone su trabajo ‘Destellos en la oscuridad’.

Ricardo García Vilanova posa en Baluarte, donde se expone su trabajo ‘Destellos en la oscuridad’. (UNAI BEROIZ)

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Ricardo García Vilanova posa en Baluarte, donde se expone su trabajo ‘Destellos en la oscuridad’.

pamplona- Empatía y respeto por el dolor ajeno. Estos son los cimientos con los que el fotoperiodista Ricardo García Vilanova (Barcelona, 1973) desarrolla su profesión en países como Haití, Afganistán, Libia, Irak o Siria. De este último acaba de volver hace unos días y afirma dejar atrás una sociedad “fragmentada y sin rumbo”. Desde muy pequeño tuvo claro cuál era su pasión, por lo que estudió Fotografía en la Universidad Politécnica de Catalunya y posteriormente Imagen y Sonido. En los últimos años, Ricardo, con su Fuji X-T2 y otra cámara pequeña de repuesto, se ha centrado en Siria, Irak y Libia y ha realizado la cobertura del auge yla caida del califato. Fue secuestrado en 2013 por el Estado Islámico (EI), pero, fiel a sus principios, nunca ha hablado de ello y lo asume como una gaje del oficio. Ahora ha hecho escala en Pamplona para exponer su trabajo Destellos en la oscuridad, que puede verse en el Baluarte hasta el 20 de diciembre, y volverá a su casa para pasar las navidades. Después, piensa volver a Siria, aunque los últimos acontecimientos en Gaza, a raíz de las declaraciones de Trump sobre Jerusalén, le hacen replantearse su destino. En cualquier caso, lo que tiene muy claro es que su lugar está allí donde haya conflictos que contar.

¿Cuándo empezó su pasión por cubrir estos acontecimientos?

-Desde joven, pero entendía que no tenía ni los medios ni los recursos suficientes como para hacerlo. Fue un proceso lento, empecé fotografiando bodas, bautizos, comuniones, etc. La pasta que ganaba la reinvertía en viajes, que al principio eran cortos y luego cada vez los hacía más largos, hasta que conseguí dedicarme a esto.

¿Qué le atrae de la guerra?

-Pues varias cosas. Lo principal es el hecho de explicar la historia, si no tienes esa vocación por querer contar lo que ocurre no tiene sentido que estés ahí. También vivir esa historia es una sensación extraña porque estás viviendo cosas que en unos años estarán en los libros. En tercer lugar, me gusta conocer todo tipo de gente, ver la naturaleza humana, cómo actuamos en situaciones tan extremas.

Usted acaba de volver de Siria, ¿qué fotografía hace de la situación actual del país?

-Siria está muy fragmentada, igual que Irak y Libia. Están a la deriva y tienen un gran problema con las múltiples injerencias. En Irak y Siria es más un tema sectario y en Libia de familias, todas quieren tener el poder y esa es la gran problemática.

El domingo Irak declaró el fin de la guerra contra el Estado Islámico dentro de sus fronteras, ¿estamos más cerca del final del conflicto o todavía queda un largo camino?

-Creo que queda mucho. El EI antes tenía capacidad o autoridad para constituirse como Estado porque controlaba una gran cantidad de territorio que ahora ha perdido, por lo que ya no se pueden considerar como tal. No obstante, no van a dejar de ser lo que son, van a intentar contrarrestar su pérdida de poder y de percepción de su mundo con actos terroristas cada vez más terribles y creo que habrá una mutación de este grupo hacia algo todavía peor.

¿Cómo son los yihadistas?

-Hay algunos que lo son por motivaciones religiosas, otros son fanáticos o psicópatas, otros simplemente están ahí por dinero y hay gente que por sobrevivir. No hay un extracto social, hay gente de todo tipo con dinero y sin dinero. También algunos yihadistas buscan una identidad. Por ejemplo, los terroristas de las ramblas estaban integrados en la sociedad catalana y mira lo que hicieron. La edad también es un factor muy influyente.

¿Suelen ser jóvenes?

-La carne de cañón sí.

En Occidente parece que existe una visión magnificada de los yihadistas, ¿vistos desde cerca son, por decirlo de alguna manera, más de carne y hueso?

-Hay de todo. Hay personas realmente chungas y psicópatas y otras que les mueven solo motivos económicos. En cualquier caso, la imagen del tarado con el cuchillo sí que existe.

Pasando a su trabajo, usted cuando llega a un país en conflicto ¿cómo sabe por dónde moverse?

-La forma de trabajar es la de la pirámide a la inversa. Tienes un contacto y ese te da otro y ese a otros y así te vas moviendo. A estas personas se les conoce como fixer y en Siria ha habido épocas en que un periodista les tenía que pagar 500 dólares y 1.000 si eras de una televisión. Yo la verdad que nunca pagué porque estuve desde el inicio y me movían amigos, entonces no me cobraban y yo les ayudaba a ellos con mil cosas. Entendían que era freelance y que no podía permitírmelo.

En la exposición hay fotografías de civiles y de soldados, ¿Cúales son las diferentes zonas que se cubren?

-Hay tres grupos muy definidos de trabajo en una guerra: los civiles, los hospitales y los combates. Por civiles entiendo a todo lo que les afecta, como puede ser el combate o los campos de refugiados. El frente también es muy importante para contar porque es parte de la historia y los hospitales son el desenlace, los cementerios donde van a parar las personas.

Imagino que el frente de combate es la zona más peligrosa, ¿qué se le pasa por la cabeza en esos momentos en los que se juega la vida?

-La verdad es que no pienso. Quienes sufren y quienes ponen su vida en riesgo son ellos, tú estás casi como un turista. Obviamente tienes que tener conciencia de dónde estás, pero al final nadie te obliga a ir ahí.

Aun así, no debe de ser fácil mantener el tipo en un momento así, ¿no?

-No, pero estoy en contra del periodista o fotógrafo estrellita que va y vuelve y se hace con la historia, te cuenta cuánto ha sufrido y eso es algo que me carga mucho. Los periodistas no tienen que contar esa historia como propia y parece que estamos tirando en el otro sentido. Hay quienes te van a explicar la guerra de Siria y se tiran dos horas hablando de ellos. A mí lo que ellos hayan vivido, con perdón, no me importa nada.

Dice que nadie le obliga a estar ahí, entonces ¿qué le lleva a regresar una y otra vez?

-Hay varios motivos. A mi edad no podría hacer otra cosa que no sea esto y estoy tan involucrado a nivel profesional que sería difícil reenfocar mi vida. Además, me gusta la dinámica que conlleva todo esto. No tener una rutina, ni un jefe que te diga lo que tienes que hacer. La desventaja es que no sabes como vas a pagar las facturas del mes que viene, pero bueno, voy sobreviviendo.

Cuando está en estos países, ¿no sigue ningún tipo de hábito?

-Ya te digo que no hay rutina, cada día es diferente, no te lo esperas. Hay algunos que te aburres soberanamente y otros que tienes un caos absoluto y todo es totalmente aleatorio. Una guerra es un caos en todos los sentidos.

A la hora de colocar los temas, se depende mucho de los picos informativos, ¿no?

-Sí, hay veces que ganas y otras que pierdes dinero. Este año ha sido bastante desastroso. Lo que tienes que hacer es camelarte a la gente para tener precios más asequibles.

¿Es más sencillo si trabaja solo?

-Claro, cuantos más estás más gastos tienes y más complicado es todo. También es mejor desde el punto de vista de la seguridad, si tienes que salir corriendo hay muchos más problemas para huir en moto o en coche y eres un objetivo más fácil.

Durante estos años habrá entablado amistad con muchas personas, ¿cómo ven ellos el futuro de sus países?

-Pues lo ven muy negro porque están fragmentados y sin rumbo. Muchos de ellos dicen que los dictadores eran unos asesinos pero que eran el mal menor y que estaban mejor antes, y otros que todas las muertes que se han producido son para un bien futuro.

¿Qué es lo más importante en un reportero de guerra?

-Empatía y respeto. Trabajas con el dolor ajeno y tienes que ser consciente de que sufren y respetar ese dolor. Si no quieren fotos no las tienes que hacer, ellos deciden si puedes disparar la cámara o no.

¿Es el dolor una línea roja?

-Lo de las líneas rojas es subjetivo. Para mí, el límite está en no hacer una foto en la que si yo fuera el protagonista no me gustaría que me la sacaran. Pero mi criterio es subjetivo, igual el de otro es diferente. Por ejemplo, ellos no tienen líneas rojas, son capaces de hacer unas fotos de un tío con las tripas al aire y colgarlas en Facebook.

¿Se ha arrepentido alguna vez de sacar una foto?

-No, me he arrepentido de las que no he podido hacer.

Uno de los episodios más traumáticos que le ha tocado vivir fue, seguramente, su secuestro, ¿cómo ocurrió?

-Estuve unos siete meses, pero yo no hablo de ello. Primero porque el hecho de que el protagonista sea yo, no va con lo que yo entiendo como periodismo. Hablar de ese secuestro concretamente me parece una falta de respeto teniendo en cuenta que estamos hablando de un conflicto en el que han muerto más de 350.000 personas. A mí nadie me obligó a ir y lo que pasó forma parte de mi trabajo. Y en segundo lugar me parece inmoral lucrarte de algo así.

Dice que fue parte de su trabajo, ¿no se considera una víctima?

-Yo estaba ahí por mi trabajo, por lo tanto lo que me pasó fue por eso. No me considero una víctima, es como el bombero que se quema apagando fuego. Son cosas que asumes en un ejercicio de franqueza contigo mismo.