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Opinión

Sin novedad en los frentes

Por Joxan Rekondo - Viernes, 22 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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Cierto que las elecciones de ayer no se han celebrado en condiciones de normalidad democrática. Pero, es innegable que, en este 21-D, la exigencia del votarem ha encontrado una vía de salida con un amplio seguimiento ciudadano. No hubiera sido así si estas elecciones no hubieran adquirido un auténtico carácter plebiscitario, que paradójicamente ha mostrado una realidad bloqueada. Desde este último punto, sin novedad en los frentes.

Una cosa esta muy clara, la imposición del 155 ha tenido un rechazo indiscutible. “Ahora ya sabemos lo que es el 155”, ha dicho Rajoy. Ahora debería también saber que su aplicación crea un fuerte rechazo ciudadano, y que ha llevado a su partido a la debacle. Desde luego, hay mayoría independentista en lo que se refiere a la relación parlamentaria de fuerzas, aunque no se corresponda con su real respaldo en votos populares. En todo caso, habrá que ver si se puede formar gobierno. ¿Se prestarán JxCat y ERC a jugar de nuevo al mambo de las CUP? En el bloque opuesto, Ciudadanos emerge con fuerza. Sin duda, es la manifestación ascendiente del españolismo más insolente. Pero es asimismo la reacción dialéctica a la estrategia imprudente del independentismo. Finalmente, ni Iceta ni Domènech, que quisieron colocarse en zona neutral, tienen motivos para estar satisfechos.

¿Hay salida del bloqueo? Lamentablemente, el nacionalismo convergente abandonó el proyecto de la Casa Gran del catalanismo, que renunciaba a la imposible regeneración de España y quería refundar el catalanismo sobre parámetros diferentes, sin mirar a Madrid;pero buscando la máxima cohesión interna de los catalanes en torno a la idea nacional.

De acuerdo con ese espíritu, se asumía que el futuro de Cataluña no residía en Madrid o en Bruselas, sino que dependería del acierto en la integración interna, de transformar el país hasta situarlo a la vanguardia del mundo, de convertirse en territorio globalizado y de buscar el ejercicio del derecho a decidir. Para ello, sin embargo, se debía construir una “nación plena”, con el propósito de lograr que todos o prácticamente todos los catalanes sintieran que Cataluña es una nación.

Tras estos años, lo que queda no es una nación plena. Queda una sociedad quebrada, lo que no augura nada bueno para el desarrollo próximo de la catalanidad.

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