Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

La difícil transversalidad

NO SE DESCARTA LA REPETICIÓN DE LAS ELECCIONES EN PRIMAVERA, DADA LA COMPLICADA ARITMÉTICA QUE SE BARRUNTA. Los pactos transversales no se suelen improvisar, porque exigen grandes cesiones de todos

Martes, 19 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Acto de campaña de ERC en Sabadell con Forcadell, Romeva, Rufián y Fachín

Acto de campaña de ERC en Sabadell con Forcadell, Romeva, Rufián y Fachín (EFE)

Galería Noticia

  • Acto de campaña de ERC en Sabadell con Forcadell, Romeva, Rufián y Fachín

Una de las claves del 21-D estará en el caudal de voto aún no decidido. En un clima plebiscitario, los votantes indecisos tienen que decantarse en las próximas horas y dado su número, pueden influir sobremanera. Lo cierto es que no se descarta la repetición de las elecciones en primavera, dada la complicada aritmética que se barrunta. Los pactos transversales no se suelen improvisar, porque exigen enormes cesiones de todas las partes. El único acuerdo de este estilo que hace mes y medio podía resultar verosímil era la suma de ERC, los Comunes y el PSC, tirando de voluntarismo. Pero ese escenario se dibujaba con el lápiz de una clara hegemonía de ERC y el hundimiento de Junts per Catalunya. Ninguna de ambas circunstancias se producirá, salvo sorpresa. El 21-D el pueblo catalán repartirá su confianza, y puede que dicho reparto sea una cura de humildad colectiva. Agridulce sin excepciones.

Dentro de las distintas hipótesis que manejan las encuestas, una repetición de elecciones sería un varapalo para la clase política catalana en su conjunto, más acusado seguramente en un primer momento para quien no pudiera revalidar el poder, pero no exento de riesgos para el bloque del 155, que también se la juega. Porque como me apunta un editor barcelonés, en los siguientes comicios no sería fácil conseguir movilizar de nuevo a un sector tan amplio de votantes tradicionalmente abstencionistas y que se supone que en esta ocasión votarán a partidos del bloque monárquico. Tal vez aquí el más interesado en unas nuevas elecciones pudiera ser el PP, si el 21-D se asiste al hundimiento de Albiol. Génova dispondría en ese caso de una segunda oportunidad, pero la evolución de las causas penales del Govern de Puigdemont y la situación de más interinidad que se generaría tampoco garantizaría que en un corto espacio de tiempo el PP pudiera levantar el vuelo. Ojo sin embargo al carácter de Rajoy y al antecedente de aquellos meses transcurridos entre las Generales de 2015 y las de junio de 2016. Porque si algo sabe el presidente del Gobierno español es esperar su momento. Y si Rivera se viene arriba y pretende galopar, Rajoy maniobrará a su estilo;manejando los tiempos con su particular carácter.

Por la parte soberanista, el síndrome de orfandad es acusado, y pesan las ausencias. Parece por momentos que el independentismo tiene poco que ganar y mucho que perder. Como aquellos equipos de fútbol que comienzan a dudar ante el entusiasmo del adversario, y están obligados a mover el banquillo por expulsiones. Para construir liderazgos se requiere tiempo y trabajo, y a ser posible una base de carisma innato. Ciertamente no es una campaña en igualdad de condiciones con Junqueras en la cárcel y Puigdemont en Bélgica, pero el independentismo, que hasta hace nada presumía de su soporte social y que calculaba cohesión ante los envites del Estado, tendrá muy difícil de explicar si Ciudadanos se convierta en la primera fuerza, lo que certificaría como error garrafal no haber reeditado Junts pel Sí.


Mensajes contradictorios

Aunque habitualmente a los partidos políticos se les reclama diálogo y modulación, también se les pide lógica y coherencia, lo que dificulta los acuerdos. A menudo los periodistas abonamos esa contradicción, que no escapa a este momento inédito. En estas elecciones se va a votar ante todo sobre lo sucedido en el último cuatrimestre, en un conflicto con mayúsculas donde el nacionalismo español ha rechazado el diálogo. Teniendo el poder del 155, para qué transigir y pactar ha sido la idea. En frente, la improvisación y la confianza en alguna mediación. Pero ni la movilización era exclusiva del soberanismo, ni la deseada mediación se mueve a las primeras de cambio. Ni a las segundas ni a las terceras, seguramente, cuando hay tan poderosos intereses creados. Guste o no guste cada voto al bloque monárquico (Cs, PSC, PP) será una papeleta para enterrar la independencia y el derecho a decidir y avalar la puesta en marcha del 155 y las cargas del 1-O. Será un voto cuantitativamente muy importante, que se comparará con el de la independencia o el referéndum pactado. En suma, un rompecabezas, que nos devuelve a la falta de horizonte de una solución negociada. Esto es, que todos los proyectos en el Parlament tuviesen la oportunidad real de materializarse si son mayoritarios, y eso incluye la hipótesis de la salida de España, lo que nos lleva prácticamente a la casilla de salida. Aunque en política, como en la vida, las cosas se repiten, pero nunca exactamente igual.


El test de las redes sociales

Enfoque colateral. El jueves también se examina la capacidad de incidencia de las redes sociales y medios digitales frente a los medios de comunicación tradicionales, la mayoría de estos últimos con vocación unionista y militancia en contra del Procés. Si bien es cierto que hace mucho que periódicos, emisoras de radio y canales de televisión tienen en internet un canal enorme de difusión, el tablero resultante de las elecciones nos dará una idea de cómo y quién articula la hegemonía de la opinión pública en Catalunya. Será interesante observarlo.

Herramientas de Contenido

etiquetas: catalunya, 21d