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Tiempo de diálogo y soluciones democráticas y agur Rajoy

Por Joseba Santamaria - Viernes, 22 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

escribo esta columna cuando apenas se han abierto los colegios electorales en Catalunya. Hay grandes colas ante las mesas de votación que parecen confirmar las expectativas de una alta participación en estas elecciones. O quizá simplemente se deban a la necesidad de votar pronto para incorporarse cuanto antes al trabajo. No sé, tengo la intuición de que finalmente la participación en las urnas será histórica. Como la jornada, depare el resultado que depare. Seguro que hoy día 22-D algo comenzará a cambiar en el Estado. Porque estas elecciones son tan atípicas y anómalas que incluso se han convocado en un día laboral. Son unas elecciones de excepcionalidad impuestas por Rajoy al amparo del 155 y con el autogobierno de Catalunya suspendido y eso ya las ha convertido más en el referéndum que no se pudo celebrar con normalidad el pasado 1-O que en una cita electoral autonómica más. Unas elecciones en el que todo apunta a que los catalanes y catalanas ejercerán un voto emotivo y de reafirmación en sus convicciones alrededor del derecho a decidir el futuro de Catalunya. De hecho, los programas políticos de los partidos han estado ausentes de la campaña electoral. Es normal. El 21-D es el último hecho confuso en una sucesión de situaciones duras y tristes que ha vivido Catalunya en los últimos meses. Desde el atentado terrorista de agosto en Barcelona a la violencia policial del 1-O, la ofensiva judicial contra los dirigentes catalanistas, la suspensión del autogobierno, la aplicación del 155, el exilio del president Puigdemont y otros consellers y el encarcelamiento de Junqueras y otros miembros del Govern legítimo. Ocho candidatos que ayer resultaron elegidos con toda seguridad se encuentran en el exilio o en prisión y tienen un futuro incierto. Para empezar ya el hecho de recoger sus actas democráticas se antoja difícil con una justicia al servicio de la política al acecho. Todo un proceso de involución democrática impropio de un Estado Democrático y de Derecho. Ocurra lo que ocurra cuando se abran las urnas y se recuenten los votos, lo prioritario es que Catalunya recupere la normalidad democrática e institucional arrebatada en las últimas semanas. Todo es muy raro. La emotividad política de la jornada complicará la solución necesaria a partir de hoy. Pero hay que encontrar un camino nuevo que llegue a algún sitio posible. Un sitio que sólo puede alcanzarse desde el diálogo y la búsqueda de consensos democráticos, lo que se ha negado a Catalunya durante 10 años. Es necesario un nuevo tiempo de soluciones. Mi pronóstico es que los partidos catalanistas revalidarán su mayoría absoluta y si se cumple pienso que todo este desaguisado en Catalunya lo comenzó Rajoy como argumento político y de movilización social contra el PSOE de Zapatero y él es el máximo responsable de haber llevado al Estado a una crisis de futuro incierto. Si las urnas dictan una mayoría catalanista con una participación electoral histórica, a Rajoy sólo le queda dimitir y que le citen los tribunales por los casos de corrupción que le señalan, que son varios y graves. O quizá hoy ya 22-D esté todo de nuevo en el mismo sitio en que estaba ayer cuando comencé a escribir esta columna y la única diferencia es que el PP de Rajoy y compañía ha purgado todas sus miserias éticas y políticas y el discurso extremista y peligroso de Ciudadanos le ha comido el pan del morral para su vergüenza.

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