Mesa de Redacción

Mejor ahorrarse el discurso

Por Joseba Santamaria - Miércoles, 27 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

llevo tiempo pensando que los equipos que asesoran a Felipe de Borbón, y antes a su padre Juan Carlos, debían de haberles quitado de encima la obligación tonta esta de grabar un discurso en televisión para cada Nochebuena. Un cúmulo de perogrulladas que es recibido invariablemente con la consigna mediática y política casi común de que otro año más “ha estado a la altura de las circunstancias”. No sé, tiene escaso interés. No sólo porque las audiencias hayan ido cayendo en picado desde hace años. Sino porque el interés que logra, más mediático que social, acaba en un absurdo guirigay de interpretaciones sobre el contenido de sus palabras que se mueve entre el peloteo de quienes asumen sumisamente su condición de súbditos y la crítica feroz de quienes consideran la figura de un rey y el papel de la institución monárquica como insoportables herencias de un pasado medieval que no tiene cabida en una sociedad democrática de la Europa del siglo XXI. A Felipe de Borbón se le ha complicado poco a poco esto del discurso navideño. Aquel encabezamiento de en estas entrañables fechas con que Juan Carlos de Borbón comenzaba su felicitación navideña ha dado paso a discursos más políticos y eso sólo pude tener peores consecuencias aún para la imagen de la Monarquía. Al error de Felipe de Borbón sobre los hechos de Catalunya el 1-O le ha seguido el error del mensaje de Navidad. Nada que ganar y mucho que perder. Sería bueno para él que se ahorrara ese papel trasnochado de alguien que se sitúa por encima de los demás sin que nadie le haya elegido o votado al margen del dedo del dictador y genocida Franco. Ya se refiera a Catalunya, la nación española, la unidad sacrosanta, las consecuencias de la crisis, la corrupción, la pérdida de prestigio y credibilidad de las instituciones del Estado o la violencia machista no dice nada nunca que no sea lo esperado. Y también que nos ahorrara al resto esa palabrería monótona dirigida al interés de las elites políticas y económicas que pululan genuflexos por la Corte, pero alejada de la realidad de la mayoría de los ciudadanos.