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Igerabide: “En la crudeza los niños reconocen sus pulsiones internas”

Los cuentos que reflejan conflictos y miserias logran conectar con los sentimientos humanos

Martes, 26 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:01h

pamplona- La envidia, el miedo, la codicia, el orgullo y la soberbia, como el amor, la alegría o la compasión, son estados y sentimientos humanos, que todos alguna vez experimentamos. Todos, adultos y también niños. ¿Por qué evitarlos entonces en los cuentos infantiles? ¿Por qué edulcorar una realidad para que termine siendo una pseudorrealidad, un decorado falso en el que no tiene cabida nuestra autenticidad?

Juan Kruz Igerabide tiene muy claro que la crudeza en los cuentos para niños no es para nada negativa, y por eso no ha querido huir de ella en la relectura que nos ofrece ahora de las cinco historias de la tradición oral que integran Cuentos del país de los vascos. “Son cuentos crudos en el sentido de que no evitan los conflictos ni las miserias humanas”, dice. “Lo que pasa es que, en primer lugar, el niño pequeño no hace una lectura social de este tipo de cuentos, no puede hacerla. Hace una lectura simbólica, en la que utiliza esos símbolos para reconocer sus pulsiones internas. Todo niño tiene pulsiones de odio y de amor tan fuertes como tenemos los mayores, aunque a veces nos cueste creerlo;incluso pueden desear en ocasiones la muerte de alguien. Si este tipo de pulsiones se ven representadas con toda su crudeza en los cuentos, los niños y las niñas las van a ir reconociendo internamente y van a ir creando sus formas de actuación en la vida real, poco a poco. Sirven para eso”, cuenta el escritor guipuzcoano.

“Mucha gente piensa que al leer este tipo de cuentos a nuestros pequeños estamos inculcando en ellos actuaciones violentas, o que podemos llegar a deprimir a un niño. No, no es así, yo esto lo tengo muy comprobado. Esa crudeza representada no produce ese efecto, produce un efecto de interiorización y de reflexión, de reconocimiento;el niño dice interiormente: yo tengo estas pulsiones dentro, a veces soy como este cazador, o cuando tengo envidia soy como este señor que roba al pájaro para quedarse con el huevo de oro. Al reconocer esas pulsiones, el niño luego puede actuar sobre ellas e ir creando poco a poco su propia ética. De lo contrario, si nos quedamos en el buenismo en los cuentos, no llegamos a conectar con esos sentimientos internos que tenemos todos los seres humanos”, concluye Igerabide. - P. Etxeberria

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