Música

Mucho Beethoven

Por Teobaldos - Viernes, 15 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

concierto de judith jáuregui

Intérpretes: Judith Jáuregui, piano. Director y coreógrafo: Antonio Márquez. Programa: Beethoven: sonatas 2, 13, 25 y 4. Ligeti: estudios 11 y 12. José Luis Greco: Study in Stride. Programación: Beethoven actual de la fundación Baluarte y del Inaem. Lugar: sala de cámara de Baluarte. Fecha: 12 de diciembre de 2017. Público: menos de media entrada (12 euros).

seguimos con el ciclópeo ciclo de la integral de las sonatas para piano de Beethoven. Un atrevimiento programático del Baluarte dirigido al que no le tenga miedo a profundizar en la evolución del genio de Bonn. Porque, al igual que en Schubert, o, incluso, en Mozart, en Beethoven la diferencia entre las primeras y las últimas sonatas es grandísima. Esa es la gracia del ciclo: la visión -audición- y contraste entre las obras que se van sirviendo intercaladas;y la versión de los intérpretes;cómo unos inciden más en el estilo beetoveniano, ya en las primeras sonatas;o cómo abordan los complejos opus últimos. En cualquier caso, siempre, mucho Beethoven. No sé cuales son los criterios de elección de las partituras por parte de estos arrendados y buenos pianistas elegidos para el acontecimiento;pero, aunque intercaladas, se va adensando hacia el final del ciclo. Por otra parte, ofrecer cuatro sonatas -aunque algunas sean cortas- en un solo concierto, desde el punto de vista del marketing, asusta un poco al aficionado. Pero tienen la ventaja de la inmersión beethoveniana.

Judith Jáuregui -querida intérprete que nos ha visitado ya en varias ocasiones- se movió mucho mejor en las sonatas primeras -la número 2 y la número 4-, que en la 13 y 25. Abrió el concierto con la 2 en la mayor, con una allegro vivace atacado muy bruscamente para lo que suele ser habitual en esta pianista. En los dos movimientos siguientes, la cosa fue mejor, ya que Jáuregui saca un muy bello sonido en lamedia voz;terminando con soltura el cuarto. En la número 13, opus 27, aunque la dio de memoria -como todas-, parecía no haberla asimilado bien, con pasajes -sobre todo el allegro vivace- bastante emborronados. Cambió radicalmente la cosa en la segunda parte del concierto. La sonata 25 en sol mayor tuvo otra fluidez, otra claridad. Y, sobre todo la número 4, que cerraba la velada, aún con algunos tempi caprichosos, o sea con una visión y versión propia y legítima, llegó al oyente con elegancia, delicadeza, claridad clásica, fuerza expresiva -muy bien el largo-, y gracia musical. Para mi fue la más cuajada. O por lo menos, la que más claramente entendí. Siempre hay que salvar la propia labor de investigación de la intérprete.

El ciclo, además, intercala unos flecos, quizás a modo de cortinas de separación entre las sonatas, de músicas contemporáneas: Ligeti y Greco. En ambos Jáuregui se lució. Sobre todo fue un descubrimiento la partitura de José Greco, con un virtuosismo de intérprete de jazz, arrebatador, y una fuerza rítmica apabullante;y es que Greco -muy ligado al mundo de la danza- llena su música del ambiente hillyboodiense de Gershwin, que, sobre todo, invita a bailar. Ciertamente es una partitura de una exigencia extrema muy bien solucionada por la pianista vasca. Atendiendo a los insistentes aplausos del público, de propina dio un maravilloso e impecable Mompou, otro compositor muy querido por ella.