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Convenio Económico, otra vez a tragarse las palabras

Por Joseba Santamaria - Viernes, 29 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Además de todos los aspectos positivos en lo político, en lo económico y en lo financiero que trae consigo la renovación del Convenio Económico, la firma del acuerdo pone en evidencia las duras críticas y descalificaciones que Esparza dedicó al consejero Mikel Aranburu cuando el Gobierno de Barkos decidió ahora hace un año, a partir de los informes de los propios técnicos de la Hacienda Foral, descontar de la aportación al Estado los más de 100 millones que según sus cálculos estaba pagando de más Navarra. Aquel gesto de firmeza en la defensa del autogobierno foral le pareció muy mal a Esparza, negó que los datos fueran tal y como se explicaban y lo achacó a un nuevo gesto de provocación y de deslealtad del Gobierno de Barkos con el Estado. Y también deja en mal lugar a Chivite, que se sumó una vez más aunque en un tono menor a las críticas que lanzó Esparza, y a Beltrán que, como siempre, tiró por elevación para dar la nota. La hemeroteca les deja con su mal hacer político para Navarra al aire. Más aún cuando, sobre todo Esparza, trató de entorpecer y dificultar la posición de Navarra en unas negociaciones claves con el Estado. Ahora unos y otros se apuntan al jolgorio de la celebración, pero sus palabras y acusaciones están ahí para la posteridad. Lo cierto es que un año después, el contenido de la renovación del Convenio Económico ha ratificado los argumentos que expusieron Aranburu y los técnicos de Hacienda, que, por cierto, ya durante el Gobierno de Barcina del que Esparza formaba parte, advirtieron de que con ese sistema de cálculo de la aportación anual al Estado, Navarra estaba pagando de más. A partir de ahora, Navarra pagará un 23% menos de lo que pagó con UPN tras una mala negociación que perjudicó los intereses de Navarra, bien por dejación política, bien por incapacidad de gestión, bien por sumisión al PP en Madrid. Se fija la aportación anual al Estado en 480 millones, casi 100 millones menos, y el Estado devolverá 215 millones por lo abonado de más en 2015 y 2016. En sus falsas críticas al Gobierno de Barkos durante las negociaciones con el Estado -un hecho inédito en la política navarra, que siempre ha entendido el Convenio Económico como un asunto, el único posiblemente, al margen de las pugnas partidistas habituales en Navarra-, Esparza obvió que fue su propio Gobierno de Barcina el que dejó sin pactar la renovación con sus socios del PP y que fue el plante político de hace un año el gesto de fuerza institucional que reactivó la comisión Navarra-Estado que el Gobierno de Rajoy mantenía paralizada de forma interesada. El Gobierno central sabía que le convenía no pactar un nuevo cálculo del Convenio con Navarra porque el resultado final entonces le era claramente favorable. Fueron la presión política del Gobierno de Navarra -también, hay que decirlo porque cualquiera en Madrid sabe que fue así, el apoyo discreto del PNV durante sus negociaciones con el PP para apoyar los Presupuestos de Rajoy a las reivindicaciones de Navarra-, el excelente trabajo de los funcionarios de Hacienda y la cohesión de los cuatro partidos del cambio con la estrategia de negociación las claves que desactivaron el bloqueo a la renovación del Convenio Económico. Los hechos objetivos han vuelto a desmentir a Esparza y a quienes le siguieron inconscientemente en su discurso político del cuanto peor, mejor. Debería pedir disculpas, pero eso sí ya otro día. Esa diferencia entre la realidad de Navarra y lo que Esparza dice ya es sólo su problema, no de la sociedad navarra. Otra vez a tragarse sus palabras. Quizá por evitarse ese trago, el silencio clamoroso de Ciudadanos en Navarra.

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