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Cincuentenario del Grupo de Danzaris Txikis de Larraiza

por Javier Lana - Sábado, 16 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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sI tenemos que hablar del Baile de la Era, esa especie de pequeña joya del folklore estellés, debemos referirnos al 30 de agosto del año 1903. Será esa la fecha en la que tendrá lugar la visita real de Alfonso XIII y cuando, por primera vez, se interpretará una suite de danzas que pasará a denominarse Baile de la Era.

Será durante el Siglo XX cuando la danza irá cogiendo forma y presencia hasta llegar a un final de siglo donde no haya plaza donde no se baile el Baile de la Era de una manera popular. Serán las gentes estellesas, los hombres y mujeres, las que irán mimando a lo largo de muchas generaciones una danza que sentimos ya muy nuestra.

Aquellos jóvenes del año 1903, los que interpretaron el baile, bien dirigidos por el gaitero Demetrio Romano y el médico Modesto Iribas, irán teniendo continuidad en esa transmisión del folklore. Y, aunque habrá años en los que la danza correrá el riesgo de quedarse un poco relegada, de nuevo brotará con fuerza de la mano, un poco antes de la Guerra Civil, de la Eusko Etxea, que se preocupó de revitalizar distintos aspectos de la cultura, como la danza, la música o la lengua vasca. Aún podemos entretenernos en ese álbum de viejas imágenes donde vemos un grupo de hombres y mujeres, chicos y chicas, que formaban parte de aquel bonito proyecto cultural.

Aparecerán también nombres ligados a la música, como los Elizaga, el capuchino Hilario Olazaran. y otros más que mantuvieron viva la memoria y que llevaron a que en 1933 resurgieran de nuevo con fuerza las ganas de devolver la danza a la plaza de la mano del Comité Pro Baile de la Era. Será sin lugar a dudas el esfuerzo que puso Francisco Beruete lo que hizo que el Baile de la Era recobrara el protagonismo que había perdido.

Años de aquel Grupo de Danzas Municipal, un grupo que se paseó por todas las esquinas de España y que aún pasó la muga para iniciar el jumelage con Saint Jean Pied de Port- Donibane Garazi o para viajar hasta Rocamadour, ese importante enclave del Camino. Camino de Santiago donde Estella será parada obligada en el itinerario peregrino y mágico, en esa etapa final hacia Galicia.

Será Beruete quien, preocupado por el futuro de ese grupo de danzas, facilite un acuerdo entre el Ayuntamiento y el Club Montañero Estellés para que pudiera mantenerse con la misma vitalidad que hasta entonces. Fue el año pasado cuando celebramos esa efemérides, la aparición del Grupo de Danzas Larraiza hace 50 años. Eran siete parejas supervivientes de danzaris que, creo, corresponde citar: Arantxa Sádaba, Mª Puy Azanza, Mª Puy Adrián, Nico Garrués, Natividad Ansorena, Elvira Ganuza, Mª Carmen Ros, Javier Sádaba, Tomás Chasco, Juan Jesús Boneta, Carmelo Boneta, Jesús Galdeano, Andrés Irisarri y Tito Sánchez.

San Jerónimo fue el lugar donde los chavales hicieron su primera actuación

Su primera actuación será en la Finalista del Club Montañero, en Larraiza, en abril de 1967. A lo largo de ese año se irán incorporando nuevos y antiguos danzaris: Tomás Chasco y Javier Sádaba, así como Carmen Salmantino Canaria y Piluca Echeverría, los que en un primer momento enseñen el folklore estellés. Podríamos ir citando los nombres que irán aglutinando ese nuevo Larraiza pero la lista sería demasiado larga.

Será también a lo largo de 1967 cuando surja la preocupación por ampliar la enseñanza de las danzas a un espectro más infantil como manera de ir creando cantera. Tito Sánchez tomará esta iniciativa. Se va por los colegios estelleses animando a los chavales para formar parte de un grupo de danzas.

Los ensayos se realizaban en la capilla de la cárcel vieja (actualmente Museo Gustavo de Maeztu). Los txikis, de la mano de Tito Sánchez, ayudado de una manera esporádica o más continuada, por Rosi Vega y la danzari Mª Puy Adrián, comienzan su andadura.

La Residencia de San Jerónimo será el lugar donde los chavales hagan su primera actuación, el 30 de noviembre de 1967. Esta pasada festividad de San Andrés cumplieron por lo tanto 50 años de existencia. Sus espectadores fueron unos treinta o cuarenta abuelos y abuelas residentes en aquella antigua y siempre querida residencia, que disfrutaron aquella tarde de fiesta de patrón y que regalaron a los chavales, agradecidos, un emotivo y caluroso aplauso.

Si cité a aquellos danzaris que formaron el primer momento del nuevo Larraiza, me parece obligado nombrar a aquellos chavalicos que interpretaron por primera vez, y porque no sabían nada más, unos kalejiras estelleses y el vals de la Era. Ellos fueron: Marian Echeverría, Isabel Lasheras, Mª Puy Aguirre, Glori Erdozain, Maribel Tellechea, Mª Puy Areta, MªJosé Sánchez, Ana Arnedillo, Ana Echávarri, Florinda Aguirre y Mª Jesús Legaria;y los chicos, Mari Zabal, José Ángel Arnedillo, Toño Soravilla, Pedro Mª Goyache, Manuel Salguero, Vicente Salguero, Juan Jesús Sánchez, José Manuel Tellechea, José Manuel Muñoz, Luis Esteban Arnedillo y Pachi Aguirre.

Es en esta fecha cuando empieza esa andadura. Un debut que seguirá presente en cualquier acto festivo estellés. Tal es esa puesta en escena con recién estrenados trajes en la fiesta de la Virgen del Puy, donde los estelleses pudieron ver en la calle desfilar a ese nuevo grupo de danzas infantil.

Actuaciones estas que se expandirán por otros pueblos y ciudades del País, como la actuación Euskal Jaiade Durango de la mano de Estíbaliz Vergara, una estellesa que estaba allí de maestra. Un encuentro de danzaris txikis donde Larraiza, representando a Navarra, sorprendió por ser el único grupo txiki acompañado de gaiteros.

Encuentros como el de Durango se irán sucediendo. Danzaris Txikis que formaron parte con el tiempo del grupo de danzas de adultos y que seguirán trasmitiendo ese rico patrimonio folklórico estellés que hoy, por suerte y por ese esfuerzo continuado y compartido, podemos felicitarnos porque sigue vivo.

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