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¿Qué cliente siempre tiene razón?

Andrea San Martín Chaler - Viernes, 15 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Soy una chica de 25 años y aunque no tenga un salario comparable con un jugador de fútbol de Primera División, en ocasiones me gusta ir a restaurantes como a cualquier persona que le guste disfrutar de la comida y por supuesto, me gusta que me traten bien. No es la primera vez que el trato en ciertos restaurantes me hace reflexionar sobre la desigualdad que sufrimos la población joven en el sector de la hostelería. El pasado 9 de diciembre, en un restaurante de Olite, la camarera no me devolvió las vueltas de la cuenta pagada. Las reclamé y tras reírse en mi cara (según ella podía hacerlo) me devolvió el importe que ya había ingresado en el bote de propinas sin consultármelo. No soy la primera ni seré la última que reciba este trato injusto por parte de los hosteleros por el hecho de considerarnos como clientes a los que pueden engañar o quitar importancia a las quejas que surjan. Esto se define como impotencia.

Desconozco el motivo por el que a las personas que ellos consideran más adultas y por lo tanto más privilegiadas reciben un mejor trato, mayor amabilidad y simpatía, poca espera para tener la comida servida, mejor localización en la sala de comedor, preguntas sobre el estado de comida... La lista de ventajas por no tener la edad máxima que indica el carnet joven es infinita. Y no lo comprendo. ¿Alguien lo entiende? ¿Qué me hace diferente a mí, una chica de 25 años, de una persona de 60 años? ¿Consideran que me voy a gastar menos dinero y por eso me tienen que tratar de menos? ¿Es sinónimo el tener mayor poder adquisitivo con tener derecho de recibir un mejor trato? El cliente siempre tiene la razón, según dicen los libros de marketing. Lo que no dicen estos libros es qué tipo de cliente tiene derecho a merecerla.

Considero que a los jóvenes adultos nos discriminan. Que existen desigualdades. Hoy en día la opinión de la gente más joven debería de valorarse y tenerse en cuenta. Nuestra opinión circula por las redes sociales a velocidades incalculables. Nuestra experiencia es capaz de dar la vuelta al mundo en un día a través de las nuevas tecnologías. Me gustaría recordar a estos locales que somos la misma población joven que en unos años, ya convertidos en adultos con un mayor poder adquisitivo (parece que es lo único que importa para que a alguien le tomen en serio), decidan volver o no a consumir en esos mismo restaurantes en el que un día nos negaron el buen trato.

En el precio de los platos viene incluido el servicio del personal. Y yo entiendo que a día de hoy una buena educación vale más que cualquier edad.

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