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Agua: artículo de lujo en los pueblos de montaña

Por Laura Juampérez Mandacen - Sábado, 16 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

La gestión del agua es, ha sido, y será más aún en el futuro un tema clave en el desarrollo social y económico de cualquier región. Desde luego, también de Navarra.

Representa, además, un tema dado a los desencuentros y carente de cualquier consenso. En el caso de Navarra, todo apunta a que el actual Gobierno -que tanto se opuso en su momento a la construcción de Itoiz o y del Canal de Navarra- no se ha atrevido, ni ha sabido compensar de algún modo, la brecha que dejó abierta esta macro obra en la comunidad, donde no hay nadie contento con ella: ni la Ribera, que sigue diciendo que no cuenta con agua de calidad para boca ni para riego, ni desde luego el norte, del que se llevan todos recursos, incluido el agua.

En todo este debate, un dato del que no se habla es del precio que tiene el agua para cada persona en Navarra, que no depende de la gestión del Gobierno sino de cada entidad local. En particular, de los ayuntamientos, pero donde el Gobierno sí está tomando decisiones para abaratar el precio y asegurar el suministro (véase la noticia publicada sobre la decisión de subvencionar el canon que paga la Mancomunidad de Pamplona por el agua de Itoiz con más de medio millón de euros procedentes de fondos de la PAC).

Esto, que de entrada puede tener interés (para los habitantes de Pamplona, sobre todo), se traduce en este momento en que el precio del m3 de agua en Pamplona sea de 0,28 y 0,40 € m3 de saneamiento (Ordenanza Reguladora del Precio del Agua 2017) y, en cambio, en algunos pueblos de montaña o de zonas rurales tengan precios de casi el doble -como Garralda (Valle de Aezkoa), donde el precio por m3 es 0,50 + 0,58 € m3 de saneamiento de junio a octubre y 0,20 + 0,58 € m3 de saneamiento de octubre a mayo- o los pueblos del Valle de Atez, donde el precio es de 0,40 m3 + 0,40 € m3 de saneamiento.

Quienes vivimos en estos entornos rurales no pedimos que el agua sea carísima en Pamplona -éste es el típico argumento demagógico-, pero lo que es completamente injusto es que el agua sea más cara en su lugar de procedencia y donde es más que abundante. Tampoco vale decir que “el agua es de todos”. Si así fuera, ¿por qué tenemos que pagar entre todos las obras faraónicas para llevarla a donde no hay o no hay suficiente para la actividad que allí se quiere desarrollar? Conozco a algunos supervivientes de la ganadería y la agricultura en el Pirineo a los que también les gustaría contar con infraestructuras, un mercado más amplio de venta, incluso tierras más llanas. Pero nadie paga con dinero público las obras que serían necesarias para conseguirlo. Y, lo que todavía es más grave, para facilitar la disponibilidad de agua en la capital se ha quitado a esas personas -a esos pequeños ganaderos y agricultores que resisten en el entorno rural- los fondos europeos destinados a mejorar sus explotaciones. Manda narices.

La autora es residente en Eguaras (Valle de Atez)

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