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la carta del día

Objeción fiscal, la mejor inversión para la paz

Por Patxi Etxegarai Garaikoetxea - Domingo, 17 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Por medio de los impuestos los contribuyentes colaboramos en el mantenimiento de los servicios públicos que toda sociedad basada en el bienestar de sus ciudadanos necesita. Por eso, una sociedad con unos servicios públicos de calidad que den cobertura a toda la ciudadanía se debe apuntalar en políticas fiscales lo más progresivas y justas posibles. Pero también es importante el destino que se le da al dinero público desde las instituciones que lo gestionan. No solo importa cuánto debe aportar cada uno sino también en qué se gastan las instituciones públicas nuestro dinero. No es una cuestión baladí, y a este respecto el sostenimiento del gasto militar es paradigmático. Mientras los estados dedican más recursos invirtiendo en el destructivo negocio de la guerra, se recorta más en salud, educación, cultura… El gasto militar no aporta nada positivo a las sociedades. Al contrario, supone un lastre para su desarrollo democrático y para el progreso en general. Aquí es donde incide la objeción fiscal como estrategia de no colaboración con el gasto militar a través del dinero público aportado por los contribuyentes.

Los objetores fiscales tributamos lo que nos corresponde, pero desmilitarizando nuestros impuestos. Para ello, a la hora de hacer la declaración de la renta desviamos una parte de nuestros impuestos, la dirigida al mantenimiento del gasto militar, hacia otro tipo de colectivos de carácter social y/o cultural más acordes con el uso que se debería hacer de nuestro dinero, según dicta nuestra conciencia.

El gasto militar no aporta nada positivo a la sociedad, al contrario, supone un lastre para su desarrollo democrático y para el progreso en general

En relación con todo esto, desde Hacienda Foral se me ha notificado que no se me reconoce mi derecho a objetar, según la normativa vigente, y se me requiere a volver a pagar las cantidades objetadas de los cuatro últimos ejercicios, más los intereses de demora. Yo he alegado que “…me niego a colaborar con el dinero de mis impuestos en la financiación de ningún ejército ni en la compra de ninguna arma destinada al mantenimiento de las guerras, mucho menos en tiempos en los que asistimos al desplazamiento forzoso de millones de personas que huyen de distintas zonas del planeta en situaciones de conflictos violentos, personas que buscan refugio y que son víctimas directas del gasto militar. También me niego a que con mis impuestos se siga manteniendo el polígono de tiro de las Bardenas, donde aviones de combate se entrenan para posteriormente bombardear otros lugares y personas, en nombre de intereses que me son totalmente ajenos. Considero que los motivos alegados están por encima de cualquier normativa legal que no reconozca el legítimo derecho a ejercer la objeción de conciencia ante los gastos militares”.

Como suponía, no se ha aceptado mi alegato, pero confío y espero que el Gobierno de Navarra tome en consideración la declaración aprobada en la Comisión de Peticiones del Parlamento Foral, el pasado mes de abril, en base al texto elaborado por los colectivos KEM-MOC y SETEM Nafarroa, instando al Gobierno foral, entre otras cosas, a que en el impreso de la declaración de la renta aparezca una casilla donde se puedan declarar las aportaciones a la paz y los derechos humanos a través de otras inversiones y no vía presupuesto de Defensa, y que a la hora de negociar el convenio económico con el Estado deduzca de la aportación de Navarra el porcentaje previsto en los siguientes presupuestos del Estado para Defensa. Dar cobertura legal a la objeción fiscal es la mejor manera de empezar a invertir en la paz.

El autor es objetor fiscal

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