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Alucinante realidad

Sábado, 16 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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NOVELA

LA BANDA DE LOS NIÑOS

Autor: Roberto Saviano. Editorial: Anagrama, 2017. Páginas: 377.

Hacer olvidar el impacto de una novela como Gomorra (2006) parece una tarea poco menos que imposible, incluso una temeridad. Y, sin embargo, durante el tiempo que lleva consigo leer La banda de los niños, puede uno dejar a un lado del camino aquellas andanzas, pues la historia narrada en lo último de Roberto Saviano es emotiva, ¡cómo no, en alguien de quien se espera sinceridad y seriedad por encima de cualquier otra virtud!, pero la fuerza del libro reside en el relato en sí, realista e increíble a un tiempo:

“-¿Me estás mirando?

-No, para nada.

-¿Y qué miras?

Lo último de Roberto Saviano es emotivo, ¡cómo no, en alguien de quien se espera sinceridad y seriedad por encima de cualquier otra virtud!

‘La banda de los niños’ es la desesperada existencia de unos niños predestinados a la muerte en vida des

-Oye, hermano, ¡te confundes! Yo no tengo nada que ver contigo.

Renatino estaba entre los otros chicos, hacía rato que lo habían visto en medio de la selva de cuerpos, pero cuando se dio cuenta ya lo habían rodeado entre cuatro. La mirada es territorio, es patria, mirar a alguien es entrar en su casa sin permiso. Observar a alguien es invadirlo. No desviar la mirada es manifestación de poder”. Así nace El enmierdamiento, capítulo que da inicio al último libro del autor de Vente conmigo (2011) y CeroCeroCero (2014). Y así es como el lector es trasladado de manera inmediata a la cruda realidad.

Alucinante realidad: “Pajarito giró la Vespa en sentido contrario y salió disparado sin siquiera despedirse, sin decirle sí, sin darle el número de teléfono. Volvió a Ponticelli, volvió al trozo de alquitrán y cemento al que habían sido condenados él y los suyos. Una celda al aire libre, la llamaba alguien. Guantánamo, decía algún otro. Y el detenido número uno estaba tranquilo en aislamiento, porque para cerrar el paso a cualquiera que no fuera bien recibido estaba el Cigüeñón, cocinero, asistente y dama de compañía de don Vittorio el Arcángel”. Pajarito, en aquel Nápoles tercermundista, es tan solo uno más, otro de los objetivos de un arma rápida donde el Marajá lidera la banda de desesperados que sueña con heredar las migajas del tráfico de tráficos que enriquecen a quienes no temen mirar cara a cara a la Parca.

Saviano, por cierto, es periodista. Es, sobre todo, periodista, ocupación que le ha obligado a contar la verdad, aunque, en casos como el presente, la vista de ficción: “Lo habían condenado por un homicidio, pero todos sabían que había cometido más de diez. La leyenda, además, iba ensartando números como en la lotería”. Los lectores de La Repubblica y L’Espresso ya cuentan desde hace cierto tiempo con la atenta mirada de Saviano, la que le llevaría a ser amenazado de muerte por aquellos a los que no hay que tomar en broma ni en el más despejado de los escenarios, pero todos contamos con su habilidad y valentía gracias a sus novelas. Gracias a La banda de los niños. A la desesperada existencia de unos niños predestinados a la muerte en vida, descrita con desesperación y sin molestos preámbulos en La paranza dei bambini.

Sin ir más lejos: “Entretanto, en la chabola donde estaba prisionero Nicolás entró el que debía de ser el jefe. Se movía como si todo allí dentro fuera algo suyo. No seres humanos, ni animales. Sino cosas. Y naturalmente cosas suyas. Llevaba un chándal de Adidas que parecía recién salido de la tienda. Era varias tallas grande y el gitano se había vuelto las mangas un par de veces y los pantalones le arrastraban por el suelo. Estaba visiblemente preocupado por aquella invasión y mordía ávido un palillo. Hablaba un italiano muy limitado, debía de haber llegado hacía poco.

-¿Y tú quién coño eres?

-Nicolas, de los Tribunali.

¿Y a quién perteneces?

-A mí”.

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