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Música

Karaoke y pogos

Por Javier Escorzo - Miércoles, 20 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

CONCIERTO DE CRIM &THE TOY DOLLS

Fecha: 14/12/2017. Lugar: Zentral. Incidencias: Buenísima asistencia, y eso que era jueves. Público de todas las edades, en su mayoría rondando (y sobrepasando) la cuarentena, que creció con las canciones de The Toy Dolls, aunque también había gente mucho más joven. La sala se fue llenando con CRIM, que fueron muy aplaudidos, y presentó su mejor aspecto con The Toy Dolls.

formados en plena onda expansiva del movimientos punk británico a finales de los setenta, The Toy Dolls es un auténtico icono de una escena en la que muchos grupos quemaron su carrera (y su propia vida) demasiado rápido. Supervivientes de modas y excesos, durante estas casi cuatro décadas de carrera han sido innumerables las giras en las que se han embarcado y las fechas en nuestro país han sido frecuentes. En esta ocasión le tocó el turno a Pamplona (también pasaron por Vitoria y Valladolid). En todos estos conciertos les ha acompañado la banda tarraconense CRIM, que ha conseguido hacerse un hueco en el siempre fértil panorama del punk rock nacional. El tándem era de altura y el público pamplonica respondió con una asistencia más que notable y una implicación absoluta.

Con exquisita puntualidad saltaron al escenario los de Tarragona. Están presentado ese latigazo que se titula Blau sang, vermell cel, que se publicó el año pasado pero que todavía les mantiene en la más rabiosa actualidad. Empezaron combativos con Benvingut enemic, el tema que abre su último disco. Es el suyo un punk aguerrido y vigoroso, con una abrasiva base rítmica y dos guitarras que dotan de músculo a sus canciones. Las más recientes ocuparon el grueso de su repertorio (Avui fa bon dia, Una cançó i una promesa o Maneres de viure), aunque también recuperaron gemas de su primer largo, 10 milles per veure una bona merda, como Desperta, Tarragona dorm o Temps era temps. Al final consiguieron conectar con una audiencia que, en su inmensa mayoría, no estaba en la sala para verlos a ellos (aunque sí había quien coreaba sus canciones, especialmente en las primeras filas).

Tras este sabroso entremés, llegó el turno del plato principal de la velada. Después de una breve introducción, el trío británico salió a por todas con Fiery Jack, uno de sus clásicos de los ochenta. Llevaban uno de sus particulares e inconfundibles atuendos: pelos de colores peinados en punta, pantalones de cuadros escoceses, botas Dr. Martens, corbatas rojas y chaquetas de estudiantes. Lo cuidado de la estética denotaba el mimo por la escenografía de esta banda que, capitaneada por Michael Olga Algar, posee un concepto global del espectáculo. A veces se les ha echado en cara que su música tiende más hacia la evasión que hacia la crítica política, tan común en su género, pero ellos saben que están en esto para entretener y divertir, y lo mismo hacen con sus directos. Lo de Zentral fue una auténtica fiesta, una sucesión de himnos imperecederos que eran cantados y bailados sin remisión por un público de edad heterogénea. Cloughy is a bootboy, Up the garden path o Alfie from the Bronx, Spiders in the dressing room o la instrumental Tocatta fueron parte del combustible para el karaoke y los pogos que se sucedieron hasta los bises, con PC Stoker o She goes to Finos, en la que una lluvia de globos negros cayó sobre el público, a modo de divertido telón.

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