Dudas razonables

Las mentiras de los demás

Por Tomás de la Ossa - Martes, 19 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Si hubiera existido internet hace 200 años, a María Antonieta la conoceríamos por su nombre -María Antonia-, porque no habría faltado el tuitero que se riera de tan cutre traducción de Antoinette.

Y si hubiera existido hace 50 años, no habría durado ni 24 horas la trola -que aún se cree mucha gente- de que Walt Disney fue criogenizado, porque no habría faltado quien explicara que lo incineraron dos días después de morir (en 1966) y que sus cenizas están en el cementerio de Glendale (California).

Son dos de los miles de ejemplos que demuestran que las mentiras y los errores son tan viejos como la humanidad.

Le reprochan ahora a internet que es una máquina de difundir trolas y falsedades, y no voy a negarlo, pero también está ahí la verdad, para quien quiera buscarla en fuentes fiables, y ahí están las rectificaciones casi instantáneas cuando, por ejemplo, a alguien le da por matar a un ilustre, que es casi a diario (¿cuántas veces se cargaron a Fidel Castro antes de que se muriera él por su cuenta?).

Recuerdo que alguien me dijo en los 80 que Johnny Hallyday se había muerto electrocutado en un concierto, y así lo creí durante mucho tiempo, hasta que lo vi un día en la tele, con la lógica sorpresa. Con internet, no habría estado tanto tiempo equivocado.

Dicen ahora las autoridades de varios países que quieren combatir la desinformación -sobre todo, la interesada- que se realiza a través de internet. Y bien está, que eso de luchar contra la intoxicación y la ignorancia siempre es buena cosa, y hay que admitir que a menudo internet es una cloaca.

Pero, claro, si aquí te anuncia la Cruzada de la Verdad alguien del PP, sin ruborizarse, y te lo dice a través de TVEo Antena 3, y escriben al respecto los creíbles, independientes y honestos periódicos madrileños, sospechas que solo les interesa combatir las mentiras de los demás para asegurarse de que las suyas sean las únicas que lleguen al personal. Como, qué casualidad, hacían los poderosos antes de que se les pudiera desmentir por internet.