'JARDINES EN EL AIRE'

Mirar, pensar, sentir

Son las acciones que Mariano Arsuaga espera que el espectador lleve a cabo cuando se sumerja en su exposición ‘Jardines en el aire’, con la que invita a habitar el universo de color que ha creado en el Pabellón de Mixtos de la Ciudadela.

Un reportaje de Amaia Rodríguez Oroz. | Fotografía Oskar Montero - Sábado, 16 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

El pintor Mariano Arsuaga, junto a su obra ‘Reloj de arena’.

El pintor Mariano Arsuaga, junto a su obra ‘Reloj de arena’. (OSKAR MONTERO)

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El pintor Mariano Arsuaga, junto a su obra ‘Reloj de arena’.

Caminar por un sueño o un recuerdo. Habitar un universo de color. Descubrir las claves sensibles e intelectuales que han dado forma a unos cuadros. Recorrer las hojas de unos diarios que describen las historias de unos trazos que nacieron en un taller, en un valle, tal vez ayer, o quizá hoy, o en cada momento, al encontrarse con cada visitante. Un lugar donde mirar, pensar y sentir el arco de intenciones completo de la pintura. Así es cómo el propio Mariano Arsuaga presenta la exposición Jardines en el aire, un trabajo que le ha costado siete años llevar a cabo y que ahora expone -y hasta el 4 de febrero- en el Pabellón de Mixtos de la Ciudadela. La muestra, además, forma parte de una propuesta que engloba tres exposiciones diferentes, aunque hermanas. La primera se ha desarrollado este otoño en la Ganbara del Koldo Mitxelena Kulturunea de San Sebastián, la segunda es esta misma y la tercera llegará en primavera a la Fundación Sancho el Sabio de Vitoria.

“Ahora mismo estamos en un jardín en el aire”, dice Arsuaga a los periodistas durante la presentación de la muestra, haciendo referencia al cuadro que está instalado en el suelo de la planta baja del Pabellón de Mixtos y que permite al espectador introducirse de lleno en ese universo de color que ha creado con sus cuadros. Mientras, habla de la “potencia del color”. Con él, ha creado un espacio tranquilo, gozoso, donde pasear y disfrutar del entorno. Igual que en un jardín. Pero además del entorno, que pretende acentuar las sensaciones visuales del espectador, Arsuaga ha creado un espacio donde reflexionar sobre el tiempo, sobre el ansia de “querer retenerlo”, lo que considera una batalla perdida. “Esta exposición es efímera, frágil, como lo es la vida misma”, afirma. Así, confiesa que sus cuadros reflejan “una necesidad de disfrutar del instante presente”, algo que aprendió en 2010, cuando comenzó a recuperarse del inmovilismo y volvió a pasear por la senda de la pintura. “A veces no somos conscientes de que el instante es lo importante”, reflexiona. Ese tránsito desde una oscura situación hasta otra luminosidad se refleja en sus pinturas, en el paso de los barrotes de celda al espacio luminoso de la naturaleza en los troncos que cierran la muestra.

Entre los cuadros de la exposición, destaca un Reloj de arena que el pintor -no le gusta denominarse artista, porque considera que los artistas son “aquellas personas capaces de cambiar la vida de las personas”- ha elaborado a partir de los botes de pintura en los que mezcla los colores. “La suma de todos esos botes es lo que soy ahora;es lo que es ahora mi pintura”, apunta, para añadir que su trabajo “está impregnado” de todas sus vivencias, una evolución que se aprecia en las paredes de Mixtos. Y, concretamente, se ve bien reflejada en Cuatro veces nieve, en el que “la fragilidad de la vida” se muestra en un “hermoso arcoíris”. Pero a pesar de esta evolución visible, todos los cuadros muestran la misma esencia, y es que, tal y como afirma el propio Arsuaga, “el estilo es lo que siempre queda a pesar de uno mismo”.

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