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muestra con 12 armarios roperos antiguos

El Horno de la Ciudadela acoge una ‘máquina de la memoria’

Doce armarios roperos antiguos conforman una estructura laberíntica transitable para el visitante

Ana Jiménez Iban Aguinaga - Jueves, 21 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Morayma Meléndez, Daniel Resano y Santiago Martínez, dentro del artefacto de ‘Oh! Ñarará!’.

Morayma Meléndez, Daniel Resano y Santiago Martínez, dentro del artefacto de ‘Oh! Ñarará!’. (IBAN AGUINAGA)

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  • Morayma Meléndez, Daniel Resano y Santiago Martínez, dentro del artefacto de ‘Oh! Ñarará!’.

pamplona- El Horno de la Ciudadela acoge desde ayer Oh! Ñarará!, una pieza que reúne doce armarios -proporcionados por Traperos de Emaús- unidos que crean una estructura laberíntica transitable donde se encuentran varios objetos, textos e imágenes. Esta máquina de la memoria, que invita al visitante a recorrer los recuerdos que atesora, es obra del antropólogo Santiago Martínez, la socióloga Morayma Meléndez y el artista Daniel Resano, y podrá visitarse hasta el 4 de febrero.

Los tres autores de la pieza, acompañados de la directora del Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Pamplona, Maitena Muruzábal, presentaron ayer el montaje, que llega al Horno de la Ciudadela tras exponerse en el Centro Huarte y ha implicado rediseñar la estructura y se ha incluido la proyección de un vídeo.

En cuanto al origen del proyecto, Santiago Martínez apuntó que se ideó “en torno a las memorias” y el resultado es “un ensamblaje de armarios que estaban destinados a la incineración, pero conforman un artefacto que invoca las diferentes memorias de los colectivos y las personas ausentes en la historia”, que buscará interpelar al público y romper la homogeneización social y recoger ecos de aquellos que lo atraviesen.

El montaje alberga objetos de todo tipo que sus creadores encontraron tanto en los propios roperos, como en desguaces o en la calle. “Hay dietarios de mujeres, que parecen diarios y se pueden ver sus sentimientos plasmados. También hay juguetes, fotografías, diapositivas, un frasco de perfume... Elementos que forman parte de nuestra vida cotidiana, pero habían sido tirados y nosotros hemos optado por recogerlos y volverlos a tener en la memoria”, describió Morayma Meléndez-Suárez.

Entre estos objetos, hay alguno especial como “un cuento en sefardí escrito a mano, del siglo XIII, que cuenta con muchas palabras reconocibles y casi puedes entenderlo al completo”, destaca Santiago Martínez-Magdalena, que lo define como “una llamada al pasado” y que alude a la memoria infantil e intergeneracional.

estructura transitableEl artefacto está diseñado como una estructura transitable, con un principio y un final, en cuyo recorrido se pueden coger y tocar los objetos expuestos, además de leer los diferentes textos. En total, la instalación mide 6 metros de largo por 5 de ancho, con diez armarios sobre el suelo y dos de ellos colocados como techo.

La exposición del montaje en el Centro Huarte, dentro del programa Habitación, fue satisfactoria y Martínez-Magdalena destacó que “las personas que han atravesado Oh! Ñarará! son muchas y de todas las edades: desde bebés, hasta gente muy mayor, que nos han referido muchos recuerdo, la mayoría de ellos familiares”. En ese sentido, el artefacto ha funcionado como ese “como productor de memorias” que esperaban.

Además, la propuesta diseñada para el Horno de la Ciudadela incluye como novedad la incorporación de la proyección de un vídeo, en el que se puede ver a los tres autores del proyecto trasladando uno de los armarios que conforman el artefacto. “Los armarios eran piezas con memoria de por sí, ya que estaban yendo a la incineradora... Y hemos querido que puedan recorrer espacios, sonidos y lugares. Están siendo vividos y habitados y es lo que nos gustaría: que sigan generando esos sentimientos”.

En opinión de Daniel Resano, se trata de “un encuentro con otras culturas y otras personas que el poder ha intentado expulsar de la sociedad durante toda la historia”. Si bien definió el trabajo con los armarios como algo “un poco claustrofóbico”, el sacar uno de los roperos al exterior para grabar el vídeo “ha sido como ventilar las sensaciones”, concluyó.

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