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Olentzeroren maitea

Por Gemma López Sagaseta - Jueves, 21 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

sé que estás estos días más atareado que en todo el año. Y que corren tiempos que te asustan pues cuando bajas al pueblo muchos ni te vemos, no porque vayas más sucio que nunca de tanto carbón logrado, no porque encuentras gente atareada en sus labores, no porque encuentras grupos unidos al canto de luchas y libertad, no, encuentras calles vacías y cabizbajas mentes abducidas a la pantalla de un móvil, y a compras de Navidad, y aunque arrastras penosamente el saco de cartas con ilusiones que cumplir, y aunque hagas cierto ruido al pasar, ni te vemos, pues no miramos.

Olentzero, cada día veo estrellas sin luz, porque esto está muy jodido de vivir, bien lo ves cuando asomas por aquí y te acercas a los valles de esta sentida nuestra Euskal Herria. Dicen que eres un carbonero mitológico de la historia de Nabarra, País Vasco e Iparralde. Pues yo creo en ti. Por eso te escribo.

Hay un pueblo, que como tú, tiene intrínsico en su vida diaria el carbón. Es el pueblo saharaui. Utiliza a diario el carbón para tomar un delicioso té, el té saharaui. Dulce como el amor. Amargo como la vida. Suave como la muerte. Así es el té saharaui, hecho con carbón y mucho amor. Así es el pueblo saharaui, nómada, y el mejor anfitrión aún en tierra prestada.

Verás, esto no es mitología, el Sáhara Occidental lleva cuarenta y dos años de ocupación, de exilio y diáspora. Les conocí por sus niños, embajadores les llaman, que llegan en verano a algunas de nuestras casas en acogida familiar o albergue. Después supe que un joven pastor revolucionario luchó por la independencia del Sáhara Occidental, y en 1976 declaró la República Árabe Saharaui Democrática. Para los amigos era El Uali Chej Mustafa Sayyid Lulei. Nació en 1948, así que sin cumplir treinta años apagaron su luz, lo mataron.

Su revolución sigue viva, pero dormida, y esto quema como el carbón, y no es que te pida el fuego, pero sí que nos despiertes. Las asociaciones en Navarra se esfuerzan para cumplir los objetivos de sus proyectos, algunas con buenos recursos económicos y otras sin apenas soporte monetario. Todas a las que refiero ayudan al pueblo saharaui, logrando envíos de medicinas, recursos educativos, acogidas de verano, proyectos de apoyo a personas con discapacidad y víctimas de minas, partidas para proyectos de potabilización de agua o incluso de mangueras, un sinfín de necesidades que se dan en unos campamentos que se asientan sobre arena. Campamentos que se levantaron tras el abandono del colonizador y dominante país, España, y el invasor y ocupante país de Marruecos, que expolia a diario los recursos naturales. También existe un muro, el segundo más grande del mundo y del que casi nadie sabemos, se silencia, mide casi tres mil kilómetros y mutila asesina y divide a este bello pueblo.

De esos campamentos llegará a nuestra casa una niña saharaui el próximo verano de 2018. Como a nuestra a casa, otros tantos llegarán a otras. Ser familia de acogida no significa ser buena familia, a veces hay fracasos, porque el niño no logra superar el choque de cultura, o de vida, y lo peor, porque el acogedor no ha sabido poner amor y escucha a un niño que sólo necesita recreo, tiempo y comprensión.

Este verano he vivido muchas emociones de una niña espléndida en todos sus sentidos, me alargaría mucho esta carta contarte tanto, y a bien seguro, mejor es vivirlo.

Pero déjame decirte Olentzero. La mejor sonrisa que he visto en ella es el día que vuelve al abrazo de los suyos después de dos meses con nosotros. Vuelven a unos kilómetros de Tinduf, al desierto de Argelia, a campamentos, nacieron refugiados. ¿Imaginas esa sonrisa de la que te hablo si volvieran al Sáhara Occidental Libre? ¿La imaginas? Yo sí. Por eso te escribo. Para que cuando recibas esta carta nos despiertes, y no traigas carbón.

El pueblo saharaui no lo necesita, como tampoco la ayuda humanitaria, necesita la libertad, volver a su tierra. Seguiremos acogiendo, sí, hasta la libertad, pero te pido Olentzero, libertad para la RASD.

Zurekin Sahara askatu arte, eta ondoren, nahi baldin baduzu, baita.

La autora es madre de acogida

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