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Música

Más Beethoven

Por Teobaldos - Sábado, 16 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Orquesta Sinfónica de Navarra

Eldar Nebolsin, piano. Juanjo Mena, dirección. Programa: Beethoven: concierto para piano número 5, Emperador, y Séptima Sinfonía. Programación: ciclo de la orquesta. Lugar: sala principal del Baluarte. Fecha: 14 de diciembre de 2017. Público: tres cuartos de entrada.

Programar El Emperador y la séptima de Beethoven es ir sobre seguro;como dice un vecino de abono, al fin y al cabo: “Beethoven es el solomillo”;pero tiene riesgos;todo el mundo viene al concierto con la versión de su disco. Pero, en este caso;sean cuales sean las versiones que uno traiga, las de Juanjo Mena y Nebolsin han sido las de dos grandes maestros. Juanjo Mena ha pensado en la sonoridad que mejor iba a la orquesta, en una versión cuidada al máximo, extrayendo miles de matices, marcando un tempo más bien ágil para un instrumento de composición y base clásica, más que de grueso romanticismo;sacándole, además, una fuerza brillante;con un volumen -en muchos tramos superior a los elementos que componen la orquesta- arrebatador y pleno, salido del contraste entre los matices en piano, la expectación sostenida, y la regulación, bien paulatina, o rozando el esforzando. Tanto en el concierto de piano -en connivencia con el solista-, como en la sinfonía, se ha ido a lo fundamental, a dejar que se oiga todo con claridad, sin retórica;que todo salga de los prodigiosos temas del compositor y que el oyente se recree en ellos;y también que se escuchen las segundas voces, el entramado que subyace sobre el instrumento o instrumentos protagonistas. En este sentido, Mena tuvo detalles que no se suelen escuchar;como el tratamiento que dio a las trompas, de las que buscó un sonido protagónico y brillante, pero siempre redondo y en el que metió a las trompetas -nunca el metal por encima de la cuerda-;o las voces secundarias de violines y cuerda grave en pizzicato, mientras se lucen las maderas con el tema principal;o el desmenuzamiento, casi pedagógico, del pasaje fugado del segundo movimiento de la sinfonía: pocas veces tan bien explicado y tan bien entendido. Y todo dentro de una sonoridad homogénea del conjunto, pero rica por familias;con la cuerda grave como motor del comienzo de los crescendos, y la cuerda aguda mandando;todos con una calidad sonora de bisturí que permite diseccionarlo todo con precisión milimétrica. Beethoven surge así, en todo su ser y poderío.

Si Mena ofreció timbres orquestales de oro, Eldar Nebolsin sacó al piano unos colores y riquezas tímbricas inusitadas. A mi juicio, la versión que Nebolsin hizo del Emperador fue un punto rápida, o más bien, diría que excesivamente suelta, no ligada;lo cual fue un prodigio de virtuosismo: impresionante juego de manos, inigualable el poderío de la mano izquierda, fulgurante la agilidad de sus escalas, riquísima la gama de intensidades en la pulsación, con el consiguiente resultado de matices pianísimo, fuertes, sonoridades estáticas expectantes, etc. Por lo que me parece una pena que, después de conseguir un sonido tan absolutamente bello, no nos deje disfrutar un poco más de el;no le de un poco más de extensión con el pedal. Sí que se recreó en el adagio. En cualquier caso, una maravilla. Y la orquesta, igual. Y la Bagatela, de propina, lo mismo. Velada inolvidable.

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