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Republicanismo

Un PP zombie

Por Santiago Cervera - Domingo, 24 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Cría fama y échate a dormir. El halo con el que se ha querido envolver Mariano Rajoy es el de un maestro en el control de los tiempos. No es cobardón ni holgazán, dicen algunos;es hábil cuando tiene que analizar los escenarios políticos y siempre actúa en el momento preciso. Eso se pretende que creamos de él. Durante la última legislatura de Zapatero sólo tuvo que esperar a que se desbordara el desastre económico y ya con eso obtuvo suficiente empuje como para cuajar una mayoría absoluta y disponer del mayor poder político que nadie ha tenido nunca en España. En paralelo al poder institucional se conformó una organización interna de partido en la que todo se pautaba de acuerdo con lo que convenía al sostenimiento del jefe. Tanto, que ese tronco bífido, monclovita y genovés a la vez, ha sustituido a nada que semeje un proyecto político. Ministros que lo son porque Mariano cree que les debe algo, y responsables del partido dedicados a construir un muro de protección para que nada le afecte. El resultante son tantas aberraciones, las más impropias de un partido de raíz liberal, como la reiterada subida de impuestos, la falta de reformas, el intervencionismo prominente o la carencia de sentido crítico en tantos asuntos, especialmente el de la corrupción. Hablan los datos. Se pagan más impuestos que nunca, la deuda pública ni siquiera se reduce en tiempos de crecimiento económico, y ahí sigue como Tesorera del PP una señora llamada Carmen Navarro que está procesada por una causa e imputada en otra. Todo ocurre porque impera la displicencia, la característica más esencial de Mariano, esa mezcla entre desprecio y procrastinación con la que siempre se desempeña.

La cuestión de Cataluña es la más importante que tiene España en estos momentos. Al menos en su esencia política, y sin quitar importancia a los 3,7 millones de parados y a las penurias sociales que todavía se padecen. Pero el catalán es un asunto que no obedece a una coyuntura sino que se sitúa en el cimiento mismo del Estado. Un problema en el que ya podemos medir qué ha hecho quien gobierna, qué ha hecho Mariano y para qué ha servido el PP. Una vez más, todo ha sido abordado con dispersión y torpeza, sin determinación política en ningún sentido, acudiendo al último minuto de cada episodio sin ninguna respuesta resolutiva. Un problema, el catalán, que no ha surgido súbito sino que tiene un devenir de muchos años. El problema en el que hubiéramos visto si realmente quien más responsabilidad tiene como presidente del Gobierno es ese maestro en el control de los tiempos y las decisiones que se nos venía diciendo. La constatación del fraude en el personaje basta verla en el transcurso de todo lo concerniente a las pasadas elecciones catalanas. Su convocatoria, una salida propia de torero a la fuga que obligadamente tenía que aplicar el 155 pero que no quería siquiera tocar la muleta, y por eso decide poner en juego una campaña electoral para tener entretenidos a los contrarios y a ver qué pasa. Luego, una penosa ejecutoria del PP, sin un mensaje coherente entre el candidato duro y la blandura de las pretensiones que emanaban de la central, con Soraya hablando de descabezar al nacionalismo en inexplicable fallo de alguien que redacta y memoriza todo lo que dice, con una Cospedal a la que no se le ocurre mejor cosa que montar unas maniobras militares en Tarragona, y con unos actos en los que se anunciaba como principal reclamo la presencia estelar de un tal Maíllo. El resultado de tanta estulticia ha sido el ya visto: un problema no sólo no resuelto, sino exacerbado en todos sus términos, con victoria de los independentistas, eclosión de Ciudadanos y un PP del que apenas quedan trazas. Es la manera exitosa en la que Mariano avanza en la solución de los problemas, los del propio Estado y los de su propio partido. El ejemplo de que sabe controlar los tiempos y ponderar las decisiones. La imagen fiel de su coraje político.

El PP es un partido zombie, infectado de sí mismo. En las últimas generales se le concedió una prórroga a la vista de la amenaza de Podemos, pero en la medida en que declinan los de Iglesias la coacción deja de servir. Llegan tiempos dramáticos para ellos, exacerbados porque la caída de Mariano habrá de ser la de los cientos más que junto a él conforman ese magma informe que antaño era una opción política.