Espectáculo natural del remonte de los salmones

Por Julen Rekondo - Jueves, 28 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Se inició el pasado noviembre el espectáculo natural que supone el remonte del salmón atlántico (Salmo salar). Estos nadan desde el Atlántico y a contracorriente por unos 25 ríos del norte peninsular, que son los que tienen salmones -desde el Miño hasta el Bidasoa-, éste último el río salmonero por excelencia en Navarra.

En esas cuencas fluviales todavía se pueden observar a los salmones remontando, con sus potentes coletazos, cascadas de considerable altura. Estos peces, que han pasado dos o tres años en el mar, buscan los lugares donde nacieron, es decir, aquellos en los que las aguas son frías, libres, raudas y transparentes. ¡Buenos lugares para amar y nacer! Las poblaciones de salmón atlántico (Salmo salar) han sufrido a lo largo de todo su rango de distribución a nivel mundial una reducción del 50% en los stocks salvajes durante los últimos veinticinco años. Según los datos de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), de los más de 2.600 ríos con presencia conocida de la especie, esta se ha extinguido como reproductora en más de la mitad de los cauces. La situación en la península Ibérica no es menos dramática, ya que de los 43 ríos salmoneros de los que se tenía constancia a principios del siglo XX se ha extinguido en 24.

En el caso del País Vasco y de Navarra, los ríos salmoneros históricos llegaron a ser cerca de una decena -Nervión, Oka, Lea, Deba, Urola, Oiartzun, Oria, Urumea y Bidasoa-, y hoy en día se han reducido a cuatro, de los cuales sólo el río Bidasoa está considerado en la actualidad como no vulnerable, y el único donde se puede pescar.

En el caso del río Bidasoa ha contribuido de forma importante la implantación de un temprano programa de recuperación, que consiguió invertir el descenso de población que estaba en vías de extinción. Este se inició en 1988, que mejoró notablemente las existencias, y de esta manera los salmones regresaron en el año 1992.

El llamado rey del río es un termómetro de la calidad de los ríos. Su presencia, y una población estable, indican que la zona “es de gran calidad, tanto la calidad del agua como el hábitat”. Por otra parte, la existencia de este salmónido también indica la franqueabilidad del río, es decir, si existen obstáculos para su migración.

Después de recorrer miles de kilómetros y pasar en el mar dos o tres años, al sur de Groenlandia, en las islas Feroes, en las inmediaciones de la península del Labrador o frente a las costas de Noruega, regresan a casa. El instinto reproductor del salmón, la supervivencia de la especie, les impulsa a llevar a cabo grandes migraciones hasta las desembocaduras de los ríos donde nacieron.

Como cada otoño, y que se prolonga con el frío de los primeros días de invierno, los salmones remontan el Bidasoa en busca de aguas óptimas en la cabecera del río para poder desovar, haciéndolo en algunos casos en el mismo lugar donde nacieron. Anualmente se producen dos picos de entrada de salmones en el río Bidasoa, en primavera y en otoño y primeros días del invierno, y si el verano es lluvioso también se registran entradas, aunque de manera más discreta. El mayor número de ejemplares se concentra en otoño, y el remonte está muy condicionado con los picos de riada, ya que después de una punta de caudal suelen producirse buenas entradas de salmones.

Es entonces cuando se llevan a cabo los censos en la Nasa de Bera, situada junto a un salto de agua, un enclave adecuado para poder realizar el conteo. Cada día, los guardas de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra izan la jaula y, antes de soltarlos en la parte alta de la presa, realizan un exhaustivo control de todos ellos. Tras adormecerlos en unos tanques de agua, se pesan, se miden, se comprueba el sexo y se anota si están marcados o son salvajes. Así fue como el pasado 11 de noviembre, tal como publicó Noticias de Navarra, se encontraron con una hembra de 9 kilos y un metro de longitud, que podía llevar en su interior hasta 18.000 huevos. Se trata del ejemplar vivo más grande que se ha localizado en más de una década en dicho lugar. El peso medio de los salmones pescados en los últimos años oscila entre un máximo de 5 kg. y un mínimo de 3, siendo de 3,135 en la temporada de 2016.

Tras recoger sus datos, la hembra de salmón fue trasladada a la piscifactoría de Oronoz-Mugairi, en Navarra, para poder ser utilizada como reproductora, ya que de esa manera tendrá más posibilidades de que sus descendientes lleguen hasta la fase de alevín en mayor porcentaje, contribuyendo de forma significativa a la recuperación del salmón del Bidasoa. Esperemos, por el bien de la naturaleza y la biodiversidad, que podamos seguir viendo ese fenómeno natural indescriptible que es el remonte de los salmones.


El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente