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Encrucijada tras las urnas

Hay mucho, muchísimo, en juego, señalan los politólogos. La cita electoral de hoy no se puede analizar como un hecho aislado sin vincularla al referéndum del 1 de octubre y a la aplicación del artículo 155 por parte del Gobierno español

Jueves, 21 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Mariano Rajoy saluda a Carles Puigdemont. Eran otros tiempos, antes del referéndum soberanista y el cese del Govern catalán.

Mariano Rajoy saluda a Carles Puigdemont. Eran otros tiempos, antes del referéndum soberanista y el cese del Govern catalán. (EFE)

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Mariano Rajoy saluda a Carles Puigdemont. Eran otros tiempos, antes del referéndum soberanista y el cese del Govern catalán.

Barcelona no solo elige estos días los regalos de Navidad. La Rambla y el Paseo de Gracia eran ayer por la tarde un hervidero de gente, en apariencia, ajena a las elecciones. A los comicios que abrirán nueva etapa incierta que responde a una intuición: hoy hay mucho en juego. “Hay una espera de un liderazgo, de decidir qué vamos a hacer. Esa era la identidad del referéndum también”, según el politólogo y profesor de la Universitat Pompeu Fabra Marc Sanjaume, que liga el 21-D con el referéndum. Carles Puigdemont encabeza la Llista del President con un mensaje que va más allá: Catalunya se juega restituir el Govern y, con ello, su “dignidad como país”.

El 1-O y la activación del artículo 155 -lejos de las turbulencias que se intuían- no son en balde. “Es información importantísima para el nuevo escenario. Tanto el Gobierno central como el independentismo han aprendido mucho”, expone el profesor de la Universidad Carlos III Lluís Orriols. La profesora de Derecho Constitucional de la Universitat de Barcelona Argelia Queralt resta incidencia electoral al 1-O como tal. “Fue sin duda un error estratégico y táctico del Gobierno español. La actuación policial fue innecesaria y desproporcionada, porque no se consiguió que no se votara”, explica, antes de mirar a dos de las consecuencias del 155.

“Lo que más condiciona es que haya cabezas de lista presos y otros fugados en Bélgica, aunque lo vendan como exilio”, dice Queralt, que barrunta alguno de los factores del alza de Puigdemont en las encuestas: “Ese mensaje del exilio ha calado: independentistas que habían roto con el relato al ver que era ineficaz y les habían engañado se sienten vinculados a este proyecto al considerar estas actuaciones como una represión estatal, aunque no se pueda hablar de ‘represión’”.

La atención independentista gira entre JxCAT y ERC. Puigdemont trata de mantener el liderazgo ante unos republicanos que aspiran al protagonismo que tuvieron hace 80 años. “A ERC la consolidación de la primera plaza se le está quedando en entredicho”, describe Orriols. “Si ERC ganaba de manera confortable, era de su interés rebajar los ritmos” del procès. Hablar de esto le beneficia en términos electorales, pero las legislaturas hiperactivas hacen a su vez muy difícil la acción de gobierno que le consolidaría como primera fuerza” hegemónica del nacionalismo catalán.

Una legislatura estable, a su vez, favorecería restañar las grietas del catalanismo amplio. “Hay una nación, una nacionalidad o un grupo con identificación nacional. Eso no lo duda ni Albiol”, describe Sanjaume el movimiento, “muy transversal y con consensos internos” que en los últimos años “se han traspasado” hasta llegar al escenario actual: “Esta política de bloques no es la política de Catalunya. La política catalana era una política multipartidista”.

Queralt, por su parte, describe los últimos meses como de “muchísima polarización social, política y comunicativa, y fractura social” que, a su juicio, hacen “difícilmente defendible fuera” la idea de que Catalunya sea “una tierra de acogida, de apertura, pluralismo e integración”.

Orriols aprecia la polarización y la explica: “La sociedad catalana siempre ha estado más dividida en el eje de identidad que en el de izquierda-derecha. Que el debate haya pasado a lo identitario lo visualiza más. Las encuestas muestran que en cuestiones identitarias las opciones intermedias se han vaciado”.

La formación que más lo sufre son los comuns, aunque, paradojas, pueden ser la clave. “De los muchos escenarios posibles, habrá que estar particularmente atentos a este”, avanza Orriols, al tiempo que Sanjaume perfila por descarte un acuerdo postelectoral que supere la dialéctica de bloques: ERC-PSC-Catalunya en Comú Podem: “Los comuns son más próximos a la posición de la autodeterminación. Dar el visto bueno a un gobierno de Cs y PSC, por no hablar del PP, parece imposible;pero sienten el mismo odio visceral por la antigua Convergència. Era enemigo declarado de Iniciativa (coaligada en CatComú)”.

Queralt llega al mismo punto y aprecia dos problemas: “Veo difícil que el PSC asuma un gobierno que implique de alguna manera a ERC y que ERC acepte si el PSC no se posiciona claramente contra el 155, lo que veo imposible”. “En la práctica se presentan estas opciones complicadas, aunque del todo deseables”, asegura Queralt, que asegura que “la situación en Catalunya necesita de mucha generosidad y mucha política”. “Si suma el independentismo, lo tiene muy difícil para formar gobierno. Si suma el constitucionalismo, menos probable y más sin los comuns, tampoco se resuelve”, describe Sanjaume. Para él, “el tema no está tanto en el resultado sino en los acuerdos a los que puedan llegar los dos bloques”. “Diría que hay una incertidumbre existencial. Cuando hay unas elecciones parece que el propio día y los resultados son cruciales, pero si ampliamos el foco, al final da un poco igual lo que salga”, señala.

Algo más que va más allá de una nueva composición parlamentaria. Algo que Toni Batllori dibujó ayer en La Vanguardia. Una viñeta, con el telón del teatro abierto y un solo actor en escena con una calavera en la mano mientras se pregunta, shakesperiano, “ser o no ser”.

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